martes. 05.03.2024
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Álvaro Gonda Romano | @AlvaroGonda1

The quiet girl
Dirigida por Colm Bairéad
Irlanda, 2022

Fiesta de imágenes sugerentes; estilo cargado de simplicidad; profundo devenir amparado en la belleza de una campiña que representa modos de vida. Es el marco ofrecido a Cáit, niña tímida en espacios ausentes de cariño; tendrá su oportunidad de expresión en el permiso de padres transitorios.

The Quiet Girl es la historia de una niña cedida a “préstamo” por padres negligentes. Será trasladada a la convivencia con un matrimonio de familiares veteranos que se harán cargo hasta que el vientre de la madre expulse a su hermano. La razón de la entrega es económica, la familia no cuenta con los recursos para la manutención de Cáit, al menos por un tiempo.

Las vertientes de la inocencia advierten cualidades de paciente cuidado. Eibhlín y Sean serán los abanderados de la evidencia. Cáit es inocente frente a cualquier alusión a malos comportamientos y, además, una niña ceñida al respeto por costumbres maternas incapaces de establecer comunicación en clave de necesidades que no sean las de un bebé recién nacido. El lenguaje se redefine en la importancia de acatar reglas y soportar el mal trato paterno traducido, no en situaciones de violencia física, sino de indiferencia perpetua. Athair es negligencia extrema, retrato de un padre desinteresado que intenta salvar la apariencia. En la exigencia sugerida, y sin notar el efecto contrario, remarcará el derecho de los nuevos cuidadores de poner a su hija a trabajar.

Narración que seduce al fin de la complacencia en el ejercicio de una maternidad postergada. Eibhlín y la posesión se diluyen en una ternura disciplinaria, mezcla de cariño y obligaciones cotidianas que educan hacia un rol en la vida. Contra cara de un hogar originario sumergido en el egoísmo y el descuido, donde procrear por procrear parece ser la consigna; sentido que ajusta a roles dispersos en sensaciones y sentimientos del momento. Un padre al que nada le importa, salvo cuidar cierta apariencia deshilachada en la burda negligencia que pauta descortesía. El cigarro apagado en el plato, el dejar caer el ruibarbo sin levantarlo, evidencian la apatía y el desgano propio de quien realiza acciones sin importar consecuencia o resultado. Cáit es una dificultad económica a resolver, sus anfitriones, la mejor solución encontrada por 12 meses.

Paso a paso, por los detalles, la cámara desentraña la delicadeza del respetuoso cuidado en planos que contrastan con búsquedas y regaños familiares. Modelos de crianza desnudan diferentes valoraciones: la pérdida, su compensación como segunda oportunidad, y la reproducción como  permanente concepción que sostiene un sentimiento materno dependiente de la perpetua niñez.   

Asistimos a la creación de una presencia a partir del silencio; Cáit va abriéndose paso, Eibhlín y sus dotes de yo auxiliar catalizan una relación que absorbe inquietudes del pasado. Poco a poco, Sean irá asumiendo un rol paterno que culminará envuelto en la dulzura de la niña. El abrazo final otorga reconocimiento a la figura de un padre necesario. 

Profundidad emocional enrabada en lo doméstico, The Quiet Girl juega con las relaciones y los espacios, las condiciones físicas del hogar en un marcado contrapunto donde negligencia y preocupación se entrecruzan. Formas de desvalorización y reprimendas anteceden a un espacio de contención abierto al diálogo. Es el permiso para ser y decir bajo reglas que conservan el respeto mutuo; algo que Caít desconocía y comienza a ejercer con llamativa fluidez; una demostración de que los espacios, ya no solo físicos, sino también relacionales, ofrecen una apertura a contenidos y vinculaciones específicas inherentes a su propia naturaleza.

Caít tendrá una oportunidad de expresarse en diálogos autorizados desde la comprensión que evita el prejuicio, Eibhlín ofrece la oportunidad, mientras que Athair no cesa de etiquetar y promover irónicas valoraciones. Línea demarcatoria que define el interés, de unas personas en otras, en función, no de roles preestablecidos, sino de modalidades parentales cuidadosamente diferenciadas. El contraste hace al eje del filme, ejerce con potencia su autoridad. En la decisión final de Caít, y en toda la cinta, huelgan las palabras, la conclusión parece lógica, viene dada por un extenso trayecto en reversa que involucra el valor del recorrido. Más allá de filiaciones, vale la pena estar con quien te quiere.

El concepto de cuidado es central. Opera a modo de bisagra sin mayor alharaca. Lo que los buenos padres son capaces de hacer y los malos no. Una generación de la experiencia, con el concomitante acompañamiento, esparce oportunidades de confianza y aprendizaje a cada paso. Eibhlín y Sean están interesados en el ejercicio full time, nada les es ajeno; la consideración amplía la brecha, la niña no querrá retroceder.

El agua purifica las relaciones, pero también puede producir desgracias, y hasta paradójicos motivos de preocupación desde el prejuicio. El secreto del líquido bebible se funde en la omisión involuntaria, la caída al pozo revive acontecimientos del pasado, un simple resfriado amortigua la culpa y alerta a cuidadores que no perciben realidades más tajantes.

Colm Bairéad juega con la elisión y compara momentos de ausencia. Recordamos que, en el inicio del filme, Caít está escondida en los pastizales, mientras su madre la busca para reprenderla. En un registro diferente, Eibhlín notará la falta y saldrá despavorida en busca de “su niña”, quien desaparece, no por esconderse, sino en aprendida actitud de colaboración. La comprensión, como resultado final, solo fue un accidente, rescate de buenas intenciones, Caít no necesita ocultarse, ni en el silencio ni en la hierba.

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Un cuestionamiento a la responsabilidad de la familia en la adecuada consideración de los hijos, remarca actitudes al pasar que denotan modelos de crianza con repercusiones emocionales y decisorias que avalan un claro darse cuenta desde la infancia. Caít bien sabrá tomar su decisión, la tristeza habitual se transforma en tristeza por la partida en circunstancias novedosas. La niña, a pesar del silencio, no es tonta, sabe lo que le conviene. Añoranza que juega como motivo en el montaje para intercalar la veloz carrera con momentos de valoración y cuidado.

La cinta fundamenta la aparente timidez de un niño en precarias condiciones afectivas; la tristeza se sumerge en sensaciones emitidas por un rostro capaz de sostener la coherencia de una personalidad en transformación. Catherine Clinch es la niña protagonista que apuntala el tránsito de un personaje, tierno, sensible y diligente, en sutil proceso de conciencia y conversión. La fortuna de la oportunidad sabrá colocarla en posición de contraste y salvación; el proceso es interno, no deviene por amplios marcadores expresivos, está a tono con el filme: un delicado recorrido de pasaje hacia momentos cuidadosamente vividos. 

'The quiet girl': un viaje hacia el corazón de la inocencia