“Nunca vi lo paranormal como algo raro”: el universo tragicómico del director de 'Bodegón con fantasmas'
No considero que Bodegón con fantasmas sea estrictamente una comedia. Tiene elementos trágicos, macabros, absurdos... Es verdad que hace reír, pero también conmueve o incomoda. Esa mezcla es la que me interesa.
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Entrevista de Vicente I. Sánchez | @Snchez1Godotx
Debido al frenético ritmo de estrenos que vivimos en España, no es raro que algunas grandes películas pasen desapercibidas en su paso por las salas de cine. Ese ha sido el caso de la maravillosa Bodegón con fantasmas (2024), dirigida por Enrique Buleo. Un cineasta que ya había mostrado una mirada singular en cortometrajes como El infierno y tal (2019) y Las visitantes (2022), y que con esta ópera prima ha terminado de consolidarse como una voz única en el cine español, combinando ironía, costumbrismo y un estilo muy personal que abre nuevas y urgentes vías en la comedia nacional.
Con motivo de su reciente incorporación al catálogo de Filmin, hemos tenido el placer de charlar con este director nacido en 1979 en Villanueva de la Jara, Cuenca, para profundizar en esta comedia episódica ambientada en un pequeño pueblo donde lo paranormal ocurre con pasmosa naturalidad. Un filme con un humor costumbrista, negro y surrealista que remite directamente a influencias como José Luis Cuerda, Berlanga o Buñuel.
Las películas que no vienen avaladas por un director conocido o por actores famosos lo tienen muy difícil
Vicente I. Sánchez | En la película hay un gran interés por el humor, pero también por lo sobrenatural. ¿De dónde surge ese interés?
Enrique Buleo | Más que un interés, diría que lo sobrenatural forma parte de lo cotidiano para mí. Siempre lo he vivido con normalidad porque era parte del folclore de mi pueblo, Villanueva de la Jara. Se hablaba de fantasmas como se hablaba de cualquier otra cosa. Nunca lo vi como algo exótico ni especialmente misterioso.
Al crecer en un pueblo, con hermanos pequeños y pocas opciones de ocio, era habitual que nos juntáramos para hacer la ouija. Lo hacíamos sin rituales, sin solemnidad, como un pasatiempo más. Esa desmitificación de lo paranormal es algo que he querido reflejar en la película. Romper con la épica grandilocuente que suele envolver a las historias sobrenaturales.
Es una película con un humor muy particular, lleno de ironía. Incluso con cierto realismo mágico.
Exacto. Quise restarle dramatismo e importancia a lo fantástico porque lo he vivido de manera muy natural. Como si fueran “fantasmas de bolsillo”. Por ejemplo, en mi pueblo se contaba que un fantasma se había aparecido en una casa solo para echarle kétchup a unas patatas fritas. Eso me hacía muchísima gracia.
Dicho esto, nunca he tenido una experiencia paranormal real. La ouija, como decía, era más una broma entre amigos.
Berlanga, Cuerda, Buñuel... El surrealismo de la película está lleno de referencias. Pero, ¿de qué va exactamente Bodegón con fantasmas?
Es difícil hablar de una trama concreta porque es una película episódica. Son historias independientes que juntas conforman una especie de fresco coral sobre un pueblo. En el fondo, trata sobre la vida después de la muerte, pero también sobre cómo los vivos conviven con lo inexplicable.
Creo que recoge una tradición de humor negro, absurdo, sarcástico y macabro que me encanta. No suele ser el tipo de humor predominante en el cine español actual, pero a mí me apasiona. Es el tipo de humor que uso en mi día a día, por el que me conocen mis amigos, y que me parece el más fiel a nuestra forma popular de ver el mundo.
Se nota que eres un gran cinéfilo.
Estudié Bellas Artes porque me interesaba mucho el cine, pero en ese momento no había Facultad de Comunicación en Cuenca. Más tarde hice un máster de guion, y desde entonces he leído infinidad de libros sobre teoría del guion, dirección... He intentado ver todas las películas que he podido.
La estética de la película es algo que me importa mucho, y la trabajamos al detalle con la directora de fotografía, Gina Ferrer, y la directora de arte, Lucía de Lope. Queríamos crear una atmósfera muy concreta, con un tono visual muy definido.
El rodaje no fue sencillo. Has comentado que las escenas de la iglesia se grabaron en tres lugares distintos.
Sí, fue bastante complicado. Como la película tiene mucho de autobiográfico, yo quería rendir tributo al lugar donde crecí, rodando en mi pueblo siempre que fuera posible.
En Villanueva de la Jara hay una basílica preciosa, declarada monumento nacional, pero no obtuvimos el permiso para rodar allí. De hecho, no conseguimos autorización para filmar en ninguna iglesia propiedad del Obispado, ni de Castilla-La Mancha, ni de Madrid, ni de la Comunidad Valenciana. Finalmente, grabamos en una iglesia privada en un pueblo valenciano.
Así que la película incluye tres iglesias diferentes: la de mi pueblo en los planos generales exteriores, otra desacralizada en un pueblo de Cuenca (pero ya convertida en museo, por lo que no podíamos grabar interiores), y finalmente los interiores los hicimos en la iglesia privada valenciana.
Todo esto coincidió con la polémica por el videoclip de C. Tangana y Nathy Peluso en la Catedral de Toledo, y el obispado estaba especialmente sensible con el tema.
Ahora la película está disponible en Filmin, pero antes pasó por el Festival de Sitges. ¿Cómo fue la recepción?
Inmejorable. La acogida del público fue entusiasta. Vi un pase y medio de los tres que programaron, y la reacción fue muy buena. Además, recibimos excelentes críticas.
¿Cómo está funcionando en Filmin?
Bastante bien, la verdad. A nivel de visionados, está funcionando. Prácticamente todas las críticas profesionales han sido positivas, y muchas de ellas muy elogiosas.
El estreno en salas fue mucho más discreto. Las películas que no vienen avaladas por un director conocido o por actores famosos lo tienen muy difícil. Yo era un director desconocido, y aunque trabajé con actores estupendos y muy profesionales, no eran rostros mediáticos que atrajeran masas al cine. Eso fue un obstáculo.
¿Te gusta el humor que se hace actualmente en el cine español?
Hay que distinguir entre el espectador y el creador. Yo, como espectador, no suelo ver comedias. Me cuesta conectar con la comedia convencional o simplona. Me interesan más las comedias que tienen una pátina de drama o de tragedia.
No considero que Bodegón con fantasmas sea estrictamente una comedia. Tiene elementos trágicos, macabros, absurdos... Es verdad que hace reír, pero también conmueve o incomoda. Esa mezcla es la que me interesa.
¿En qué estás trabajando ahora?
Estoy escribiendo dos largometrajes. Uno de ellos ya está en conversaciones con una productora; el otro está en una fase más temprana. Ambos mantienen ese tono tragicómico de Bodegón, aunque tal vez con un enfoque menos abiertamente cómico. La comedia está más soterrada.
Gracias. Estaremos muy atentos a tus futuros proyectos.