lunes. 04.03.2024
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Ainhoa Mela | @ainhoacriticas

Apostando por el más puro cine de autor, Manuel Martín Cuenca vuelve tras “La hija” (2021) decidido a romper con su pasado. Dando una muestra de ser uno de nuestros directores más polivalentes, el realizador acaba con la tónica de unas películas anteriores llenas de esa crudeza humana que rompe todas las reglas, para traernos una historia cuya aparente simplicidad no abandona la belleza. Dejando que sea la propia vida la que hable, Manuel Martin Cuenca abandona su objetivo en medio de una Cádiz luminosa y deja que sean unos gaditanos cualesquiera quienes cuenten su propia historia.

Así, “El amor de Andrea” se asoma a uno de esos dramas familiares que se repiten quizás demasiadas veces. Y es que, a pesar de su juventud, Andrea parece ser la persona más madura de su familia. Lejos de ser una de esas rebeldes sin causa con la que el cine acostumbra a representar a los adolescentes, Andrea cuida de sus hermanos pequeños y hace frente con madurez a unos padres que no han sabido gestionar un divorcio doloroso. Con sólo 15 años, Andrea se niega a comprender a un padre desentendido de sus tres hijos y a una madre trabajadora que acepta con agrado la ausencia del progenitor. La obstinación de Andrea la llevará a luchar por una relación normalizada y el amor de un padre que no deja de resistirse a quererla.

Con muchos silencios y escenas de una de una vida cotidiana y monótona se inicia un drama que se vislumbra desde sus primeros compases. Pero lejos de caer en el aburrimiento y en la intrascendencia del relato, “El amor de Andrea” se descubre como un bonito canto a la familia, también a la que uno elige. Y es que lo que evita que esta película sea una más de esas cintas realistas sobre los dramas cotidianos son precisamente las grandes y un tanto inusuales decisiones del director quien, alejándose de las técnicas más tradicionales, narra con sus reglas una historia que emociona.

Para contar una historia que grabó en riguroso orden cronológico, Manuel Martín Cuenca eligió a un elenco de jóvenes actores nóveles que eran desconocedores de cuál iba a ser la réplica de sus compañeros, el desarrollo de la historia o la evolución de sus propios personajes. Como una novela por entregas, Manuel Martin Cuenca sólo daba a conocer a los actores sus líneas de cada día apostando todo a un método en la que la improvisación siempre presente llena de luz una historia oscura y dolorosa.

Adentrándose en un mundo desconocido para ella, Lupe Mateo lleva sobre sus hombros una película en la que ella es la absoluta protagonista. Presente en cada una de las escenas, vemos crecer presencia y madurez a la actriz y a su personaje con el paso de las escenas grabadas en orden cronológico. Con timidez, Lupe empieza dando vida a una Andrea callada y confusa que parece una triste espectadora de una vida que la hastía y de la que intenta evadirse. Pero de manera casi mágica, vemos crecer ante nuestros ojos a la actriz y su “alter ego”.

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Dejando atrás la timidez, Lupe Mateo dota de un carácter determinante a una Andrea que, con el paso de las escenas, se rebela con amor y obstinación haciendo que a la emoción se una la impotencia de ver a una hija que lucha desesperadamente por conseguir el amor de un padre que constantemente la rechaza.

A Lupe Mateo le acompañan en esta aventura Fidel Sierra y Cayetano Rodríguez, dos pequeños actores que, a pesar de su juventud e inexperiencia, consiguen aportar lo que no se enseña en las escuelas de interpretación: la inocencia que aparece de manera recurrente como un gran oasis en medio del desierto. Con naturalidad los niños consiguen transmitir una historia de sentimientos encontrados que no tiene miedo a adentrarse en la complejidad del ser humano.

De una historia aparentemente sencilla, pero por muchos escuchada en otros lugares y con otros nombres, Manuel Martín Cuenca arriesga y gana. Regresando con una película pequeña e intimista, el director se adentra en el difícil mundo de las familias tóxicas lejos de cliques, sentimentalismos y melodramas dando una nueva muestra de que con Manuel Martin Cuenca ningún espectador se queda indiferente.

‘El amor de Andrea’: Manuel Martín Cuenca arriesga y gana con un drama tan real como la...