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miércoles. 29.03.2023
Sean Penn y Volodymyr Zelensky
Sean Penn y Volodymyr Zelensky

Me ha emocionado ver a un actor y director que aprecio sobremanera en persona. He asistido al estreno mundial de Superpower. Se cumple un año del inicio de las hostilidades que mantienen una guerra con sofisticado armamento bélico en suelo europeo, algo que sólo puede beneficiar a quienes fabrican armas. Rusia intenta invadir Ucrania. Su en apariencia todopoderoso ejército tuvo que replegar posiciones y Putin quiere minar la moral del pueblo ucraniano, al tiempo que deteriora las condiciones de sus propios conciudadanos. Cualquier discrepancia se paga muy cara en una Federación Rusa que parece añorar a la Unión Soviética y reivindica sus antiguos territorios con cualquier pretexto. 

Es encomiable que Sean Penn haya decidido poner su prestigio al servicio de un claro compromiso político

Kaliningrado por ejemplo es territorio ruso porque la Unión Soviética puso allí su bandera en 1945, pero mucho antes era conocida por ser la patria chica del filósofo universal, aunque naciera prusiano, Immanuel Kant, a quienes los generales rusos consideran un traidor, como si pudiera serlo alguien de otra época con respecto al mapa político del presente. Putin se presenta como valedor de los rusos avasallados por unos neonazis, aunque Zelenski sea judío. Conviene recordar el trasfondo de un conflicto bélico cuyas consecuencias están aún por determinar y va empobreciendo a los europeos menos pudientes con una inflación de la que sólo sacan partido los bancos al subir las hipotecas por ejemplo.

En este sentido es encomiable que Sean Penn haya decidido poner su prestigio al servicio de un claro compromiso político. Estaba en la sala para mantener un coloquio con el público y todo eso le honra. Dicho esto, Superpower tiene a mi juicio un interés muy relativo. Su montaje no responde a ningún patrón reconocible y hay muchas escenas con muy escaso interés para el tema que se propone tratar. Las peripecias de rodaje cuando comienza la invasión dieron al traste con el proyecto y se diría que han querido salvar el material del inicio. A mi particularmente me ha decepcionado, pero quizá sea porque mis expectativas no podían ser más altas. Ojalá sea una impresión escasamente compartida y haya quienes aprecien este trabajo cinematográfico que no es una película ni un documental.

Superpower: el viaje de Sean Penn a Ucrania