jueves. 04.06.2026
FESTIVAL DE SITGES

'Eloy de la Iglesia, adicto al cine': el regreso del director maldito que desafió todos los tabúes

Es un documental honesto y, por momentos, brillante, en el que Gaizka Urresti traza un retrato profundo de uno de los directores clave de la Transición española. Una auténtica joya para los cinéfilos.
Eloy de la Iglesia

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Emma Vizán |

Con el permiso de Iván Zulueta, con quien comparte no pocas similitudes, Eloy de la Iglesia es recordado como el gran “director maldito” del cine español. Sin embargo, él mismo solía lamentar que, al final, solo se le reconociera por ser heroinómano, cuando también había sido comunista, cineasta y homosexual: “y por ninguna de esas otras tres cosas se me conoce”, decía. Así lo recoge uno de los múltiples testimonios incluidos en Eloy de la Iglesia, adicto al cine, un documental que reivindica la importancia de uno de los directores fundamentales de la España de la Transición.

El cine y la crítica aún tienen una asignatura pendiente con Eloy de la Iglesia, uno de los realizadores más relevantes de la Transición. Su estilo directo y descarnado lo convirtió en un referente del llamado cine quinqui de los años 70 y 80, y fue, además, uno de los primeros en vivir abiertamente su homosexualidad con total libertad.

La película no esquiva esta etapa oscura, mostrando incluso cómo Manzano estaba tan deteriorado en sus últimos rodajes que tuvo que ser doblado

En su filmografía abordó sin tapujos temas tabú como la homosexualidad, la marginación social, la drogadicción o la violencia juvenil. Su cine nunca buscó complacer: era visceral, polémico y arriesgado, como lo demuestran títulos como La semana del asesino (1972) o La criatura (1977), analizados también en el documental.

Precisamente en esa recuperación de su figura radica la importancia de Eloy de la Iglesia, adicto al cine, dirigido por Gaizka Urresti, ganador del Goya por Labordeta, un hombre sin más. Tras su paso por el Festival de San Sebastián, la cinta se presenta ahora en el Festival de Sitges como un auténtico regalo para los amantes del cine y de la memoria cultural.

Con guion de Moisés Garrido, Juan Barrero y el propio Urresti, la película propone un acercamiento directo y sincero a uno de los cineastas más provocadores de la Transición. A través de testimonios de amigos y actores como José Sacristán, Ángel Pardo, Fernando Guillén Cuervo, José Luis Garci o María Luisa San José, se construye un retrato de un creador que desafió prejuicios, narró la marginalidad como nadie y terminó devorado por sus adicciones y fantasmas.

Fernando Guillén Cuervo

El documental revisa su vida y su obra con equilibrio, sin caer en la hagiografía. Entre entrevistas, fragmentos de sus películas y declaraciones del propio Eloy, se dibuja a un hombre lleno de talento y creatividad que, sin embargo, sucumbió a la droga. Impactan especialmente sus últimas apariciones públicas: desdentado, visiblemente deteriorado, confesando haber gastado más de 40 millones de pesetas en heroína y cocaína. Sin duda este documental no suaviza la grave caída y decadencia que vivió Eloy, por más que Garci diga que era mejor director que Rainer Werner Fassbinder.

Uno de los episodios más dolorosos fue la muerte de su pareja y actor fetiche, José Luis Manzano, con quien rodó Navajeros (1980) o El pico (1983). Ambos compartían adicción, y durante La estanquera de Vallecas (1987) ya se encontraban en un estado crítico. Manzano murió poco después de una sobredosis, lo que sumió a Eloy en una depresión aún más profunda, marcada por las drogas y los problemas judiciales, que lo arrastraron prácticamente a la marginalidad.

La película no esquiva esta etapa oscura, mostrando incluso cómo Manzano estaba tan deteriorado en sus últimos rodajes que tuvo que ser doblado. Tampoco oculta cómo Eloy tocó fondo, hasta que en 1996 recibió un homenaje en el Festival de San Sebastián, con una retrospectiva que rescató su nombre del olvido. Después pudo estrenar la serie Calígula (2001) y su última película, Los novios búlgaros (2003), que acabó siendo su testamento fílmico, antes de fallecer poco después a causa de un error médico.

Finalmente, Eloy de la Iglesia, adicto al cine es un documental honesto y, por momentos, brillante, en el que Gaizka Urresti traza un retrato profundo de uno de los directores clave de la Transición española. Una auténtica joya para los cinéfilos.

'Eloy de la Iglesia, adicto al cine': el regreso del director maldito que desafió todos...