martes. 18.06.2024
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Ainhoa Mela | @ainhoacriticas

Meg Ryan se estrella en su vuelta a la pantalla grande con una comedia romántica que podría haber sido diferente pero que acaba siendo irrelevante.

La reina de las películas románticas ha vuelto. Y es que tras una época en la que el público la había perdido la pista, Meg Ryan vuelve a la pantalla grande.

En la década de los 90 y los 2000 no había película que a la actriz se le resistiese. No en vano, éxitos como “Cuando Harry encontró a Sally” (1989), “Algo para recordar” (1993) o “Cuando un hombre ama a una mujer” (1994) convirtieron Meg Ryan en una de las actrices de mayor éxito comercial durante dos lustros. 

Una auténtica novia de América si ese título no se lo hubiese ganado ya Julia Roberts con su eterna sonrisa y otras tantas comedias románticas taquilleras.

Pero bien es sabido que Hollywood lleva mal ver envejecer a sus actrices insignias y poco por no decir nada hemos visto a Meg Ryan en los últimos años salvo en el episodio de alguna serie y en algún que otro telefilme que no han llegado a ese público que acudía en masa a ver sus romances en la gran pantalla.

Pero en esta época en la que las mujeres se reivindican en Hollywwod, muchas actrices que dejaron de recibir tantas llamadas pasados los 50 han decidido dejar de esperar y pasar a la acción. Si no me llaman, seré yo la que financie mis propios proyectos. Eso mismo pensaron Reese Witherspoon y Nicole Kidman cuando en 2017 decidieron coproducir y coprotagonizar una aparentemente modesta mini serie llamada “Big Little Lies” que acabó por relanzar la carrera de estas dos actrices en una especie de nueva etapa dorada.

Y a estos proyectos Juan Palomo (yo me lo guiso, yo me lo como) también se ha apuntado ahora Meg Ryan escribiendo, dirigiendo, produciendo y también protagonizando “Lo que sucede después”, película que ve su estreno en los cines españoles este mes de mayo.

Para el que sería su regreso triunfal a los cines, Meg Ryan ha elegido el género que la hizo mundialmente conocida. Y la verdad, la idea no era mala. En estos tiempos continúan proliferando aquí y allá las comedias románticas de siempre, esas en las que chico joven y guapo conoce y se enamora de chica joven y guapa; sin ir más lejos estos últimos meses Netflix y Amazon Prime han estrenado cintas con dos grandes actrices como protagonistas: la casi recién llegada Sydney Sweeney y su “Cualquiera menos tú” y la veterana Anne Hathaway con “La idea de ti”.

Pero cansados un poco ya de la juventud y las historias empalagosas que generalmente la acompañan ¿por qué no hacer una comedia romántica con una vuelta de tuerca para un público más adulto? Eso es precisamente lo que prometía “Lo que sucede después” con la pareja de esta historia: un antiguo matrimonio que queda atrapado por una nevada en un aeropuerto después de décadas sin verse. Obligados a pasar una noche en una terminal abarrotada en la que acaban quedándose solos, ambos repasarán las tragedias que marcaron su matrimonio mientras recuperan la atracción y el cariño que un día les unió.

La idea parecía sugerente pero la realidad es que la ejecución no ha podido ser peor. Temas que podían resultar interesantes (divorcio, el paso del tiempo, los estragos que este ha dejado o las tragedias que a una pareja une o desune) se suceden sin orden ni concierto y sin un engranaje claro, a lo que poco o nada ayuda un montaje brusco que corta escenas y conversaciones con pobres transiciones que dejan al espectador más desconcertado que metido en la historia.

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Y es que podríamos decir que  a “Lo que sucede después” parece no faltarle de nada, aunando todos los malos clichés de las comedias románticas: una relación entre los protagonistas construida (o mejor dicho en este caso reconstruida) a salto de mata, grandes problemas o tragedias que se resuelven y se perdonan a la velocidad de la luz, momentos que pretenden ser graciosos y que por reiterativos acaban siendo cansinos y pobres y cuestionables elementos técnicos que no ayudan ,aunque fuese a vender mejor, un guion cuanto menos cuestionable.

Dos son los únicos elementos que se pueden salvar de la quema en una comedia romántica que podría haber sido diferente pero que acaba siendo irrelevante: algún que otro buen golpe de humor y la química entre sus dos actores protagonistas.

Bien es cierto que Meg Ryan y su partenaire en esta ocasión David Duchovny no se llevarán el premio a la pareja del año, pero la afinidad traspasa la pantalla y, a falta de un buen guion, es disfrutable ver a dos amigos pasándoselo en grande en un set de rodaje.

No podemos decir por tanto que Meg Ryan no lo haya intentado, pero con “Lo que sucede después” la actriz se estrella en el que pretendía ser un relanzamiento de su carrera volviendo, pero no precisamente por la puerta grande, con una película que lejos está de los éxitos que un día la llegaron a encumbrar.

'Lo que sucede después'