domingo. 21.04.2024
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Miguel Ángel Leija | @CinemaCuarenten

El cine está plagado de historias de superación en donde los personajes siguen un camino de en sueño para empezar en ceros y terminar siendo reyes, y en esta ocasión, el mismo título de la película nos dicta lo que sucederá: Gran Turismo: De jugador a corredor. Ante la gran variedad de obras con el mismo objetivo, ¿consigue sobresalir o se queda en una más del montón?

Nos encontramos con Jann Mardenborough, un adolescente galés que pasa sus días jugando Gran Turismo, la famosa franquicia de videojuegos, con la meta de llegar a ser corredor profesional, algo que sus padres ven con malos ojos. Un día se entera de que gracias a sus desempeño, logra calificar a la GT Academy, un concurso organizado por Sony y Nissan en donde reunirán a los mejores jugadores de todo el mundo en un programa intensivo para convertirlos en pilotos reales.

Así, seguimos a Jann en su camino por convertirse en una gran estrella del automovilismo guiado por Jack Salter, un ex piloto profesional con bocas por callar y un largo camino por recorrer con nuestro protagonista que, a diferencia con respecto a lo que está acostumbrado, aquí no tiene la opción de apagar la consola y reiniciar.

De esta manera avanzamos por una historia tan efectiva como previsible: podemos asegurar al 100% que si con solo ver el título le pidiéramos a varias personas que imaginen cómo será la trama, todas acertarían, y a pesar de lo cansado que esto podría suponer para espectadores que salen de la media, algunas ventajas tiene. Por ejemplo el poder ir al baño a media función y que al regresar no sea necesario preguntar al acompañante qué ha sucedido. Unas por otras.

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En cuanto a los personajes es más de lo mismo. Fuera de los tres papeles principales, los demás pasan sin pena ni gloria, impidiendo que el desarrollo del protagonista vaya más allá, en especial cuando del antagonista de trata, ¿alguien recuerda su nombre?

Por otra parte, si en algo no fallan por lo general este tipo de películas es en el espectáculo. Como cabe esperar, el sonido de los motores es genial, y aunque en cada carrera sepamos que todo se definirá al último segundo, es imposible no emocionarse con los logros y las lágrimas de Jann. El trabajo de cámaras es muy bueno tirando a sobresaliente, dejándonos escenas absolutamente memorables en cada una de las carreras.

En definitiva, una buena opción para ver en salas de cine ya que, si bien no logra sobresalir como algunas otras películas deportivas, cumple con el objetivo de entretener y eso hace que no sea una más del montón.

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