lunes. 04.03.2024

Nació en Philadelphia, el 16 de diciembre de 1901, su padre era profesor de Economía en la Wharton School. En el año de 1923, Margaret Mead se graduó del Colegio Barnard, que era una escuela para mujeres afiliada a la Universidad de Columbia. Había cursado la mayoría de sus materias en Psicología, carrera que le interesaba mucho y que le motivó a estudiar el desarrollo infantil. Se doctoró en antropología en 1929, en la Universidad de Columbia, donde fue discípula de Franz Boas y Ruth Benedict.

Margaret Mead se casó tres veces, con hombres, y aunque nunca se identificó abiertamente como lesbiana o bisexual, convivió los últimos 20 años de su vida con la también antropóloga Rhoda Metraux. En 2006 la hija de Mead publicó las cartas entre ellas y queda clara la relación amorosa. 

Mead fue la primera antropóloga en estudiar la educación y crianza de niños en las distintas culturas. Sus trabajos sobre teoría de la enseñanza son actualmente una referencia básica. De hecho, se puede decir que a partir de Mead se despertó el interés en el estudio de la infancia y la mujer dentro de la disciplina antropológica.

Mead fue la primera antropóloga en estudiar la educación y crianza de niños en las distintas culturas

En 1925 realizó su primer trabajo de campo en Samoa, centrándose en el estudio de las chicas adolescentes, y en 1929 viajó (acompañado de su esposo, Reo Fortune) a las islas Manus, de Nueva Guinea, donde investigó sobre las historias, cuentos y relatos utilizados por adultos para la educación y socialización de los niños.

La experiencia de Samoa, plasmada en su libro “Coming of Age in Samoa”, fue ampliamente conocida, y el trabajo pronto se convirtió en un best seller, traducido a varios idiomas. En esta obra por primera vez se plasmó la idea de que el carácter que el individuo adquiere a lo largo de los estados de crecimiento y socialización acaba siendo definido de acuerdo con las necesidades específicas de cada cultura. De esta forma, el carácter del adolescente (ya sea agresivo, pacífico, introvertido…) puede estar definido y ser característico en función del entorno donde se ha criado.

Su trabajo de campo en Guinea sirvió, entre otros aspectos, para demostrar que los roles de género difieren de una sociedad a otra. Posteriormente, en Bali, junto con Gregory Bateson (su tercer marido), exploró nuevas formas para documentar el paso de la niñez a la etapa adulta, y la forma en la que la sociedad plasma este tránsito a través de símbolos. Una de las convicciones de Margaret Mead era que las condiciones culturales son más determinantes que las características genéticas en el comportamiento humano; lo que rápidamente trasladó al análisis de los roles de género y al desarrollo humano.

A partir de esto comparó varias culturas que eran consideradas como “primitivas”, con la cultura norteamericana. Dadas las condiciones culturales del momento en el oeste estadounidense, su pensamiento resultó muy innovador, aunque al mismo tiempo obtuvo respuestas negativas. En términos generales, Mead tenía una perspectiva muy liberal sobre la sexualidad, que fue visible no sólo en sus trabajos académicos, sino en sus experiencias relacionales. Es decir que, su perspectiva tanto académica como privada estaba muy cercana al relativismo cultural y al relativismo moral sobre la sexualidad, lo que la colocó también en el centro de muchas críticas moralistas y controversias en el mundo académico.

Una de las convicciones de Margaret Mead era que las condiciones culturales son más determinantes que las características genéticas en el comportamiento humano

La teoría del género de Margaret Mead

Las observaciones de esta antropóloga reflejaron que en diferentes culturas los roles atribuidos a hombres y mujeres eran diferentes. A partir de ello se deduce que, al contrario de lo que se pensaba en la época, las diferencias biológicas existentes entre ambos sexos no determinan el funcionamiento social que deben tener hombres y mujeres, sino que es la crianza y la transmisión cultural la que incita a la existencia de la mayor parte de diferencias sociales. De este modo, el comportamiento, los roles y los rasgos atribuidos a cada sexo no se encuentran vinculados al sexo en sí. 

