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miércoles. 08.02.2023
POEMAS DE INFANCIA DESAMPARADA

“Niña pluma, niña nadie”: poemas de infancia desamparada

Mar Benegas (Ribarroja, 1975) presenta con Niña pluma, niña nadie, su primer libro, una propuesta poética interesante y diferente a la poesía que habitualmente se ve en poetas de su generación.

El centro temático de la obra es el desamparo, la inocencia, la soledad; los protagonistas de sus poemas son los niños, como símbolo del dolor de la víctima que nunca tuvo ni culpa ni oportunidad de defenderse.

Niña pluma, niña nadie es un libro tan breve como intenso, dividido en dos partes de catorce poemas cada una (Los niños y ella y ¿de dónde llega?). Poemas escritos en metro libre y huyendo de la rima (salvo algunas asonancias que se escapan a lo largo del libro, no sabemos si conscientemente o no); versos habitualmente cortos, como balbuceos de vulnerabilidad y ternura, tomando el punto de vista puro y tendente al símbolo y la asociación de ideas de la infancia: “Los niños siempre tenemos hambre / y comemos serrín o cristales / según el día lleve zapatos / o venga vestido de brumas”. El lenguaje elegido resulta efectivo y certero, etéreo (muy acertado el título Niña pluma) y luminoso, afinados en el tono de los versos centelleantes de Alberti o Juan Ramón.

Decíamos antes que los protagonistas de estos poemas son los niños y el daño que la crueldad, la maldad y el desamparo (la cruz de la moneda de la existencia, en suma) provocan en ellos, también aparece a lo largo de las páginas de Niña pluma, niña nadie el dolor de la maternidad ante el sufrimiento de los niños: ¿para qué traer vida a un mundo tan hostil? Aparece la madre no sólo como víctima también, sino como protectora, como compañera del llanto de su progenie: “No hay ojos en los pechos, / sólo pezones como ojos / llorando canciones de leche”. Pero el poemario no sólo trata a los niños como símbolo sin recordar su dolorosa realidad: también hay poemas dedicados a la situación de la infancia en el mundo (“los niños / con bracitos de alambre / desgranan la tierra, / lombrices ciegas que braman por dentro […] los niños / no / existen”, o en otro poema “ahí, justo / iremos a morir los niños / con un barco de puertas / y una oruga por lengua”).

La primera parte del libro, los niños y ella, alcanza una altura lírica muy interesante, con un conseguido equilibrio entre el tono etéreo y sutil que mencionábamos antes y las imágenes descarnadas y potentes. Ejemplo perfecto de ello es el noveno poema de esta parte:

          una colina dividida por un camino

          a un lado

          guerras de dientes afilados

          al otro

          pechos y madres, dando de comer a la tierra

          en la senda, justo en medio,

          una fila infinita de niños

          cada uno lleva una semilla,

          una sola

               en la espalda

          y conforme suben

               van cayendo sus simientes

                    a uno u otro lado

                         del camino

Este poema condensa a la perfección los temas tratados en este libro, además con un ritmo bronco y entrecortado como de llanto inconsolable: los niños, solos y vulnerables, puestos en medio de un fuego cruzado sin que puedan hacer nada por decidir en qué lado quieren instalarse.

La segunda parte del libro, ¿de dónde llega?, desarrolla los temas de la primera con una mirada más adulta que busca respuestas. Quizá por esto los poemas, que ganan en reflexión, se desinflan un poco en cuanto a la altura lírica; pero siguen hallándose versos de potencia poética auténtica (“y un color encarnado / me invadía por dentro / un océano rojo / de gritos y ventanas”; o el verso, enorme y bello, “yo soy la hija famélica del cobre”). Encontramos en estos poemas otros temas, como la vergüenza, la rabia por las oportunidades perdidas, la esperanza puesta en el futuro que representan los niños, y la redención que puede encontrarse en la palabra y la poesía. Temas que conectan con la vida y los problemas de la generación nacida en la postguerra española, que creció famélica y triste bajo una realidad gris, y que a veces parece cargar la vergüenza injusta de haber sido víctima.

Niña pluma, niña nadie es un libro interesante, luminoso aunque triste, breve pero de digestión lenta. Sólo por la primera parte, superior a la primera en lirismo, ya merece la pena adquirir este libro y dedicarle una lectura atenta. La edición del libro, correcta y elegante (aunque con alguna errata y un prólogo olvidable de Víktor Gómez) corre a cargo de Ediciones Amargord, dentro de la Colección Candela, que se propone divulgar la obra de mujeres desconocidas en el mundo de la poesía. Eligiendo este primer libro de Mar Benegas, a nuestro juicio, han acertado de pleno.

“Niña pluma, niña nadie”: poemas de infancia desamparada
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