sábado 24.08.2019
11S | ANIVERSARIO DE LA MUERTE DE ALLENDE

Los entierros de Salvador Allende

Oscar Soto Guzmán, el que fuera médico personal de Allende, ofrece en exclusiva para nuevatribuna.es este artículo en el que de forma somera relata los acontecimientos que siguieron a la muerte del presidente chileno y a la confirmación, casi cuarenta años después, de que se trató de un suicidio. 

Los entierros de Allende

Oscar Soto Guzmán, el que fuera médico personal de Allende, ofrece en exclusiva para nuevatribuna.es este artículo en el que de forma somera relata los acontecimientos que siguieron a la muerte del presidente chileno y a la confirmación, casi cuarenta años después, de que se trató de un suicidio. Autor del libro 'Allende en el recuerdo', Soto fue testigo del primer funeral ‘oficial’ que se celebró en Chile tras la dictadura y participó en la exhumación realizada en 2011 que despejó todas las dudas. 


El día 14 de mayo del 2013, la Corte de Apelaciones de Santiago ratificó la resolución del ministro en visita Mario Carreño, que señaló que Salvador Allende Gossens se había suicidado el 11 de septiembre de 1973 en el Palacio Presidencial de la Moneda, de Santiago. No hubo intervención de terceros.

Comenzamos este relato por el final, porque en los casi cuarenta años que median entre ambos acontecimientos, incontables opiniones, afirmaciones, enfáticas declaraciones, acusaciones de culpabilidad y disparatadas cuestiones, no menores, enturbiaron la realidad, poniendo en duda las iniciales afirmaciones de quienes estuvimos junto al Presidente hasta sus últimos momentos.

El 11 de septiembre de 1973, a las 14:10 horas, minutos más o minutos menos, yo subí las escaleras de Morande 80; el Presidente me emplazó en los siguientes términos: “Doctor, que pasa”. Mi respuesta fue: “Presidente, los militares han tomado la primera planta del Palacio y nos dan 10 minutos que  bajemos y nos rindamos”. El Presidente, que se encontraba, en la segunda planta, en un rellano donde la escalera terminaba, acompañado de su guardia personal y otros profesionales y asesores, dijo con expresión categórica: “Bajen en fila india, yo bajaré el último”. Así ocurrió. Aprovechando su situación de último de la fila. El Presidente se desplazó al salón Independencia, con la puerta entreabierta al pasillo, se sentó en un sillón y se disparó. Un par de médicos que eran los últimos tuvieron la sospecha, la sensación de lo que ocurría, pero el Dr. Patricio Guijón, que abandonó la fila y retrocedió, en busca de una máscara anti-gas que habíamos abandonado, alcanzó a visualizar la escena. Entró al salón Independencia y observó el cuerpo del Presidente con el cráneo destrozado, la metralleta entre sus piernas y el cuerpo semiinclinado. Guijón se sentó en una silla y esperó la llegada de un grupo de militares, encabezados por el General Javier Palacios que había dirigido las operaciones militares de toma de la Moneda. Es importante, para valorar opiniones posteriores, de singular significación, que durante todos estos minutos, ninguna persona civil o militar, chileno o extranjero, había subido a la segunda planta donde murió el Presidente. Testigo fundamental, el Dr. Guijón fue detenido y posteriormente enviado al Campo de Concentración de la Isla Dawson en el extremo Sur del país. El 21 de diciembre, en libertad con orden de arraigo, Guijón relató: “Vi una puerta y me asomé instintivamente. En ese preciso instante vi que el presidente, sentado en un sofá, se disparaba con una metralleta que tenía entre las piernas. Yo lo vi pero no lo sentí. Vi el sacudón de su cuerpo y como volaba la bóveda craneana".

Por la tarde se realiza un estudio balístico y forense del Servicio de Investigaciones y en la noche, en el recinto del Hospital Militar, con la presencia de los 4 jefes de los Servicios Médicos del Ejército, Marina, Aviación y Carabineros, se practica la autopsia y la reconstrucción de la cara. Este estudio Antomo-forense fue realizado por el Dr. Tomás Tobar Director del Instituto Médico-Legal de Santiago. Ambos estudios concluyeron que la muerte fue ocasionada por disparo, probablemente suicida. El informe técnico de Investigaciones no descarta la posibilidad de dos disparos hechos con la misma arma...

