<---Taboola---> <---Taboola---> #TEMP
jueves. 29.09.2022
Arquivo-Timothy-McCarthy-Art-Resource-NY

Actualmente, la antropología de las emociones es un campo de especialización bastante activo, a juzgar por el número de publicaciones, siendo un campo multidisciplinario. Esto se debe a la naturaleza de su objeto: las emociones son fenómenos psíquicos que involucran la dimensión del cuerpo, son pensamientos corporeizados. Asimismo, se trata de hechos sociales, pues sus manifestaciones están pautadas por el entorno grupal y por sus formas culturales.

  1. Lista de emociones
  2. La culpa es un sentimiento
  3. Religión y culpa
  4. Reflexión freudiana

Lista de emociones

Desde una perspectiva naturalista/universalista se afirma que existe un conjunto limitado de emociones básicas o primarias, universales, posiblemente innatas, que suelen describirse asociadas a reacciones corporales y fisiológicas observables. Así, por ejemplo, Izard y Buechler establecen la siguiente lista de emociones: interés, alegría, sorpresa, tristeza, ira, repugnancia, desprecio, miedo, vergüenza y culpa. En esta clasificación, las emociones básicas cumplen un papel análogo al de los colores primarios en la teoría del color: son elementos simples que a partir de sus combinaciones dan origen a múltiples compuestos, derivados o secundarios. De modo que existirían también emociones secundarias (p. e. sorpresa + miedo= espanto).

La culpa necesita tres elementos de la percepción que utiliza el sistema emocional: la noción del tiempo, nuestra influencia en los acontecimientos y la libertad de poder haber actuado de modo diferente

La culpa es un sentimiento

En este artículo vamos a referirnos a la culpa. La culpa es un sentimiento no es una emoción. Emoción y sentimiento son una evaluación que realiza el sistema emocional de nuestra situación en un momento determinado. La diferencia estriba en que mientras que hay solo seis emociones básicas, que son además transculturales, pertenecen al ser humano con independencia de raza, sexo, etc. (incluso los mamíferos superiores tienen algunas de estas emociones en la dotación de su sistema emocional), el sentimiento es una emoción almacenada, es decir una elaboración de nuestro sistema emocional, que puede llegar a una gran complejidad en el ser humano.

La culpa necesita tres elementos de la percepción que utiliza el sistema emocional: Primero, la noción del tiempo. No es solo memoria, que sería recordar un evento para incorporar la experiencia adquirida al momento actual, sino algo más, el pasado influye en el presente. El segundo elemento es la percepción de nuestra influencia en los acontecimientos: Hay algo que se produce cuando actuamos. Nuestra acción produce resultados, y además actuamos con intencionalidad, buscando un determinado efecto, y así establecemos el principio de causa efecto, que liga ambos. El tercer elemento es la libertad: podríamos haber actuado de otro modo, de un modo diferente a como lo hicimos. Es decir, algo notable y muy importante, aparece la percepción de que podríamos haber actuado de otro modo, lo que implica que no estamos obligados o condicionados a actuar de un único modo.

La culpa era un tema de particular importancia dentro de la percepción del orden y la religión.

Religión y culpa

No quería dejar de referirme, aunque sea sucintamente, a la relación de religión y culpa. El paradigma cristiano que tiene como fundamento la culpa por el dolor de ser expulsados del Edén y perder el Paraíso, origen del “pecado original. Así, la culpa es una idea judía ó mejor dicho, es una idea bíblica. La mítica “Eva” tuvo la culpa de todos los dolores del mundo por su curiosidad y Adán por su permisividad.

Por tanto, la culpa se hereda a un mundo que está expuesto a las mismas condiciones por las cuales ambos fueron condenados. Todos podemos ser víctimas de nuestra curiosidad, malicia y pasividad. La Talmud es una recopilación de reglas básicas de supervivencia entre tribus judaicas y en ella la culpa (el Temor a Dios) había sido utilizada como una percepción elemental sobre un castigo extraordinario en caso de romper alguna de las duras exigencias de los libros tribales.

La idea tiene su sentido: buena parte de estas tribus carecían de orden e incluso, estructura social hasta que finalmente, se volvieron sedentarias y comenzaron a construir una vida en común basada en la convivencia forzosa. De aquí quizás, el mito de Caín y Abel; uno agricultor y el otro pastor, parecían representar las dos vertientes de una sociedad primitiva que intentaba sostenerse sobre una mirada mucho más organizada acerca de si misma. Una idea interesante, si la analizamos desde el punto de vista, de que ya desde entonces, la culpa era un tema de particular importancia dentro de la percepción del orden y la religión.

Siguiendo a Freud la culpa surge por la colisión entre el Ello (instinto) y la norma/ley (el Superyo) que constriñe al Yo

Reflexión freudiana

Pero en la culpa no todo es atribuible a la religión. La culpa, en efecto, es algo que acompaña la experiencia humana como una sombra, y tanto más cuanto más parece neutralizada, silenciada, anestesiada. Ella es sin duda la herencia de la humanidad. No sólo nos lo recuerda la Biblia en el relato del pecado original. Freud, por ejemplo, hace del sentimiento de culpa la percepción que en el Yo vendría a corresponder a la acción del Superyó –o bien a la crítica, a los reproches del Superyó- instancia que, según Freud, se constituye por la asunción de las prohibiciones parentales en el ocaso del Edipo.

Después de haber inicialmente situado el sentimiento de culpa en el inconsciente, Freud más tarde especificará –resolviendo así la contradicción intrínseca al concepto de un sentimiento de culpa que se advierte pero que no es menos inconsciente- que la causa de la culpa es inconsciente y que sólo sería consciente la sensación de culpabilidad.

La reflexión freudiana sobre el sentimiento de culpa procede de una gran cantidad de paradojas. De un lado, como nos enseña en “Tótem y tabú”, el sentimiento de culpa juega un rol esencial en la constitución de las sociedades humanas: aquí el sentimiento de culpa aparece como derivado de la represión del complejo de Edipo. Por el contrario, en el Yo y en el Ello, el sentimiento de culpa, más que construir, parece subvertir el orden social.

Freud lo subraya especialmente en “El malestar en la cultura”, cuanto más virtuoso es el individuo, más oprimido está por el sentimiento de culpa. Tal articulación entre la culpa y la ley, en permanente oscilación entre una culpa que genera ley y una culpa que la viola invocando la prohibición, no es más que una parte de la cuestión y de todos modos resulta interesante para orientar fuertemente nuestra reflexión sobre la estrecha relación que subsiste entre ley y culpa. Por tanto, siguiendo a Freud la culpa surge por la colisión entre el Ello (instinto) y la norma/ley (el Superyo) que constriñe al Yo.

Por último, compartir esta reflexión de William Shakespeare: “Dueños de sus destinos son los hombres. La culpa, querido Bruto, no está en las estrellas, sino en nuestros vicios”.

La culpa, ¿sentimiento o emoción?