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Aleix Sales | @Aleix_Sales
Salvo en ese film alimenticio que hizo para Netflix, Eres tú (2023), Alauda Ruiz de Azúa se ha asentado como una de las analistas más perspicaces de la familia vasca a través de su filmografía, capturando desde dentro sus dinámicas y comportamientos propios, determinados por la incomunicación, aridez y frialdad, donde las procesiones van por dentro. La cineasta observa estas características siempre desde temáticas bien presentes en la cotidianeidad como la maternidad, la muerte o la violencia de género y, en el caso que nos ocupa, el despertar de la fe religiosa y la renuncia a seguir el patrón ordinario de las jóvenes de hoy en día. En este caso, sigue a Ainara, una chica de 18 años que, terminando la escuela, empieza a sentir la vocación de abrazar el Señor y entrar en un convento de monjas, hecho que generará un dilema en ella entre si seguir con el camino habitual de ir a la universidad o acogerse a la vida religiosa de clausura.
'Los domingos' expone elegantemente el poder de la influencia de los adultos sobre los adolescentes
Ruiz de Azúa aborda el complejo y nada categórico asunto ofreciendo distintos puntos de vista –desde el clero convencido a la tía atea, pasando por posiciones intermedias- sin llegar a imponer ninguno, permitiendo que el público, como Ainara, vaya formándose su propia opinión y eligiendo su postura. Con su escritura sutil y bien anclada en la realidad, tanto desde el libreto como en la puesta en escena, Los domingos expone elegantemente el poder de la influencia de los adultos sobre adolescentes en desarrollo y la manipulación velada para arrastrarlos cada uno a su terreno y según sus intereses. Y la virtud que tiene es que lo hace sin exageraciones y evitando recursos dramáticos facilones, posibilitando que todo fluya con franqueza. Al mismo tiempo, en su forma llana de retratar el suceso y de definir unos personajes atractivos, la directora logra atrapar al espectador y guiarlo latentemente por un viaje emocional que no alza la voz, pero resulta muy sentido y pleno.
Para que todo cuadre suma un reparto perfectamente amoldado donde brillan la debutante Blanca Soroa –llenando la pantalla serenamente-; Patricia López de Arnaiz, demostrando nuevamente que no falla nunca; Miguel Garcés encarnando a un muy gris padre de familia, tal vez llevándose los momentos más tristes de la cinta; o una implacable Nagore Aramburu en su corto y crucial papel. Aunque Ruiz de Azúa no deja cabo suelto en la trama principal, ofreciendo también huecos para que el público elucubre, Los domingos no sienta cátedra en su fondo y plantea más preguntas que respuestas ante una materia tan subjetiva, etérea y movida por una dicotomía entre corazón y razón. Con todo ello, compone una obra bien equilibrada entre el pulso dramático y la reflexión, más ambiciosa y grande que Cinco lobitos (2022), pero igualmente emocionante. Un paso más allá en la carrera de la vasca, confirmándose como un nombre en mayúsculas en el panorama cinematográfico español y que, este año, jugará un rol importante en la temporada de premios.



