martes. 23.07.2024
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Fotograma de la película.

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Celín Cebrián | @Celn4

Posiblemente podamos argumentar que Martin Scorsese es uno de los mejores directores de cine vivos, pero, detrás de esa afirmación, a principios de los años ochenta, hubo momentos en los que su nombre era veneno para la taquilla. Incluso después de haber filmado Taxi Driver y Toro Salvaje. Fue una época oscura. Chris Nashawatty afirma que en la década del 2000, el director le contó en el Upper East Side de Manhattan una historia sobre ese período, que resultaba hasta difícil de creer, pero que era verdadera: ꟷ”Recuerdo que fue el último día de 1983. Había estrenado El rey de la comedia. Era Nochevieja y me estaba vistiendo para ir a la casa de Jay Cocks. Tenía la televisión encendida y por alguna razón estaba sintonizada en Entertainment Tonight. Y, antes de ir a los anuncios, como una especie de broma, oí que decían: "Próximamente, el fracaso cinematográfico del año". Así que me quedé para ver qué sucedía. ¿Cuál era el fracaso cinematográfico del año? ¡Era El rey de la comedia! ¡Yo fui el fracaso del año! Y encima de eso, había estado planeando hacer La última tentación de Cristo, que acababa de ser cancelada. Así que fue un doble golpe. No tenía nada planeado a continuación. Y sabía que iba a tener que empezar de nuevo".

Cuando sucedió todo esto, Scorsese tenía 41 años. Pensó que estaba acabado. Sin nuevas ofertas de los grandes estudios, se dio cuenta rápidamente de que era hora de volver a sus raíces “indie”, cine de bajo presupuesto y hacer una película. Algo pequeño y personal. La película que saldría de ese oscuro período de invierno resultó ser Jo, ¡qué noche!, que sigue siendo una de sus películas más subestimadas hasta el día de hoy.

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Estrenada en 1985, Jo, ¡qué noche! es la historia de un taciturno trabajador de la ciudad de Nueva York llamado Paul Hackett (Griffin Dunne) que regresa una noche a su deprimente apartamento después del trabajo, no encuentra nada que valga la pena ver en la televisión y se dirige a un restaurante con una copia de "Trópico de Cáncer" de Henry Miller. Allí conoce a una misteriosa y atractiva mujer llamada Marcy (Rosanna Arquette) que está sentada cerca y mantiene una conversación con ella. Le habla de su amiga, una artista algo extraña. Intercambian números. Él se va. Y luego, pensando por qué diablos no iba a hacerlo, la llama para tener una cita. Es tarde, pero ella lo invita al loft del SoHo donde se aloja. En el taxi, su único dinero (un billete de 20 dólares) sale volando por la ventana. Pero bueno, aún podría tener suerte de todos modos. Pero Paul no tiene suerte. De hecho, tiene muy mala suerte.

Durante los siguientes 98 minutos, Scorsese nos lleva a una angustiosa serie de pruebas existenciales en la nocturna desolación de la madrugada de Canal Street. Después de su cita con Marcy, se marcha. Y sin dinero para volver a la ciudad, merodea por un extraño y vanguardista pueblo fantasma poblado por un barman de mala muerte (John Heard) que recibe malas noticias sobre su novia, una camarera pegajosa con un peinado inconcebible y fan de los Monkees (Teri Garr), una dominatrix con "no muchas cicatrices" (Linda Fiorentino) y su novio vestido de cuero Horst (Will Patton), una maniática conductora de un camión de helados Softee (Catherine O'Hara), y un par de aturdidos y confusos ladrones (Cheech y Chong). A cada paso que da la trama, justo cuando parece que Paul podrá volver a casa gracias a la amabilidad de un extraño, un nuevo y cruel giro del destino lo deja peor de lo que estaba un minuto antes. En un momento dado, mira al cielo y grita:ꟷ "¿Qué quieres de mí? ¿Qué he hecho?”.

