jueves. 04.06.2026
CINE

'Cónclave': un desenlace más mágico que místico

La película que nos ocupa, "Cónclave", -madre mía que de circunloquios hasta llegar a ella- es una representación magistral de esa sordidez conspirativa que envuelve y preside los cónclaves papales. 

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En esta no me dormí porque me costó bastante más de 2 euros.

Sabido es que cuando Constantino dejó de perseguir y asesinar cristianos y entronizó la Iglesia como poder y religión de Estado, empezó la lenta e inexorable extinción del cristianismo. De puente entre los hombres y Cristo, la Iglesia pasó, con meteórica capacidad de adaptación, a ser un aparato de poder, hacia dentro y hacia fuera, con servil ternura o en brutal competencia con los poderes terrenales más abyectos o tanto como ella.

Y van XVI siglos... Cierto es que los poderes reales terrenales desde hace ya tiempo no se manejan igual que en el declive de Roma, la Edad Media, el Renacimiento o la era industrial. Por supuesto, esos poderes reales de hoy no caben ya en los confesionarios, las sacristías, las bibliotecas monacales o el diminuto territorio vaticano. Pero la naturaleza de éstos en relación a la especie humana no ha cambiado sustancialmente. Han tenido que ceder en el transcurso del tiempo y en algunas latitudes, pocas, al empuje de esa especie por su supervivencia y dignidad.

El desenlace es la rehostia. Sería indecente por mi parte desvelarlo. Vayan. Si son viejos y es martes les cuesta apenas 2 euros. Vale la pena

Así mismo, la Iglesia -católica sin duda, cristiana a duras penas- no ha cambiado tampoco apenas su y en relación con dichos poderes, que persisten en el empeño sempiterno, apalancados ahora en tecnologías deslumbrantes, de sepultarnos bajo toneladas de espejitos de colores con los que ahogar cuánto hay de humano en esta especie si puede expresarlo con las dosis básicas de libertad, creatividad y dignidad de su trabajo y su vida.

El correlato de la Iglesia con los poderes terrenales, incluidos los peores, es que ésta ha producido casos, juicios, escándalos, suicidios o magnicidios, por su implicación en sectores cuya rentabilidad material va pareja a su inmoralidad o su ilegalidad, o se da de hostias, nunca mejor dicho, con el dogma católico en materia de anticoncepción, pues sabido es que inversiones de origen vaticano, tras navegar por oscuros circuitos financieros, acaban produciendo toneladas de condones, extrafinos, eso sí,

Sin darse uno cuenta se halla pringado en esa penumbra, en tanta miseria, en tan poca caridad y menos humanidad, del colegio cardenalicio en busca del humo blanco y del "tenemos Papa"

Cierto que, a lo largo de esta Historia atormentada y antitética con la propuesta y el testimonio de Cristo, en el seno de la Iglesia, o más bien en su periferia, han brotado personajes de alto voltaje moral y humano: Agustín, Francisco, Teresa, Juan, Bergoglio... Pero me temo que, más que factores de esperanza, son excepcionales confirmadores de la triste y mediocre regla. Cuanto me gustaría equivocarme, mas témome yo que el Cañizares o el Rouco me lo impidan.

Precisamente, por ser la Iglesia un aparato de poder en toda la peor extensión de la palabra, sus cónclaves, o sea, el cabildeo secreto para elegir al número uno, al Papa, con potestad infalible sobre las cuentas internas y las almas externas, son ejercicios sórdidos y conspirativos de la peor ralea. Habría que remitirse a algún partido o a algún club de fútbol o a algún banco, para hallar similitudes.

La película que nos ocupa, "Cónclave", -madre mía que de circunloquios hasta llegar a ella- es una representación magistral de esa sordidez conspirativa que envuelve y preside los cónclaves papales. Cine del bueno. Sin darse uno cuenta se halla pringado en esa penumbra, en tanta miseria, en tan poca caridad y menos humanidad, del colegio cardenalicio en busca del humo blanco y del "tenemos Papa". Como será la cosa que el actor que llegamos a odiar en el papel de jefe del campo nazi en "La lista de Schlinder", nos resulta dulce y humano en su papel de responsable de la buena marcha del cónclave.

El desenlace es la rehostia. Sería indecente por mi parte desvelarlo. Vayan. Si son viejos y es martes les cuesta apenas 2 euros. Vale la pena. Los guionistas rizan el rizo un montón de veces para culminar el sórdido cónclave dejando entreabierta una - ¿imposible?- rendija a la esperanza.

'Cónclave': un desenlace más mágico que místico