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Entrevista de Aleix Sales | @Aleix_Sales
Aleix Sales | ¿Cómo llegaste al proyecto de La sonrisa del Mal?
Paolo Pierobon | El director, Paolo Stripoli, me llamó directamente. No hubo prueba, no hubo audición. Para un actor es lo mejor que puede pasar. La pregunta fue, ¿cómo me voy a lanzar al proyecto?
¿Qué es lo que te convenció para entrar al proyecto?
Una cosa que se hace muy poco en Italia es el cine de género. Y yo hace años que tengo ganas de hacerlo. Tengo en mente, también en Italia, el cine policial de los años 70: Umberto Lenzi, Ferdinando Di Leo, Lucio Fulci... No solo el gran nombre de Dario Argento, también Pupio Avati hizo mucho terror. Paolo está siguiendo un trayecto bastante único y con mucho placer le he acompañado.
Es una propuesta más filosófica, un poco como las novelas ejemplares medievales, las cuales te enseñan a aceptar el dolor. Si no aceptas el dolor, no vas a ningún lado, porque te anestesia
No es una película que se haga habitualmente en el cine italiano, porque se trataría de un título de terror psicológico, pero más ligado al terror elevado.
Más que un horror de autor, el género se usa como pretexto para contar la soledad, la diversidad. Hay gente que ha hablado de folk horror o Ari Aster, pero yo pienso que es un discurso muy original sobre el campo italiano y de la dificultad de acoger a las personas diferentes. También, en términos cinematográficos, de acoger a la diversidad, porque parece que o eres autor, o no eres nada.
La película no resulta terror banal, introduce muchos temas. Además del carácter de la zona, se pone sobre la mesa la masculinidad tóxica.
También la manipulación a través de la religión o la figura paterna. Hay un gran arco dramático en los personajes, porque al principio parece que yo soy el más malo de todos. Pero después descubres en la película que no hay esa distinción banal entre bien y mal. Hay un toque de ambigüedad que hace que sea interesante.
A nivel interpretativo, es un cambio importante para ti, porque tú venías de hacer drama histórico: La gran ambición (Andrea Segre, 2024), El rapto (Marco Bellocchio, 2023) ... ¿Cómo ha sido interpretativamente abordarlo?
El rapto es casi una película de terror. O también en La vita accanto (Marco Tulio Giordano, 2024), con guion de Marco Bellocchio, también juega con el terror en el seno de una familia. Parece que me estoy especializando en terror (ríe). Pero estoy viendo una tendencia de que el terror de que el género no tiene este elemento tan fantástico, también en el teatro. El tema de descubrir el texto, la trama... Y cómo la vanguardia del momento lo ha hecho explotar. Hay un regreso a la trama, que hace preguntarse al público: “¿y ahora qué?”. Más que poner a un autor en el centro que siempre se mira el ombligo.
¿Qué es lo que más te costó de rodar? ¿Cuál fue el reto de la película?
Mi escena final. Toda esta secuencia se repite muchas veces. Empezaba a hacer mucho frío, el pavimento estaba húmedo... Fue un acto de resistencia.
Se trata de una escena muy coreografiada.
Tiene esa continua nutrición entre realismo y abstracción. De una manera muy extraña, se equilibran y hacen que la película sea diferente.
Has trabajado muchas con el protagonista, Michele Riondino. ¿Cómo ha sido reencontrarse?
Con el hice su ópera prima, Palazzina Laf (2023), que me llamó para hacer unas pocas escenas, interpretando a un jefe del norte que llega a una fábrica para dirigirla. También hice con él I nostri fantasmi, de Alessandro Capitani. He trabajado con él 3 veces.
Pero esta vez ha sido distinto.
Sí, porque ha sido un trabajo más continuo.
¿Qué crees que puede aportar la película a los espectadores?
Creo que hay muchas lecturas por este film. Te respondo con lo que me aporta a mí, que creo que puede extrapolarse a muchos espectadores. Es una propuesta más filosófica, un poco como las novelas ejemplares medievales, las cuales te enseñan a aceptar el dolor. Si no aceptas el dolor, no vas a ningún lado, porque te anestesia. Respecto al trauma que el pueblo ha vivido, lo niega, lo remueve, lo acaba matando. Es la imposibilidad de seguir adelante en la vida si no tienes en cuenta el dolor, si no sabemos tratarlo. Un dolor de cualquier tipo: personal, social, público... Si no lo conoces, no podrás confrontarlo.
¿Qué es lo que vendrá a partir de ahora?
Otro padre problemático, con un hijo autista de muy bajo nivel, que no habla. Es incapaz de hacer nada, basado en una novela de Daniele Mencarelli, que tiene este problema también en su vida real. Acabamos el rodaje hace unos días. Tal vez, pueda volver el año que viene con ella por aquí, estaría muy feliz.
Y con Andrea Segre, que es uno de tus directores fetiches, ¿tienes alguna cosa?
Andrea Segre fue el primero en darme mi primer protagonista, porque yo soy un actor de teatro. Fue en El orden de las cosas (2017), en la que hacía de policía que era enviado a Libia para tratar sobre un tema de inmigración. Luego, con Andrea, hice Welcome Venice (2021), fantástica, donde interpretaba a un pescador de cangrejos en la isla de Giudecca. Andrea cogió el COVID mientras la rodábamos. Él estaba en un apartamento de la isla, dirigiendo en remoto, y nosotros en la barca pescando. Está en RaiPlay.
Andrea Segre también te ha traído a Giulio Andreotti en La gran ambición (2024).
¡Tuve dolor de orejas durante dos semanas! (ríe) Porque yo llevaba una prótesis pegada a mis orejas para parecerme a él. Pero fue un regalo. Con Andrea, más que colaboradores, somo amigos. Él me obligó a imitar a Andreotti por teléfono, porque es una figura que se ha hinchado muchísimo, tiene muchos clichés. Y esto para un actor es un regalo porque tienes muchos donde explorar. Como tenía muchas deudas con Andrea, él me amenazó si no lo hacía. Y se lo hice. (ríe)