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A diferencia de la mayoría de las películas que había realizado hasta ese momento, Jo, ¡qué noche! no comenzó con Scorsese, sino con Joseph Minion, un aspirante a cineasta de 26 años, que había escrito el guion para una clase de cine mientras estudiaba en Columbia. Lo había llamado Lies y luego A Night in Soho. El guion terminaría en las manos de Griffin Dunne, de Un hombre lobo americano en Londres, que quería protagonizar la película. Y después de atraer el interés de Tim Burton, que acababa de terminar su corto Frankenweenie, Dunne, pensó que estaba a punto de hacer la película. Pero después de que la Paramount cancelara La última tentación de Cristo, el proyecto de Scorsese, sabía que era el tipo de película barata y de estilo guerrillero que necesitaba Martin si quería mantener el impulso de su carrera. Además, a su favor contaba que la historia también estaba ambientada a pocas manzanas de donde él había crecido, en Little Italy, así que conocía perfectamente el lugar y aquel mundo de bares abiertos toda la noche, repletos de tipos raros y hípsters ... Así que por pura ósmosis… Burton se hizo a un lado. O sea que sólo quedaba ya…

Scorsese completó el reparto con grandes actores cómicos a los que no se les exigía ser estrellas de cine, dado el pequeño presupuesto que tenía: 4,5 millones de dólares. La productora era The Geffen Company y la distribuidora Warner Bros. Tenía total libertad artística. Jo, ¡qué noche! fue algo parecido a una película independiente y más corta y más barata. Sólo quería comprobar si él todavía tenía la energía para rodar rápidamente.

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Al terminar de verla, podemos decir que es un delirio, una obra onírica y una pesadilla surrealista, y preguntarnos por qué razón un chico, por intentar ligar con una tía, puede acabar inmerso en una serie de situaciones tan angustiosas y desgraciadas. Hay un momento en el que piensas que Scorsese le está haciendo un homenaje a la obra de Kafka El Proceso, sobre todo cuando le prohíben la entrada al local punk y éste intenta machacar al vigilante de la puerta. Al hacerlo, este responde: ꟷ"Lo aceptaré, para que no pienses que no has hecho todo lo posible". ¡Exactamente lo mismo que le responde el guardián de las puertas de la Justicia! Y también otro homenaje a los bajos fondos neoyorkinos con esa magnífica ambientación, muy a tono con la película, sin olvidarnos de la ochentera banda sonora. Una comedia negra que en momentos nos hace reír y en otros sufrir por el desdichado protagonista. Podríamos decir que es extraña, perturbadora y algo inquietante. Sin olvidarnos de la actuación de Griffin Dunne.

Treinta y cinco años después, Jo, ¡qué noche! sigue siendo todo energía y pasión. Y si no estabas en Nueva York antes de que el SoHo se convirtiera en un centro comercial de tiendas de lujo, galerías de arte y estudios de 10.000 dólares al mes, también es una carta de amor a una época gloriosamente dura. Con Jo, ¡qué noche!, Scorsese estaba en la cima de sus poderes, un hombre impulsado por un nuevo sentido de la urgencia, las ganas de jugar y la libertad. Es la única película que consigue incluir en su banda sonora tanto a Bach como a Bad Brains (¡y a Peggy Lee!). Y Scorsese parece divertirse en cada fotograma, especialmente cuando hace un cameo tipo Hitchcock en un local de ocio llamado Club Berlín en "Mohawk Night".

Ver Jo, ¡qué noche! hoy en día es como ver a un maestro del cine redescubrir lo que en sus orígenes le hizo querer ser un cineasta. Tiene ese espíritu de "todo irá bien". Es un cóctel histéricamente frenético y efervescente de mala suerte, locos malentendidos, caos absoluto, y paranoias. También es la perfección absoluta. Es una de las obras más extrañas y desconocidas en el currículo de uno de los mejores directores vivos de nuestra era. Si cerramos los ojos, veremos a un artista encontrar su propia salvación personal a través del celuloide. Y eso es excitante. Y raro. Después de todo, aunque está claro que nada ha cambiado para Paul Hackett en la escena final de Jo, ¡qué noche!, para Martin Scorsese, todo cambió. Había recuperado su confianza. 

'Jo, ¡qué noche!', una comedia delirante y retorcida que salvó la carrera de Martin...