lunes. 04.03.2024
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Jaime Polo | @lovacaine

En las entrelazadas callejuelas de Jerusalén, donde las sombras de la historia danzan con la luz del presente, Muayad Alayan nos sumerge en un viaje emocional inolvidable con su última creación cinematográfica, "A House in Jerusalem". Una película que no simplemente se desenvuelve en la pantalla, sino que se enreda en el tejido mismo del alma humana.

La trama, que se despliega con la delicadeza de un poema, sigue los pasos de una joven judía-británica, desgarrada por la pérdida de su madre y en busca de una nueva vida en las antiguas tierras de Jerusalén. Es en este lugar dónde nuestra protagonista se cruza con el fantasma de una niña palestina, una presencia etérea que desafía las fronteras de la vida y la muerte.

La película comienza suave pero es en su segundo tramo donde cobra una profundidad y complejidad fascinante. Cuando nuestra protagonista se aventura a las estrechas calles de Belén en busca de los padres de la niña fantasma, el espectador se ve inmerso en un viaje que va más allá de lo físico, alcanzando las profundidades de la memoria y los recuerdos olvidados.

Es en su giro dramático dónde el film se sumerge en un estado de pensamiento. Una profunda reflexión sobre la psique, los fantasmas y las versiones de nosotros mismos tras una tragedia. ¿Son estos recuerdos para olvidar o para abrazar? La pregunta flota en el aire, como una hoja en el viento, y nos invita a reflexionar sobre nuestra propia relación con el pasado y cómo afecta nuestro presente. Por otro lado, lo que más me interesa es cómo se busca reconfigurar la idea original del fantasma, describir su existencia lejos de las personas muertas sino como una extensión del alma rota de los vivos que permanece en la vida.

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Esta obra, siendo una colaboración palestino-británica, sirve como un recordatorio conmovedor de la complejidad de las identidades y las conexiones humanas. La trama está enraizada en las experiencias reales de los hermanos guionistas, Muayad y Rami. La historia está inspirada en la valentía de su madre y su abuela. El dolor y la pérdida resuenan a lo largo de la película en detalles de su pasado como niños inocentes que no tienen su mente corrupta por ideologías o políticas.

Las luces del cine se encendieron tras acabar la película con numerosos aplausos de los que allí estábamos presentes. Una obra que no solo entretiene, sino que también desafía a mirar más allá de las fronteras físicas y mentales para explorar los matices de las conexiones que nos definen como personas. Hoy he vuelto a casa con una nueva película que compartir.

'A House in Jerusalem': entre fantasmas y realidades, de Palestina al mundo