miércoles. 22.05.2024
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Elena Mauleén en un fotograma de 'La quietud en la tormenta'

Elena del Olmo Andrade

El pasado martes 9 de mayo, tres días antes del estreno de La quietud en la tormenta, tuve la oportunidad de entrevistar a la actriz Loreto Mauleón. Con proyectos como El secreto de Puente Viejo, Patria y la adaptación cinematográfica de Los renglones torcidos de Dios, Mauleón interpreta su primer papel protagonista en el largometraje de Alberto Gastesi. En la librería especializada Ocho y Medio, en pleno centro de Madrid, me senté unos minutos con la actriz y escuché sus impresiones sobre el rodaje de la cinta, las inquietudes de su personaje y su visión de la industria cinematográfica.

Elena del Olmo | ¿Cuál fue tu primera impresión de la película? Ya sea a la hora de leer el guion o hablando con el director por primera vez.

Loreto Mauleón | Lo primero fue una llamada de Alberto y no sabía lo que me iba a mandar pero sabía que lo quería hacer porque lo conozco de hace mucho tiempo y sé cómo piensa, lo que quiere decir, las cosas que le gusta contar y a mí también me gustan mucho las películas así. Además, creo que hay una necesidad últimamente de bajar un poco a la tierra, de no correr, de escuchar un poco. La vida nos arrastra a ir corriendo y todos tenemos una necesidad tremenda de frenar, entonces esto te hace bajar, y sabía que de alguna manera iba a contar algo como la vida misma. Y al leer el guion ya dije: vale ok, era esto.

Del papel de Lara específicamente, ¿qué te atrapó?

Sabía que iba a ser una película hecha con mucho amor y mucho cariño

Había algo de similitud conmigo que me interesaba mucho en el sentido no de lo que cuenta pero yo con veinte años también vivía en Donosti, estudiaba allí y me movía por esos lugares por los que se mueve ella. Son lugares comunes para los tres y luego me vine a Madrid y llevo aquí unos cuantos años pero cuando he vuelto, cuando voy volviendo es como que siento que veo la ciudad con otros ojos pero porque yo estoy diferente, claro. Esto me atraía mucho, cómo Lara vuelve a casa y cómo ve todo en las calles, todos los lugares, los recuerdos que le trae. No sé, me atraía mucho esta parte. Sabía que iba a ser una película hecha con mucho amor y mucho cariño. Es una película muy familiar, somos todos amigos y de hecho se notó mucho al hacer la película porque es una película que hemos rodado en tres semanas, es muy poco tiempo para hacer una película y eso sí no es que hay un equipo muy fuerte y muy que va remando hacia el mismo lugar eso no sale.

La producción fue muy rápida, como has dicho.

Sí, rodamos en junio y presentamos en el Zinemaldia de ese mismo año. Llegó un punto en el que el montaje de la película era simultáneo al rodaje.

¿Cómo has vivido esta experiencia? Tan emocionante como exigente a la hora de trabajar y mantenerte centrada en tu papel.

No sé si es porque llevábamos mucho tiempo hablando de ello o porque conocíamos ya mucho a los personajes porque aunque hubiese un cambio de texto sabías hacia donde ibas. A pesar de ir rápido yo no siento que fuese un rodaje rápido, o sea sí siento que fue un rodaje rápido pero lo disfruté igualmente. Hay veces que con las prisas es imposible disfrutar el rodaje pero en esta sí.

¿Crees que tu experiencia en seriales, de algún modo, te ayudó a la hora de adaptarte al ritmo de trabajo?

Yo siempre creo que sí, toda la experiencia sirve a la hora de rodar, con la rapidez, pero es verdad que no tiene nada que ver rodar una serie diaria, por ejemplo, a rodar esto. Pero sí, siempre, todo viene bien.

Me llamó mucho la atención la estética de la película: el blanco y negro, los claroscuros, el formato, la geometría… ¿Desde el principio sabías estas decisiones? ¿Cambió tu visión de la película?

Esta historia contada de una forma más convencional no sería lo mismo

Sí, sabía que Alberto quería contarlo así. La imagen que él tenía era el piso en blanco y negro entonces en ningún momento nos lo hemos imaginado de otra manera. Por ejemplo, cuando estábamos mirando el vestuario todo era cómo va a quedar en blanco y negro, cambia muchísimo. Entonces ya había algo tan integrado de que iba a ser en blanco y negro, y le sienta tan bien a la ciudad, que no me la puedo imaginar de otra manera. Esta historia contada de una forma más convencional no sería lo mismo.

Viéndola he pensado en infinidad de películas que tocan los mismos temas. A la hora de construir a Lara ¿Tenías algún referente o algo que te inspirase?

No, no tenía nada concreto. Sí que hablábamos de pelis o hablábamos de ideas pero no tenía nada específico. Lo entiendo muy desde mí, desde mí pero muy diferente a su vez. Me dejaba llevar, confiaba en Alberto e igual eso hizo también que disfrutara mucho. También hay un intento de veracidad que se logra a partir de esto.

