Arde Bogotá enciende el Mad Cool y toma el trono del rock español
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Vicente I. Sánchez | @Snchez1Godotx
Un dato nada menor: desde aquella primera edición del Mad Cool en 2016, cuando unos brillantes Vetusta Morla inauguraron el festival, ningún grupo español había encabezado el cartel del escenario principal. Por eso, que anoche Arde Bogotá congregara a 50.000 personas en la tercera jornada del festival no solo es un hito, sino una reivindicación necesaria y largamente esperada del lugar que merece la música en español en este tipo de eventos.
Y no, no vale eso de que a Arde Bogotá se les puede ver en cualquier sala o ciudad. Porque Mad Cool no es un festival cualquiera. Tocar allí equivale a respeto, a consagración. A estar en lo más alto.
Desde esta perspectiva, el concierto de los murcianos solo puede describirse como imponente. Los de Cartagena salieron a escena con Veneno, de su álbum Cowboys de la A3, y a partir de ahí ofrecieron una lección de rock e indie con una intensidad arrolladora. El set fue un viaje emocional en el que sonaron temas como Virtud y Castigo, La Salvación, Flores de venganza, o ese himno esperanzador y cósmico que es Exoplaneta, la canción con la que, como suele explicar su vocalista Antonio García, comenzó todo.
Durante hora y media, Arde Bogotá demostró por qué ya son una banda consagrada. Con la retirada temporal de Vetusta Morla, han recogido el testigo como la banda española más importante del momento, gracias a un repertorio sólido, maduro y brillante. Canciones como La torre de Picasso, Los perros o Cariño —con la que cerraron el show— no son solo éxitos: son prueba de que se puede hacer rock con mensaje, con alma y con identidad. El concierto fue mucho más que una actuación: fue una declaración de principios. El reflejo de que todo se ha hecho bien... y de que, ahora mismo, no tienen techo.
Sin embargo, el concierto más esperado de la jornada, al menos por fenómeno fan, fue el de la californiana Olivia Rodrigo, que el festival programó justo después de Arde Bogotá. En una decisión polémica, no se programó ningún otro concierto en ese horario, lo que dejó a muchos asistentes ante el dilema de quedarse o marcharse. En mi opinión, una especie de "secuestro musical". En fin, nos quedamos. Y aunque el cambio de estilo fue radical, lo cierto es que Olivia Rodrigo demostró por qué está llamada a ser una gran estrella del pop, aunque su reino sea el de Disney.
Con apenas 22 años, canta con solvencia, tiene presencia escénica y está respaldada por una banda de músicos de altísimo nivel, lo que garantiza un espectáculo sólido. Su show fue energético, colorido y vibrante, ideal para su legión de jóvenes seguidoras, muchas de las cuales probablemente vivieron su primer gran festival. Deja Vu, Traitor o Good 4 U fueron coreadas como auténticos himnos generacionales.
En lo personal, Rodrigo puede resultar tan atractiva como algo anodina, pero eso no le resta mérito: lo que ofrece es pop fresco y efectivo, sin más pretensiones que emocionar y conectar. Y en eso, cumple.
Menos mal que después llegó la electrónica elegante, salvaje y sofisticada de los franceses Justice, y pudimos desquitarnos bailando al ritmo de sus grandes himnos. Su directo fue una descarga de luz, ritmo y potencia, que transformó el recinto en una rave feroz.
La jornada también contó con nombres de peso como Glass Animals, Girl in Red, y unos magníficos St. Vincent, que ofrecieron uno de los conciertos más memorables del día. La banda liderada por Annie Clark derrochó sensualidad, elegancia y potencia en un directo impecable. Canciones como Rosyln y Big Time Nothing ya son pequeñas joyas de culto, y en directo brillaron con una intensidad casi hipnótica.
En el lado opuesto, el punto más flojo vino de la mano de Thirty Seconds to Mars, con un Jared Leto desubicado, más preocupado por la parafernalia que por la música. El show fue un despliegue de purpurina, confeti y fuego, pero con poca sustancia. En su defensa, es justo señalar que la banda sufrió contratiempos logísticos debido al temporal en Barcelona, lo que provocó la cancelación de su tren y vuelo a Madrid. Finalmente, llegaron al festival con 20 minutos de retraso, y que lograran sonar temas como A Beautiful Lie o The Kill ya fue casi un milagro.
Así cerró una tercera jornada en la que el rock en español no solo estuvo presente, sino que fue protagonista. Arde Bogotá no quemó Mad Cool: lo iluminó. Larga vida al espíritu indie.