‘Nosotros’: cuando el amor se sostiene sobre una piedra
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Emma Vizán
Al igual que en Te querré siempre (1954), donde Rossellini transformaba el viaje por Italia de Ingrid Bergman y George Sanders en una metáfora sobre la distancia emocional y las fisuras que desgastan una relación, Helena Taberna, en Nosotros, plantea también un recorrido a través de sus personajes que acaba revelando la tensión latente y las profundidades en las que puede hundirse una pareja aparentemente normal y feliz.
Nosotros, dirigida por la navarra Helena Taberna (La buena nueva, Acantilado) y presentada en la sección Made in Spain del Festival de San Sebastián, no oculta en ningún momento su admiración por el célebre filme de Rossellini. Lo evoca tanto en imágenes como en algunos recursos narrativos, hasta dar forma a una historia dolorosa que retrata a unos personajes que, aunque partieron de una misma ilusión, el destino acaba llevando por caminos vitales completamente distintos.
Si existe un culpable, sería una sociedad empeñada en promover ideales de amores imposibles
La película narra la historia de Ángela y Antonio, una pareja común con una hija, atrapada en la rutina y la crisis conyugal. Interpretados por unos convincentes Pablo Molinero y María Vázquez, los vemos transitar una trama construida a base de pequeños fracasos y decepciones propias de la vida en pareja. Como ese sofá compartido al que se le rompe una pata y que solo se sostiene gracias a una piedra: un equilibrio precario y pasajero, metáfora perfecta de su relación.
Moviéndose entre el pasado y el presente, la cinta va desvelando una tensión emocional en la que constatamos que ninguno de los dos es culpable de nada; si existe un culpable, sería una sociedad empeñada en promover ideales de amores imposibles. Por el camino quedarán numerosas frustraciones y reconciliaciones deseadas pero inalcanzables. En definitiva, se muestra el amor como algo imposible de sostener, algo que también repercute en el resto de personajes: Isabel Ordaz, como la madre de Ángela, una artista desencantada que ya no cree en nada; o Jorge Usón, dando vida a un padre gay divorciado que lucha por mantener cierto equilibrio vital.
Nosotros funciona mejor en sus silencios y en sus renuncias que cuando Taberna fuerza el acento en la soledad y la desorientación de los protagonistas. El resultado deja un poso de angustia vital, pero también la sensación de una propuesta incompleta, ya que podría haber profundizado más en la relación y en el abismo emocional en el que se encuentran sus personajes. Algo que, finalmente, no sucede del todo. Aun así, el viaje que propone es lo suficientemente interesante como para que la película funcione.