Hay una escena en concreto que me llamó la atención. Durante la cena de amigos, los hombres están hablando durante varios minutos sin preguntar nada a sus parejas ni incluirlas de forma directa en la conversación hasta que finalmente ellas tienen que generar una conversación paralela. ¿Crees que Lara se caracteriza también por lo que no dice?

No sé si es que ha sido casualidad o que también hay una parte que a mí me gusta, me interesa mucho eso ¿No? Ver que tiene el personaje más allá de lo que dice sí, entonces bueno me gusta que lo hayas visto. Por otro lado, hay dos escenas muy potentes, muy largas, y que se sostengan siendo tan largas… Ahí el guion es fundamental, lo que quieres contar y cómo yo creo que no hay, como quien dice, palabrería o sea no hay de más, y eso es lo que hace que necesites tus silencios, tus tiempos y tus miradas y que el texto sea el que es y ya.

¿Cómo viviste el rodaje con el director? ¿Hubo cabida para aportaciones o improvisación en determinadas escenas?

Sí, Alberto tiene mucha flexibilidad y a la vez sabe muy bien lo que quiere contar y cómo entonces había un diálogo entre actores y director muy cómodo, un diálogo muy cómodo porque también nos conocemos mucho y nos respetamos mucho a la vez. Hay veces que también la amistad puede ser peligrosa a la hora de trabajar pero no hubo ningún problema en ese aspecto y estuvo muy bien. Por supuesto hay momentos en los que dices: “Bueno pues yo lo veo más así” pero siempre es para mejorar, yo lo siento así. Rodaría muchas veces con ellos.

Los personajes son un vehículo de identificación muy potente, ¿has pensado qué quieres que el público se lleve de tu personaje o de la película en general?

La vida es esto, es ir tomando decisiones y es también ir dejando otros caminos

Para mi es importante eso, para mi es importante porque creo que es lo que me lleva al cine. Entrar y salir con algo removido de alguna manera. A veces es para bien, a veces es para mal pero que te haya tocado algo, que te haya hecho algo. Es tan especial ir al cine, estoy tan enamorada de la experiencia, me emociono. Lo que me gusta de esta película es que mucha gente entra pensando que va a ver algo, no sé lo que piensa que van a ver, pero salen más tocados y pensando un poco en la vida de uno, conectando un poco. Quién no se identifica con cualquier tema de los que hablamos y estamos hablando de una edad pero yo creo que ese tipo de preguntas te las haces a cualquier edad. Constantemente en la vida te estás planteando: “¿Y si yo hubiera hecho tal?”. Lo que creo que es diferente es que con veinte lo ves de una manera, ves que se te está escapando la vida, con treinta lo ves un poquito menos y luego es como bueno la vida es esto, es ir tomando decisiones y es también ir dejando otros caminos. Si la gente sale del cine preguntándose un poco, conectando consigo misma, yo creo que ya está hecho.

Conectando con lo que has dicho antes sobre la necesidad de este tipo de cine, he pensado también en Cinco lobitos, por ejemplo. Hay mucha preocupación con estos temas actualmente.

Sí, creo que estamos arrastrados y vamos como pollo sin cabeza, vamos corriendo. Creo que todos sentimos la necesidad de parar pero nos dejamos llevar por la sociedad y por todo. Entonces, de repente, cuando entras al cine y frenas porque no hay otra, pones el móvil en silencio aunque haya gente que no lo haga, y de verdad desconectas pero conectas contigo y te das ese espacio. Y te preguntas “¿Por qué no lo hago más?

Como persona dentro de la industria ¿Ves que la gente va menos al cine?

Sí, sí que lo veo. El otro día fui a ver la de 20.000 especies de abejas, me encantó. Fui a verla a los Renoir y estábamos en la sala seis personas. Me dio tristeza de repente ¿Cómo es posible que una película de este calibre tenga seis espectadores? Y en Madrid, que supuestamente la gente se mueve mucho. Aunque bueno, están las plataformas con la opción de ver en casa que evidentemente hace que la gente vaya menos pero tampoco podemos culpar a eso, creo que hay espacio para todo. No hay comparación entre ver una película en el cine a verla en casa. Es totalmente diferente, yo puedo ver una serie tumbada en mi sofá pero no dejo de ir al cine, están ambas cosas y deben convivir. Sí que me da pena y sí que veo que están más vacías las salas de cine. Creo que la media de edad en los cines son sobre todo mujeres de sesenta años. Y yo, de repente, veo que mi madre va muchísimo más al cine que mis amigas entonces es como bueno, vamos plantearnos esto también porque de verdad creo que no hay nada comparable con la experiencia de ir al cine.

Para terminar ¿Crees que el final de La quietud en la tormenta es un final feliz?

Yo creo que sí porque también qué es la felicidad y qué no, a qué estamos acostumbrados con los finales felices. Estos personajes, al final, llegan a un lugar muy bonito, llegan a un lugar en el que tienen una conversación (sin hacer spoiler) en la que, de alguna manera, se reconcilian consigo mismos.

Loreto Mauleón: “Últimamente hay una necesidad de bajar un poco a la tierra, de no...