jueves. 04.06.2026
CINE ANIMACIÓN

‘Hoppers’: aventura verde en la senda de Disney

La primera aportación en largometraje de Daniel Chong al estudio es un alegato ecologista sobre Mabel, una joven activista que quiere proteger un paraje natural.

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Aleix Sales | @Aleix_Sales

Desde que la empresa del flexo fuera adquirida por el gigante del ratón, en el catálogo de Pixar hemos ido encontrando, siempre con un punto distintivo ya sea a partir del universo creado o el diseño de animación, algunos títulos que se acercaban más a la simpleza narrativa de Disney que a las diferentes lecturas que entrañaban las primeras obras del estudio. Hoppers, en este caso, se alinea más con esta vertiente ligera más Disney, amparada por la peripecia, que a ese Pixar más adulto.

La primera aportación en largometraje de Daniel Chong al estudio es un alegato ecologista sobre Mabel, una joven activista que quiere proteger un paraje natural, preservado anteriormente por su abuela, de un alcalde popular que tiene en mente construir una circunvalación. La vuelta de tuerca está en la infiltración de Mabel en el reino animal de los alrededores mediante un sistema de traslación del cerebro humano al cuerpo de un animal-robot, que son los que dan título a la película. Pixar, que ya había jugado con el intercambio o asunción de cuerpos en Brave (Mark Andrews, Brenda Chapman, Steve Purcell, 2012) o Red (Domee Shi, 2022) -en estos casos basados en la magia o las creencias-, hace lo propio desde una óptica científica filmando una versión de estar por casa de Avatar (James Cameron, 2009), de la que hacen mención explícita en uno de sus diálogos, donde afirman que no es exactamente lo mismo. Una aportación propia a la mutación e implantación en cuerpos nuevos a una escala más reducida y colorista. Partiendo de un inicio rutinario, la película empieza a echar el vuelo en la presentación de la tecnología de los Hoppers, para luego devenir una aventura básica, pero aderezada con más de un personaje bien hallado como el Rey George o Tom Lizard, desarrollada con un ritmo juvenil adecuado, dejando golpes de humor marca de la casa que funcionan mientras late su corazoncito, esta vez de un modo algo más formulaico.

En el aspecto técnico, la película por momentos presenta algunos diseños de personajes más vagos o planos que de costumbre, así como a la hora de texturizarlos, pero es compensado con el excelente trabajo de los espacios naturales. Asimismo, narrativamente presenta imaginativos hallazgos como es la dualidad en el diseño de las caras de los animales y el idioma, dependiendo de si son percibidos por los humanos o por otras bestias, dando lugar a una de las animaciones más exageradas e histriónicas de su corpus fílmico que, en este caso, va a tono con el contenido.

La sencillez por la que apuesta Hoppers luce más gracias a los toques ingeniosos y el empaque con la que visten el hueso, deviniendo un film familiar -con más énfasis en los niños-, suficientemente gracioso, correcto y con unos estándares por encima de la medianía que pueblan las pantallas. No obstante, el recuerdo de aquel espíritu más maduro y complejo del estudio se echa bastante en falta, y más viendo la de posibilidades en los que podía recurrir a él a lo largo del metraje. Un divertimento disfrutable, loable por tratarse de una historia original e importante en su mensaje sostenible y solidario, pero trivial para los niveles a los que nos acostumbró Pixar.

‘Hoppers’: aventura verde en la senda de Disney