CINE

‘La virgen de la Tosquera’: los terrores adolescentes

Se mueve entre la agonía de la añoranza adolescente y un entorno inquietante que cuestiona la realidad convencional.

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Fran Nieto

Con el turbulento telón de fondo de la Argentina de principios de 2001 —un período marcado por una crisis económica, disturbios populares y cambios en los indicadores culturales—, la película presenta un cuadro impactante de una nación en crisis. En el centro de la historia se encuentra Natalia, una joven de 19 años cuyas experiencias encapsulan la cruda intensidad de la juventud, mezclada con una inquietud fantasmal. Se mueve entre la agonía de la añoranza adolescente y un entorno inquietante que cuestiona la realidad convencional.

El impacto de esta obra reside en su capacidad para reflejar las tensiones del malestar personal y colectivo

Hay varias ideas intrigantes en La Virgen de la Tosquera, el último trabajo de la directora argentina Laura Casabé, pero la película nunca llega a ser más que la suma de sus partes. El guionista Benjamín Naishtat presenta una variedad de matices dispares en un film de género sobre la transición a la adultez, sobre una chica que lidia con su inminente madurez, con algunos triunfando más que otros. Independientemente de la historia en general, la película se centra en la impresionante actuación de la debutante Dolores Oliverio, y su presencia es de gran ayuda cuando la trama empieza a decaer.

Si bien no se trata de una película de terror en lo más amplio de su concepto, si que flirtea con lo macabro y oscuro cuando Natalia (Oliverio) encuentra algo o alguien que la incomoda. Esta infusión estilística tiene sentido, ya que ser adolescente conlleva sus propios horrores. Viviendo con su abuela tras ser abandonada por sus padres, Natalia sobrevive yendo al cibercafé local (la película transcurre en 2001) y evitando la violencia ocasional en la calle fuera de casa. Afortunadamente, el verano le brinda la oportunidad de conocer a Diego (Agustín Sosa), un chico malo agotado.

Pero Natalia tiene que competir por el afecto de Diego con Silvia (Fernanda Echeverría), una chica mayor y presumiblemente más genial. Esto impulsa a Natalia a madurar lo más rápido posible, y es donde el desarrollo argumental finalmente recupera energía. Va a un club y prueba la cocaína. Visita un burdel. Empieza a usar ropa más sugerente y se baña desnuda en la cantera del título con sus amigos, Diego y Silvia. Se vuelve más conflictiva con el novio de su abuela. A lo largo de todo esto, Oliverio proyecta una confianza serena y una ingenuidad juvenil mientras se lanza de cabeza a lo desconocido.

Casabé utiliza un motivo visual recurrente de sangre a lo largo de la película para infundir terror y recalcar la adolescencia de Natalia. Nada más comenzar observamos a Natalia menstruando, pero hay un ominoso carrito de compras afuera de su casa, donde la sangre gotea constantemente. Los elementos sobrenaturales, aunque utilizados con moderación, funcionan más en teoría que en la práctica. La rabia de Natalia ante un amor no correspondido tiene sentido como experimento tonal y para revolucionar el género, pero casi se produce a expensas del desarrollo de Natalia o Diego como personajes. Resulta generoso establecer la conexión entre la adolescencia y el misticismo, y quizás si Casabé hubiera desarrollado esto más, conectaría mejor con el espectador.

El enfoque del director extrae emociones sinceras mediante un encuadre meticuloso y un ritmo pausado. Su técnica narrativa a menudo parece guiñarle un ojo al público, dejando espacio para un toque de humor irónico cuando la carga del momento es casi insoportable. El impacto de esta obra reside en su capacidad para reflejar las tensiones del malestar personal y colectivo, invitando al espectador a reflexionar sobre las repercusiones del cambio que resuenan tanto en la pantalla como en la sociedad.

En definitiva, hallamos más cosas buenas que malas en La Virgen de la Tosquera, con Laura Casabé insertando un mensaje omnipresente sobre los peligros de madurar demasiado rápido, y con Dolores Oliverio ofreciendo una actuación que supera su edad.