El motivo de que en algunos lugares el rol sea uno u otro puede encontrarse en que cada cultura, en sus inicios, establece un carácter o patrón de actuación deseable para sus componentes. Un patrón que termina por ser interiorizado y replicado a través de las generaciones. En base a ella, la autora consideraba que había que disminuir la rigidez de los roles de género y las diferencias que estos comportan, de manera que ambos sexos pudieran desarrollarse plenamente. La teoría del género de Mead, que refleja a este como una construcción social, ha tenido repercusiones en diversos sentidos. La búsqueda de la igualdad de sexos y la progresiva difuminación de los roles y estereotipos de género han sido facilitados por estas investigaciones. 

Asimismo, si bien la autora no hizo gran hincapié en ello en sus investigaciones, también ha contribuido e impulsado que otros investigadores contribuyeran a derribar mitos y creencias respecto a la orientación y la identidad sexual.

La búsqueda de la igualdad de sexos y la progresiva difuminación de los roles y estereotipos de género han sido facilitados por estas investigaciones

Margaret Mead y Ruth Benedict crearon una nueva corriente dentro de la Antropología que se denomina Escuela de la cultura y la personalidad, y que, a partir de los años 60 se convirtió en la Antropología Psicológica. El enfoque de esta Escuela tiene claras influencias de Freud en el intento de explicar las culturas en términos psicológicos y del antievolucionismo de Boas, y que puede ser descrito como una forma psicológica del funcionalismo que relaciona creencias y prácticas culturales con la personalidad individual y viceversa, considerando de crucial importancia las experiencias de la primera infancia para configurar la personalidad posterior. 

Algunos seguidores de la Escuela buscan explicar las similitudes y diferencias culturales como consecuencia de una personalidad básica, típica o prevalente en cada cultura. Así, tenemos como una característica propia de esta corriente incluir referencias a términos y conceptos sobre la vida mental y emocional de los individuos de una comunidad en las etnografías.

A pesar de partir de las teorías freudianas, la Escuela hizo esfuerzos por eliminar algunos elementos esenciales de la misma, ya que no casan fácilmente las fases evolutivas estándares de Freud con la premisa de Mead y Benedict de que la personalidad de un individuo depende en gran medida de su cultura, ya que es el resultado de la socialización vivida dentro de ella. 

Por ello se puede hablar de una etapa postfreudiana tras la revisión hecha por las autoras, en la que se otorga gran importancia a las experiencias de la primera infancia, tales como normas de limpieza, pautas de conducta sexual, rivalidad entre hermanos, etc., puesto que son elementos que contribuyen al proceso de enculturación, y se adopta una postura ecléctica respecto a principios tales como la represión, sublimación, complejos de culpa, ansiedad, etc. En los años 50 y 60, tras el desarrollo de la psicología behaviorista de Hull y Skinner, la Escuela tomará un enfoque “más científica”, buscando, sobre todo, la verificabilidad intersubjetiva y apostando por la intervención activa en la modificación de los patrones de conducta.

Sus aportaciones se convertirán en una referencia ineludible en el nacimiento de la Antropología feminista

Pero las aportaciones de Mead a la Antropología no vienen tan sólo de la creación de la Escuela, sino que sus conclusiones acerca de la formación de los roles sexuales como una creación cultural, y entender que la mujer como sexo débil o sometido naturalmente al varón es algo que no viene dado por la naturaleza, las convertirá en una referencia ineludible en el nacimiento de la Antropología feminista, y más tarde, figuras destacadas en la literatura antropológica sobre la homosexualidad o el transgenerismo. No hicieron ellas mismas aportaciones teóricas acerca de estos temas, pero se deduce de su premisa de la maleabilidad humana por la cultura, y las variaciones entre unas y otras en cuanto a creaciones de roles sexuales, que nada es dado por naturaleza, y menos que nada el sometimiento de media humanidad a manos de la otra media. Esta misma argumentación las llevó a luchar contra el racismo, o idea de que la naturaleza ha creado unas razas superiores a otras. 

Uno de los rasgos más importantes en Margaret Mead es su concepción holística de la cultura. Esto se expresa a través de la interconexión y relación de todos los diferentes aspectos de la vida humana. Por ejemplo, la forma de obtención de alimentos no puede ser comprendida sin el estudio del ritual y las creencias, o las dinámicas políticas no pueden ser separadas de la educación o del arte. Fue dicha visión holística lo que le convirtió a lo largo de su vida en una especialista en todo tipo de aspectos culturales.

Por último, compartir esta reflexión de Milan Kundera: “La cultura es la memoria del pueblo, la conciencia colectiva de la continuidad histórica, el modo de pensar y de vivir”. 

Una aproximación a la obra de Margaret Mead