lunes. 04.03.2024

Miguel Ángel Leija | @CinemaCuarenten

Tras arrasar con los premios mayores del Festival Internacional de Cine de Morelia y ser elegida por la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas para representar a México en los Óscares del año entrante, Lila Avilés nos presenta Tótem, una de las películas más cautivadoras de los últimos años.

Nos encontramos con Lucía y Sol, madre e hija conduciendo un auto camino a la casa de Tona, el padre de la niña, a quien le celebraran una fiesta de cumpleaños esa misma noche. Llegando a un puente, ambas juegan a que tienen que contener la respiración mientras dure la oscuridad para poder pedir un deseo al final de esta. Interrumpidas por la risa, ambas sueltan el aire y en un momento lleno de amor y ternura, Sol nos comparte su deseo: que su papá no se muera.

Si hay una palabra que describa la trama es “melancólica”: tristeza y felicidad

Así, acompañamos a Sol durante un día en la casa de la familia de su papá en lo que Lucía va al trabajo: nos metemos de lleno en las cuatro paredes del hogar para conocer a sus abuelos, sus tíos o sus primos mientras cocinan la cena, limpian hasta el cansancio o hasta exorcizan la casa para que todo esté listo para la celebración.

Al igual que en La Ciénega, la obra maestra de Lucrecia Martell, convivimos tan de cerca con los personajes que podemos ver cómo llevan un duelo adelantado, porque si hay una palabra que describa la trama es “melancólica”: tristeza y felicidad abrazadas y agarradas del cuello al mismo tiempo para hacernos ver lo que significa para todos la inevitable partida de Tona, mientras tienen que poner buena cara.

La cámara es el gran acierto de la película, ya que no solo la relación de aspecto es la indicada —asfixiante y cercana—, sino que el movimiento de la misma nos hace sentir como si fuésemos un miembro más de la familia. Además, tal y como sucede en The Zone of Interest de Jonathan Glazer, existe este doble juego entre lo que vemos en pantalla y lo que no, pero que está ahí, se siente y se respira. Es gracias a esto que recordamos con cariño la mayor parte de las escenas, aunque es necesario mencionar que algunas otras tuvieron el potencial de ser algo más que simples anécdotas, como la escena del baile.

Tótem es una obra cinematográfica de altísimo nivel que cautivará a todo aquel que la vea

Las actuaciones son otro punto a destacar, ya que aunque se toque de manera superficial lo que pasa dentro de la cabeza de cada personaje, estos funcionan porque tienen una personalidad propia muy bien definida, haciendo que les agarremos cariño y los sintamos parte de nuestra familia. Mención aparte a Naíma Sentíes, la pequeña actriz que da vida a Sol, quien hace un trabajo digno de todos los aplausos del mundo.

En resumen, Tótem es una obra cinematográfica de altísimo nivel que cautivará a todo aquel que la vea ya que cumple con la difícil tarea de hacernos no solo reflexionar sino también vivir lo que es una pérdida tan importante como la muerte de un padre. La vida no siempre nos da lo que merecemos, pero cuando películas como esta nos acompañan de la mano en el camino, esta se hace un poquito más llevadera.

Crítica de “Tótem”