Al día siguiente, 12 de septiembre, por la mañana la viuda Hortensia Bussi, algunos familiares, acompañados del Edecán Aéreo del Presidente, Comandante Roberto Sánchez, viajaron con el ataúd, en un helicóptero para enterrar el supuesto cadáver de Allende en el Cementerio Santa Inés de Viña del Mar, en la tumba de la familia Grove-Allende. Hortensia Bussi, en ausencia de otras personas dijo: “Se entierra aquí al Presidente Constitucional de Chile”. Arrojó sobre la tumba algunas flores que había recogido en el entorno.

Transcurridos los largos años de dictadura pinochetista, en marzo de 1990 asumió la Presidencia de Chile, Patricio Aylwin. La Fundación chilena Salvador Allende, la familia del expresidente y sus allegados, organizaron el funeral que llamaron “oficial” para realizarlo el 4 de septiembre de 1990. Naturalmente contó con todo el apoyo del gobierno entrante. Se realizó por la noche, cumpliendo todas las disposiciones legales, la exhumación del cadáver en la tumba del Cementerio Santa Inés de Viña del Mar. José Antonio Guardiola, excelente documentalista de Televisión española, filmó sus aspectos más importantes. Allí apreciamos como un médico de confianza de la familia bajaba al hoyo donde se encontraban los restos y afirmaba que “efectivamente eran los que correspondían al Presidente Allende”. En la mañana del 4 de septiembre se realizó al borde de la tumba una ceremonia en que participaron su hija Isabel Allende y el Secretario General del Partido Socialista de Chile Jorge Arrate. Un cortejo que avanzó rápidamente trasladó esos restos desde el cementerio a la Catedral de Santiago. Muchos fuimos sorprendidos porque la velocidad de los coches y del furgón funerario impidió el homenaje que miles de ciudadanos querían rendir a su Presidente y que desde la madrugada se habían instalado al borde  de la carretera. Sólo hubo una transitoria detención en Santiago, en la calle Morande Nº 80, por donde habían sido sacados los defensores del Palacio el 11 de septiembre de 1973. Entre Viña del Mar y Santiago, hay alrededor de 100 Km de distancia.

En la Catedral, el Arzobispo de Santiago, Monseñor Carlos Oviedo Cavada, despidió los restos de Allende, que tuvo que señalar que el 3 de noviembre de 1973, en esa Catedral, el Presidente Allende, participó en una ceremonia ecuménica y no exclusiva de la Iglesia católica. Además gran parte de su discurso estuvo dedicado a la religiosidad de la madre del Presidente Allende. Éste, como todo el mundo sabía, era masón.

Antes de enterrarlo en el Mausoleo familiar del Cementerio General de Santiago, Clodomiro Almeyda, Michel Rocard, Patricio Aylwin y Hortensia Bussi, se dirigieron a los miles de personas que estábamos en esa ceremonia. El discurso de Aylwin, Presidente de Chile, fue varias veces  interrumpido por pifias de la multitud al señalar que “si estuviera en las mismas circunstancias de 1973, su conducta sería la misma”.

Este funeral, llamado oficial, no contó con el homenaje Constitucional que las fuerzas armadas deben a los Presidentes electos. Augusto Pinochet era todavía el Comandante en Jefe del Ejército. Dos días antes, el ideólogo de la dictadura, Jaime Guzmán, había escrito en el diario “La Tercera”:

“El respeto a los muertos es patrimonio de toda cultura civilizada. Ello deberá manifestarse con motivo del traslado a Santiago de los restos del expresidente Allende. Sin embargo resulta ostensible el intento del allendismo de convertir esta ceremonia en un homenaje político a quien fuera su abanderado… No son los funerales del expresidente Allende, sino el traslado de sus restos desde Valparaíso a Santiago. Aquí no nos encontramos frente a un funeral de Estado que se verifique para sepultar a un expresidente de la República. Ello ya se hizo en su oportunidad”.

