martes. 05.03.2024
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Miguel Ángel Leija | @CinemaCuarenten

En los últimos años, pocas figuras han suscitado tanta expectativa como Bradley Cooper en su evolución de estrella de malas películas de Hollywood a papeles cada vez más relevantes y su reciente experimentación como director. Con Maestro, su última entrega de la mano de Netflix, Cooper busca consolidarse como una de las grandes voces del medio dirigiendo y protagonizando a la vez la historia de Leonard Bernstein tras el éxito que supuso A Star Is Born. ¿Qué resultado logra en esta nueva aventura cinematográfica?

Nos encontramos con Leonard Bernstein, un director de orquesta —o músico en general, como él mismo se describiría— con un talento artístico innato. La película nos lleva a explorar la complicada relación amorosa que tuvo con Felice, su esposa, a lo largo de varias décadas.

Así, Cooper nos lleva a lo largo de dos horas por una historia que transcurre principalmente en dos escenarios temporales de fondo: su juventud, donde la pareja se conoce en Nueva York con un brillante blanco y negro de fondo, y su vida adulta como artistas consolidados y una familia aparentemente feliz.

Resulta curioso que su estreno en salas comerciales haya sido tan cercano al de Napoleón, dos películas que guardan una similitud muy característica: ambas obras parecen una serie de escenas aleatorias ordenadas de una manera cronológica sin un fondo argumental claro. Sí, hay puntos brillantes pero se terminan perdiendo en el conjunto.

Narrativamente hablando es difícil hacer incluso una sinopsis de la película: aquí optamos por escribirla como la historia de la pareja pero basta una simple búsqueda en internet para darnos cuenta de que no a todos les queda claro. Como tal no es una biografía de Bernstein, es una exploración de él como persona y cómo fue cambiando en distintos momentos en relación con Felice. El problema es claro, ¿cierto?

Quien no conoce a Leonard Bernstein entra y sale de la película de la misma manera. Más allá de una escena a la media hora en donde se dice que el protagonista ha hecho a sus treinta y tantos años de edad cierto número de obras, en donde destacan dos bandas sonoras para películas, no sabemos más de su legado. Entendemos que es muy famoso y que siente un amor y una emoción casi mágicas por la música, pero a eso se reduce su carrera artística en la historia. Con Felice pasa lo mismo.

Si el objetivo de la película es hacer una exploración emocional de los personajes más que profesional, la manera de hacerlo es muy pobre, porque a pesar de las increíbles actuaciones de Bradley Cooper y Carey Mulligan, es difícil conectar a nivel sentimental con ellos. No habrá una sola lágrima derramada por el público en la escena más triste y esto lo podemos asegurar.

Para lograr dicha conexión, Cooper intenta llenar la cinta de momentos emocionantes o tiernos, según la ocasión, y aunque lo logra hacer en una escena musical casi al final de la película, todo lo demás se siente tan artificial y montado que pierde cualquier rastro de encanto. Los bailes de los hijos, la escena de teatro musical, cuando Leonard y Felice se conocen… ejemplos sobran.

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Por fortuna, en cuanto a los aspectos técnicos la cosa cambia para bien, empezando por la fotografía. Como se comentó anteriormente, la película divide los dos espacios temporales en donde se sitúa gracias al uso del blanco y negro para mostrar sus primeros diez años de relación y el color para sus últimos años de vida. Especialmente en la primera mitad es donde podemos ver planos absolutamente brillantes con una creatividad desbordada.

Asimismo, las actuaciones de Bradley Cooper y de Carey Mulligan son memorables a pesar de los huecos en los personajes. De él destaca principalmente su capacidad de dar en el clavo al paso del tiempo —el cambio en su voz es genial— y de ella su capacidad expresiva en los momentos más difíciles.

Además el maquillaje es digno de premios: es todo un deleite ver la caracterización de Cooper con las marcas del tiempo como las arrugas o las mismas manos en sus últimos años. Excelente en este sentido.

En conclusión, nos encontramos con una película que si no pasa al olvido en unos años será más por sus características técnicas que por otra cosa. Bradley Cooper tiene mucho talento y se pueden ver pinceladas de algo que desgraciadamente esta cinta no es.

Crítica de 'Maestro' de Bradley Cooper