lunes 26.08.2019
La participación ha resultado superior al 53%

La izquierda colombiana ante su gran oportunidad histórica

Gustavo Petro tendrá que seducir a los votantes de Sergio Fajardo en la segunda vuelta, a quien superó por menos de 300.000 sufragios.

La izquierda colombiana ante su gran oportunidad histórica

Iván Duque se ha beneficiado del escenario de polarización construido por la derecha y los medios de comunicación que seguirá en aumento hasta el fin de la contienda

El uribismo ganó la primera vuelta de las elecciones presidenciales con contundencia. 2.718.000 votos separaron a Iván Duque de su perseguidor más inmediato: Gustavo Petro. Aun así el ex alcalde de Bogotá puede lograr el hito de convertirse en el primer presidente de centro izquierda que gobierne Colombia. Los números dan.

Petro tendrá que seducir a los votantes de Sergio Fajardo en la segunda vuelta, a quien superó por menos de 300.000 sufragios; y convencer a aquellos que depositaron su confianza en Humberto de la Calle, ex jefe negociador del Gobierno colombiano con las FARC.

Duque buscará entre los simpatizantes de Germán Vargas Lleras - candidato del presidente Juan Manuel Santos - la consolidación de la ventaja lograda en la primera vuelta.

La participación ha resultado superior al 53 por ciento, 12 puntos más que en las presidenciales anteriores. Tomando en consideración el aumento de votantes en las segundas vueltas, el próximo 17 de junio continuará el incremento. La participación del partido FARC, y el  respeto de las elecciones por parte de la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional han sido determinantes para dicho incremento. Aunque no solo por razones tan idílicas se ha producido.

Iván Duque se ha beneficiado del escenario de polarización construido por la derecha y los medios de comunicación que seguirá en aumento hasta el fin de la contienda. Los colombianos desayunarán con la alerta permanente de la llegada de un Gobierno progresista que subvierta la ley, el orden, e imponga el ‘castrochavismo’ de cartillas y diáspora que proyectan radios, periódicos y televisiones a diario.

Los colombianos desayunarán con la alerta permanente de la llegada de un Gobierno progresista que subvierta la ley, el orden, e imponga el ‘castrochavismo’ de cartillas y diáspora que proyectan radios, periódicos y televisiones a diario

En cualquier caso la izquierda puede ganar, y eso de por sí resulta una heroicidad que debería levantar el ánimo a quienes votaron por Petro y consideran que no podrá pescar en otros caladeros, y darle la vuelta a la desventaja con Iván Duque. Basta con revisar la historia para no infravalorar el resultado del pasado domingo.

La izquierda colombiana ha sido hostigada desde la creación de la Unión Obrera de Colombia en 1913.  Nunca hubo tregua para ella, incluso cuando en 1918  se normalizó la existencia de un abanico de organizaciones sociales compuestas por liberales críticos, comunistas, socialistas y anarquistas.

Aunque en las primeras tres décadas del siglo pasado Colombia no presentaba índices de violencia peores que los países de su entorno, para frenar las movilizaciones obreras se estableció la Ley de Huelga que facilitaba la contratación de obreros por parte de los patronos para suplir a los huelguistas. Se aprobó la Ley de Facultades Extraordinarias o Ley Heroica por temor a que algún proyecto que pudiera abanderar el Partido Socialista Revolucionario a finales los años 20.

Pese a las dificultades, sorteando la tónica que combinaba la represión, el paternalismo, y el débil sistema electoral, las organizaciones de izquierda colaboraron con los liberales como relata Jorge Orlando Meno en Historia mínima de Colombia.

Las administraciones de Alberto López Pumarejo y Eduardo Santos contaron con el Partido Comunista, los sindicatos y otras organizaciones atraídas por la idea de “la revolución en marcha” de López que prometía la modernización del país: la separación de la Iglesia y el Estado, los impuestos progresivos, y la solución al problema agrario. A estos postulados se adhirieron integrantes que procedía de la Unión Nacional de Izquierda Revolucionaria de Jorge Eliécer Gaitán. Incluso la Confederación de Trabajadores de Colombia (CTC) mantuvo su vínculo con el liberalismo hasta 1952. 

Es en la segunda mitad de siglo se incrementa la represión contra la izquierda, los jefes conservadores locales colaboran en asesinar a los liberales desde finales de 1947. A la histórica Marcha del Silencio de 1948 liderada por Gaitán, le siguió semanas después la represión policial en Manizales, y la muerte de 12 personas.

