martes. 27.02.2024

Jaime Polo Mínguez | @lovacaine

El cortometraje "El Establo", dirigido por Elisa Puerto Aubel, se erige como una brillante amalgama de géneros y temas contemporáneos que, sin lugar a dudas, dará que hablar en el mundillo cinematográfico. Esta pieza, que ha sido seleccionada para el Copenhagen Short Film Festival en Dinamarca, no sólo nos transporta a las vastas tierras del lejano oeste, sino que también nos sumerge en un inquietante futuro digital, donde el cambio climático y la corrupción política han llegado a extremos desgarradores.

"El Establo" se erige como una brillante amalgama de géneros y temas contemporáneos que dará que hablar en el mundillo cinematográfico

Desde los primeros minutos, "El Establo" nos envuelve en una atmósfera típicamente western, con su ambientación desértica y personajes toscos. Sin embargo, a medida que se desarrolla la trama, Elisa rompe con las convenciones del género. A diferencia de los clásicos westerns que se caracterizan por planos amplios y escenas prolongadas, esta película opta por un estilo frenético y lleno de cortes, manteniendo a los espectadores en vilo durante toda su duración. Este ritmo vertiginoso nos advierte desde el principio que algo está fuera de lugar en este mundo. Desde las propias convenciones de los géneros y sus ejecuciones visuales se acomoda un corto que soluciona, con gran coherencia, su historia.

La narrativa se despliega con estilo, revelando capas de intriga mientras sigue a los protagonistas en su lucha por la supervivencia en un entorno hostil. A medida que los eventos se desarrollan, se exploran temas profundos como la avaricia, el poder y la desesperación humana frente a la devastación ecológica. Puerto Aubel nos confronta con la cruda realidad de un futuro distópico, donde la vida humana ha perdido su valor en la búsqueda insaciable de entretenimiento. 

La película cuestiona nuestra moralidad colectiva y nos hace confrontar la oscura verdad de nuestra sociedad

La genialidad de "El Establo" radica en su sorprendente giro final, que nos recuerda a obras como "Los Juegos del Hambre", "Nerve" y episodios de "Black Mirror". Al revelar que toda la tragedia era, de hecho, parte de un reality show sádico, Elisa nos fuerza a reflexionar sobre nuestra obsesión moderna con el morbo y la violencia. La película cuestiona nuestra moralidad colectiva y nos hace confrontar la oscura verdad de nuestra sociedad, donde la sangre y el sufrimiento se han convertido en entretenimiento para las masas. 

Seguiré atentamente el trayecto del cortometraje por los festivales y el de la directora en futuros proyectos de los que forme parte. 

El Establo: Un western con sabor digital