Miércoles 26.06.2019

De represiones y errores antes del golpe del 76 en Argentina

El excelente artículo publicado en Nuevatribuna por el aniversario de los 43 años del golpe militar en Argentina, me inspira para escribir aunque con el corazón encogido por el vídeo de las madres del documental holandés. 

Nada más ilustrativo que algunos discursos, aparte de aquel que advertía que iban a perseguir hasta los indiferentes o el otro que decía que los subversivos no merecían llamarse argentinos

Mi madre sufría cuando decían “algo habrá hecho” quienes habían bajado la persiana para no enterarse de lo que sucedía, porque la lucha de las madres, las campañas que hicimos los que nos fuimos, eran silenciadas por la dictadura. Ya tenía casi los 30.000 desaparecidos registrados Amnistía Internacional cuando llegué a España y encontré a gente cercana en las listas. Pero ya habían muerto otros en años anteriores. Ya habían puestos explosivos en locales de izquierdas o en obras de teatro “subversivas” 

La represión organizada por los grupos paramilitares de las AAA, de la burocracia sindical más peligrosa, con la complicidad de la policía, campaba a sus anchas desde 1974. Desde que Perón llamó “imberbes que gritan” a la Juventud Peronista que era una especie de movimiento de masas de los Montoneros y mucho peor después de su muerte cuando se descubrieron panfletos de las tres A en locales yanquis. Aunque ya se sabe la responsabilidad de la CIA en la Operación Cóndor, siempre vale la pena recordar que empezó antes del golpe. 

Murieron militantes de izquierdas durante 1974 y 1975, otros pasaron a la clandestinidad, otros combatiendo a la burocracia de la CGT en los barrios y en algunos gremios pasábamos miedo a diario, algunas reuniones fueron clandestinas antes del golpe. Pero lo que suelo contar para ilustrar los errores que muchos no quieren reconocer, son dos situaciones de diferente dimensión. 

Por un lado, cuando Perón quiso limitar (casi prohibir) las Huelgas, la militancia de izquierdas y el peronismo llamado revolucionario, preparaban una movilización hacia la Plaza de Mayo desde los barrios. Por primera vez contra él. No se le ocurre nada mejor al ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo) que asaltar un cuartel del ejército, la noche anterior. El efecto inmediato dejó a todo el mundo en casa, porque las calles de Buenos Aires se llenaron de vehículos militares.

El otro ejemplo, menos global pero muy significativo del modelo político, fue durante una huelga de una fábrica. Llevaban varios días, la burocracia sindical amenazando a delegados sindicales no afines, gente de otros gremios colaborando en el reparto de panfletos por el barrio para no ser identificados por la policía o los paramilitares, el conflicto empezaba a generalizarse y a sentirse apoyado. No se le ocurre nada mejor a Montoneros que secuestrar al gerente para conseguir las reivindicaciones. No hace falta contar los efectos.

Es posible que no estuvieran maduras “las condiciones objetivas” y que la conciencia de clase no fuera adecuada, que los niveles organizativos dejaban mucho que desear, pero cuesta mucho que se reflexione sobre los propios errores porque las dimensiones del genocidio lo ocultan todo. No sé si alguien ha sabido transmitir la impresionante movilización de aquellos tiempos, la actividad política en los barrios, en los centros de trabajo, la progresión de los valores sociales de justicia social, que determinaron la necesidad del golpe militar para el imperialismo y la oligarquía nacional. Todo eso combinado con organizaciones dedicadas a la lucha armada, que se convirtieron en la excusa para el golpe militar, al igual que el desastroso gobierno de Isabelita y López Rega, heredado de las últimas elecciones ganadas por Perón.

No obstante, podríamos aprender mucho con la reflexión crítica y autocrítica, para no alimentar modelos que además de superficiales son trasladados a realidades que no soportan la mínima comparación rigurosa, ni política, ni económica, ni cultural, ni social. Aquella juventud se había criado con un Movimiento Peronista proscrito, que encarnaba lo reprimido, con colectivos y tendencias que fomentaron valores sociales, anti-imperialistas, revolucionarios. Inspiraciones llegadas del Che, mezcladas con discursos  escritos por el secretario socialista de Evita, en algunos círculos intelectuales marxistas formando cuadros. El enfrentamiento con la derecha peronista y con Perón era una evidencia que demasiada gente no supo anticipar, ni admitir y se quedaron sin respuesta. Porque en el fondo, no había modelo estratégico. Y esta enfermedad adolescente tan contagiosa en política, no pudo curarse por la acción salvaje de una de las dictaduras militares más sangrientas del siglo XX, porque perseguía generar el miedo y la parálisis de la ciudadanía. Nada más ilustrativo que algunos discursos, aparte de aquel que advertía que iban a perseguir hasta los indiferentes o el otro que decía que los subversivos no merecían llamarse argentinos. 

“…el terrorismo no es sólo considerado tal por matar con un arma o colocar una bomba, sino también por activar a través de ideas contrarias a nuestra civilización occidental y cristiana a otras personas…” 

“Una advertencia: padres, madres e hijos, las ideas nefastas de la izquierda marxista atentan contra nuestras familias, nuestra bandera, nuestra patria y nuestra libertad. Sepamos defenderlas”  [I].

¿A qué me suena?


[I] Bravo, N (2003): El discurso de la dictadura militar argentina (1976-1983).Disponible en Redalyc.org

De represiones y errores antes del golpe del 76 en Argentina
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