Jorge Eliécer Gaitán fue capaz de converger tres parejas de oposiciones a las que hacía referencia Daniel Pécaut: el antagonismo político entre pueblo y oligarquía; las contradicciones de clase y su liderazgo social; y enfrentamiento partidista. La fórmula llevaba al éxito pero su asesinato impidió que la izquierda ganara las elecciones.

Tras la creación de Juntas Revolucionarias que no prosperan, se incrementa la aversión y los temores del Partido Conservador, que se refería al liberalismo colombiano como un basilisco demoniaco con cabeza comunista y cuerpo liberal. 

Los conservadores queman las casas de Alberto Lleras y Alfonso López y las oficinas de los diarios liberales Semana y El Tiempo. Aparecen las contraguerrillas conocidas como ‘pájaros’, sicarios ligados a la oligarquía que además de cumplir con la venganza de sus clientes, se apropiaban de las fincas y ganados de las víctimas.

Caída la dictadura de Gustavo Rojas Pinillla. En los años del Frente Nacional en los que surgen las guerrillas, el Partido Comunista apoya al régimen en sus comienzos porque les concedía cierta representación y garantizaba una la apertura. El 19 de abril de 1970 el conservador Misael Pastrana gana las elecciones de forma fraudulenta. El pacto de Benidorm se da por terminado y se cambia el odio entre liberales y conservadores por redes clientelares fomentadas por ambos partidos.

El presidente Virgilio Barco nombró a una veintena de alcaldes de la Unión Patriótica durante su mandato en la segunda mitad de los 80, porque tenía la intención de terminar con la idea del Frente Nacional. Barco no evita el exterminio de la UP.  Más de 4.000 militantes fueron ejecutados con la participación de narcotraficanes, y fuerzas de seguridad del Estado. 

Entre ellos a los candidatos presidenciales Jaime Pardo Leal, y Bernardo Jaramillo. Cuyas muertes preceden a la de Carlos Pizarro cuando era candidato a la Alianza Democrática M-19. 

Casi tres décadas después de tratar de terminar a tiros con la esperanza de un presidente de izquierdas en Colombia, ningún análisis serio apunta que sea posible la implantación de un régimen ‘castrochavista’ en el país. Por el contrario el asesinato de Gustavo Petro, o el fraude electoral sí son posibilidades reales

Tan reales como como que la alargada sombra del paramilitarismo no resta votos a la derecha. 

The New York Times revelaba la pasada semana documentos desclasificados que confirmaban las sospechas estadounidenses de los nexos entre Pablo Escobar, y los hermanos Ochoa con Álvaro Uribe Vélez. Tampoco los indicios que relacionan al ex presidente con la parapolítica y los paramilitares. Autores de más de 1.600 masacres, 173.600 homicidios, 34.700 desapariciones forzadas, 77.100 casos de desplazamiento forzado y 3.600 secuestros según la Procuraduría. Asesinatos que organizaciones de derechos humanos cifran en más de 300.000. Crímenes detallados en el libro editado por la Universidad del País Vasco Presente y furor de Colombia en tiempos de Esperanza. 

Es conocido el papel de Uribe en las creación de las Convivir entre 1995 y 1997 durante su etapa como gobernador de Antoquia. En su mandato asesinaron a miles de personas, desplazaron a más de 200.000, y normalizaron formas de sicariato al servicio de narcos y terratenientes. 

Los falsos positivos según recoge Ejecuciones extrajudiciales en Colombia, 2002-2010. Obediencia ciega en campos de batalla ficticios, de Omar Eduardo Rojas y Fabián Leonardo Benavides podrían llegar a los 10.000. El triple de lo sabido hasta ahora. Son solo algunos hechos   contundentes que deberían inhabilitar al ex presidente a quien señala su dedo divino.

Todos esos horrores no restarán a fuerzas a Iván Duque. Favorito en ser el próximo inquilino de la Casa de Nariño. A diferencia de su adversario, no aspira a hacer historia, y gobernar con otras recetas alejadas del neoliberalismo imperante en Colombia desde el último cuarto de siglo. 

En tres domingos sabremos si la república suramericana opta por la continuidad, o da la confianza al centro izquierda y al hito colombiano del siglo XXI, que llevará el apellido de Petro.

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