Todos los ciudadanos podemos tener nuestra propia opinión. Pero la inoportunidad de realizar esta ceremonia, recién restablecida la democracia; con Aylwin como Presidente, que había tenido una gran responsabilidad como Jefe del PDC en crear las condiciones sociales propicias al golpe militar en 1973, era sangrante para el allendismo. Además, no aprovechar la exhumación del cadáver para hacer un riguroso estudio médico forense, fue una omisión que se siguió pagando. La Fundación Salvador Allende editó un hermoso libro llamado “Por la Paz de Chile”, pero los hechos posteriores demostrarían que eso era un espejismo.

Desde el mismo 11 de septiembre de 1973, la versión del suicidio de Allende fue cuestionada, básicamente porque era también la versión de la Junta Militar golpista, y su autopsia había sido realizada en condiciones de clandestinidad y supervisada por profesionales que eran miembros de las fuerzas armadas chilenas.

En septiembre de 1973, Fidel Castro, en 1974 Gabriel García Márquez, en 1982 Eugene Propper y Taylor Branch, entre los más significativos, dijeron o escribieron relatos falsos e inverosímiles sobre la muerte de Allende. En Chile la rumorología crecía y algún legista reanalizaba el informe médico  primitivo y descubría “otros disparos de armas diferentes”. Incluso algún sector del partido Socialista chileno, y algún periodista con ánimo sensacionalista, hablaba de “acuerdos” entre los médicos y la Junta Militar para coincidir en una falsa versión y “salvar el pellejo” como vulgarmente se dice.

Todo este ambiente enrarecido, con versiones pasionales no objetivas, fue recogido por primera vez en 38 años por la fiscal Beatriz Pedrais, que lo planteó en la Corte de Apelaciones de Santiago. Este alto organismo del Ministerio de Justicia chileno designó al Ministro Mario Carroza para que investigara la causa de la muerte de Allende y de otros 725 casos de chilenos sin destino conocido.

La familia Allende accedió a la exhumación, sus hijas Carmen Paz e Isabel y su nieta Marcia Tambutti, dieron muestras de sangre para estudio del ADN. El 23 de mayo del 2011 se realizó la exhumación de los restos desde la tumba del Cementerio General de Santiago. El gobierno chileno puso los recursos para que un selecto grupo de científicos, de diversas nacionalidades, se reunieran en Santiago y dieran su veredicto.

Coordinados y dirigidos por el Dr. Patricio Bustos Streeter, Director del Servicio Médico Legal, los expertos chilenos Marisol Intriago, encargada de la Unidad de Identificación Forense, el Dr. Germán Tapia , médico legista, el Dr. Edgar Rueda Guevara, Odontólogo forense, Ángel Medina, antropólogo físico, Isabel Martínez, arqueóloga, el fotógrafo forense Agustín Hernández, se unieron a los peritos extranjeros Dr. Francisco Etxeberría Gabilondo, forense español, Dr. Douglas Ubelaker, antropólogo físico estadounidense, Mary Luz Morales, patóloga forense colombiana, David Pryor, perito balístico inglés y Luis Fonderbrider, antropólogo forense argentino y alto comisionado de la ONU en misiones humanitarias. No fue necesario esperar los resultados del ADN enviados a Suiza, porque yo aporté un estudio odontológico realizado a Allende en 1971, que permitió identificar los restos del cadáver con los del Presidente.

En la segunda quincena de julio del 2011, el Director del Servicio Médico Legal, el Ministro Mario Carroza y la Comisión de Expertos entregó su informe definitivo. Causa de la muerte: Lesión perforante de la cabeza por proyectil de arma de fuego de alta velocidad a contacto. Muerte instantánea (síndrome de corazón vacío). Forma médico legal de la muerte: Suicidio. Ausencia de otros traumas. Ausencia de signos de lucha. Consistencia balística- SS- balística 1973  con peritajes 2011.

En la Conferencia de prensa en que se dio a conocer el resultado con importante apoyo documental y fotográfico, David Pryor, perito balístico británico afirmó que el arma que Allende apoyó bajo su mentón para dispararse era un rifle AK-47, regalo de Fidel Castro a Allende en 1971.

¿Han sido superadas las dudas? Sí, para quienes buscan la verdad en testigos, estudios científicos y disposición personal de Allende.

No, para quienes buscan la desinformación, el sensacionalismo, las media-verdades y un protagonismo que los propios hechos desmienten.