domingo. 21.04.2024

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Aleix Sales | @Aleix_Sales

Como se puede comprobar periódicamente en las carteleras, Francia es una de las máximas productoras de feel-good movies del mundo ambientadas en espacios bucólicos, prácticamente siendo un subgénero en ella misma. Eric Besnard, director de la que nos ocupa, empezó en el género del thriller y películas de robos y atracos, para pasarse ya en la década de los 2010s a estas comedias rurales donde florecen estas “cosas simples” o “placeres de la vida”, con títulos como Pastel de pera con lavanda (2015) o Delicioso (2021), con la que hacia una incursión en el cine de época. En esta ocasión Besnard, también responsable del libreto, no se rompe la cabeza y se sirve del argumento del directivo/ejecutivo de edad madura estresado y capitalista que, durante una fortuita estancia en la plena naturaleza del monte, descubrirá qué es lo que verdaderamente quiere.

Besnard prefiere legítimamente satisfacer a su público objetivo de edad madura y no desviarse de pe a pa de su camino, con una película correcta, algo carente de chispa

Tan clara y cristalina como su propio título, el film no se aparta del cliché que supone la dupla hombre de ciudad moderno junto al hombre rústico de pocas palabras, a los que dan vida respectivamente Lambert Wilson y Grégory Gadebois, cuya química supone la gran baza del título. Aún moverse en terrenos muy conocidos, por lo menos el arco de toda la película no se centra en la adaptación a regañadientes del personaje de Wilson en el nuevo entorno, sino en la manera de poder alargar su estadía porque descubre que es lo que necesita en ese momento. Dentro de toda la convencionalidad que es, Las cosas simples todavía es capaz de brindar algún que otro momento inspirado, en buena parte potenciado gracias a Wilson-Gadebois, pero también es de lamentar las posibilidades que se podrían desprender de ella, como podría es una apuesta más a fondo por el bromance o, más frontalmente, que alguno de los personajes sea gay. Esto permitiría enfocar el cliché desde un punto de vista más inédito, en una trama en la que hay cantidad de momentos para desarrollarlo.

En lugar arriesgar, Besnard prefiere legítimamente satisfacer a su público objetivo de edad madura y no desviarse de pe a pa de su camino, con una película correcta, algo carente de chispa, de fácil consumo y digestión rápida. En definitiva, simple y efectiva en sus modestas pretensiones de engrosar la lista de películas del subgénero y llevar de nuevo a todo aquel espectador que necesite a un lugar feliz durante 90 minutos con un mínimo de garantías.

'Las cosas simples': un título que no engaña