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Aleix Sales | @Aleix_Sales
Dentro de las tendencias del cine europeo de la última década y, poniendo la lupa sobre un espacio geográfico más concreto, del cine catalán que ha poblado las pantallas y constituído ya muchas cartas de presentación para directoras y directores, está el coming-of-age de corte naturalista, nacido en las escuelas de cine y cultivado en distintos laboratorios, con exponentes claros como Carla Simón, Elena Martín Gimeno o Meritxell Colell. Esta última es una de las mentes pensantes del guión de Estrany riu, debut en el largometraje de Jaume Claret Muxart tras su paso por la Elías Querejeta Zine Eskola. Y la escritura pausada, mínima y reposada en el vaivén de la naturaleza de la autora de Con el viento (2018) empasta con la mirada de un nombre de la generación Z como Muxart, que busca desmarcarse un poco de la tónica habitual de este tipo de propuestas aportándole un halo más poético deudor de maestros como Jean Vigo o Jean Epstein.
Estrany riu se enmarca en un contexto burgués al relatar, de un modo depurado, el viaje estival en bicicleta de una familia siguiendo el curso del río Danubio -al cual regresa después de su cortometraje Los Danubios (2023)-, el río del título, con el que Muxart establece una metáfora y un simbolismo con esa iniciación, autodescubrimiento y aceptación que todo el mundo vive en la adolescencia, tanto desde la vertiente sexual como desde la relacional en la que se va en busca de la emancipación de las dinámicas de la infancia. Ese río extraño, con presencias inquietantes y un clima un tanto incómodo, es un torrente en el que inevitablemente habrá que sumergirse, tomar su cauce y, como bien aconseja, dejarse llevar por la corriente. El cineasta catalán ofrece un punto de vista sobre la sexualidad más avanzado y abierto, en el que la no heterosexualidad no es retratada desde el victimismo o el choque dramático, sino integrado desde la fluidez de la perspectiva de las nuevas generaciones, con lo que el punto de partida se encuentra en un estadio superior, lo que le permite discurrir por otros senderos en la película y sí proporcionar una lectura diferente a lo habitual en estos casos. Sin embargo, a pesar de sus buenas bases de arranque, al resultado final se echa en falta un poco más de carne en el asador a nivel discursivo, ya que su tesis termina cayendo en un lugar más común de lo que cree.
Donde la película brilla más es en el ojo de Muxart para crear una obra muy sensorial, llena de vida en la calma de sus encuadres. No obstante, a veces se ensimisma demasiado y esto genera una cierta distancia emocional hacia el material tan sensible e íntimo con el que trabaja. En esta mezcla del naturalismo y el onirismo, la balanza tampoco se encuentra del todo equilibrada, ya que el apartado imaginado por momentos resulta un tanto forzado y redundante -dando lugar, eso sí, a secuencias de contrastada belleza-, mientras que el tramo realista, bien y sutilmente construído, deja con ganas de más. Es decir, el film acaba despertando casi más interés por los progenitores, su bagaje y sus maneras de hacer que por el proceso transformativo interior del protagonista, hecho que supone un ligero problema para el corazón de la película.
Como en toda primera obra, Estrany riu presenta algunos elementos por pulir en las escritura, como las mencionadas anteriormente, y algún abuso de recursos inherentes que Muxart seguro que puede calibrar en trabajos posteriores, pero también deja a su paso muchas virtudes como ese adecuado reparto donde destacan Nausicaa Bonnín, Jordi Oriol y un fotogénico Jan Montaner, con muchas reminiscencias al Timothée Chalamet de Call me by your name (Luca Guadagnino, 2017); así como el buen gusto en la puesta en escena (notable uso de la música y la fotografía de Pablo Paloma). Pero, sobre todo, acierta mucho en no apostar por el diálogo en sus momentos poéticos y fiarlo todo al gesto y a la cámara, en una confianza plena con el medio que reconforta. Como la enseñanza clave que propone, esperamos que la trayectoria de Muxart crezca y fluya sin miedo, aunque ya zarpa desde un puerto con suficientes fundamentos estimables.




