viernes. 19.04.2024

Allan J. Arcal |

Ya está aquí la última aventura del arqueólogo más famoso del planeta: Indiana Jones. Y llega por todo lo alto. Con un Harrison Ford en plena forma, y por primera vez sin Steven Spielberg tras la cámara. Su lugar lo ocupa James Mangold (Logan, Lemans ’66, Identidad…); y, por cierto, dejando el pabellón muy alto.

Antes de hablar de Indiana Jones y el dial del destino, habría que preguntarse qué tiene este personaje para haberse convertido con el paso de los años en un mito de la historia del cine. Lo primero es que Indiana Jones Junior es más que un arqueólogo; más que un profesor de universidad… más que un super héroe. La música de John Williams empieza a sonar, y esto de entrada hace que algo te recorra todo el cuerpo en la sala de cine y te abroches el cinturón de seguridad porque sabes que, de un momento a otro, va a comenzar la aventura. Y es que con Indy hemos crecido, llorado, reído, emocionado, entretenido… antes cuando éramos niños, y ahora cuando al escuchar esa alegre cancioncilla, nos sentimos de nuevo por unas horas como aquellos chavales.

Al salir del cine, aparte de silbar la canción durante más de media hora, uno tiene la sensación de volver a estar junto a su héroe de la infancia

Hemos recorrido tantas y tantas aventuras con él, que ya sabemos porqué nunca pierde el sombrero y el látigo; sabemos que, si tiene que elegir entre dos caminos, nunca acertará y, probablemente, terminará encontrándose con alguna serpiente. Esto siempre será así. Y lo sabemos; pero también estamos convencidos de que cuando queden treinta segundos para que algo explote, se levantará, correrá tras bolas gigantes mientras le rodea un ejército de nazis, elegirá el camino correcto, encontrará el tesoro, rescatará a la chica y todavía le sobrarán unos cuantos segundos para el beso final. 

¡Esto es Indiana Jones!

¿Son mejores las tres primeras películas? Sí. ¿Indiana Jones y el dial del destino es mucho mejor que la cuarta? También. Es puro entretenimiento de principio a fin. Y al salir del cine, aparte de silbar la canción durante más de media hora, uno tiene la sensación de volver a estar junto a su héroe de la infancia, y haberle acompañado en su última aventura hasta el final.

Así que a todos los que critican esta película, siento decirles que Indy no está acabado. Ni mucho menos. Está que se sale, aunque… claro, ellos ya no lo pueden ver. Y es que ya lo dijo Peter Pan: cuando te haces mayor te olvidas de muchas cosas, incluso del País de Nunca Jamás.

Consecuencias de crecer… ni más, ni menos. 

Mala noticia para los críticos de Indiana: habéis crecido