sábado. 02.03.2024

Seguro que alguna vez os habéis tropezado con alguien, generalmente un representante de la autoridad que exclama: ¡vamos señores, circulen que aquí no hay nada que ver! Exhortación que viene a decir que la dicha autoridad no condena el morboso gesto de asomarse a lo que sin duda debió ser un desastre, pero que ahora ya huelga toda curiosidad, no hay nada que hacer. Vamos, vamos, aire y cada mochuelo a su olivo. No seguir esta sugerencia no tiene más que consecuencias desagradables, masificar el espacio del lúgubre evento y llegado el caso multiplicar las desgracias posibles por incremento del riesgo de nuevo accidente.

Así veo yo lo que pasa en este país, que se han producido una serie de acontecimientos riesgosos que han provocado alguna que otra contrariedad que parte de la ciudadanía ha observado con perplejidad y otra se ha entregado al relato que ha tratado de magnificar lo sucedido centuplicando los daños a terceros contándolo con exageración infinita  para aquellos que no puedan o no sepan advertir o imaginar el tremendo drama y el dolor del golpetazo. Pero el humo va disipándose, no parece que la sangre vaya a llegar al rio y a mí me parece oír esa voz, entre ruda y balsámica, advirtiéndonos de que esto se acabó, el pescado vendido, alea jacta est. Eso es todo amigos que decía el cerdito Porky al cerrar cada capítulo de las aventuras de los looney tunes.  

La manifestación de la soberanía en su compleja diversidad ha conseguido imponerse en las urnas y en la conformación de una fórmula de gobernabilidad

La manifestación de la soberanía en su compleja diversidad ha conseguido imponerse en las urnas y en la conformación de una fórmula de gobernabilidad. Un gobierno de progreso, izquierdista y garante de la diversidad territorial ha cuajado y además del logro político en sí mismo ha obtenido una segunda victoria, la de alumbrar las sombras de la oposición, la de desvelar el rostro auténtico del poder tradicional, que vestido con sus mejores galas fascistas no puede disimular su auténtica identidad: iglesia, jueces, asociaciones profesionales, patrones, uniformados… Todos a una clamando contra una amnistía de la que solo saben que podría tumbar la idea de un gobierno que no sea de los nuestros, de los de toda la vida.

Ante el desastre que para la derecha va a suponer la puesta en marcha de un gobierno estabilizado por las fuerzas políticas territoriales “antiespañolas”, no le va quedar otra opción que la que tomamos todos cuando nos vemos en similar agobio, alejarnos arrastrando los pies, meneando la cabeza y conjurándonos para que esto no nos suceda a nosotros. Ni más ni menos. Lo que el domingo antiamnistia ha ocurrido en varias plazas públicas es el equivalente al echarse las manos a la cabeza que nos provoca la constatación de un accidente duro, del quién lo iba a pensar. En unos días, tras la investidura, se oirá como coro de fondo ese circulen señores que ya no hay nada que ver. La resignación y el propósito de enmienda adquirirán protagonismo. Quizás la derecha entienda que dejar conducir el vehículo a un mono voxrracho no ha sido una buena idea, pero lo cierto es que ahora ya no hay nada que ver.

Quizás la derecha entienda que dejar conducir el vehículo a un mono voxrracho no ha sido una buena idea, pero lo cierto es que ahora ya no hay nada que ver

En todo accidente una parte importante del siniestro se debe al estado deficiente de las infraestructuras, de las bacheadas carreteas y de los puentes inestables. España arrastra idénticas deficiencias históricas en el ejercicio democrático como en el vial, la sinuosa aventura del progreso en nuestro país tiene su reflejo en el estado de las comunicaciones, responsable de una enormidad de accidentes. Un riesgo doble que produce vértigo y arrastra una forma de compaginar el ser español y ser persona progresista abandonando el país y refugiándose en Europa. Así ocurrió con Goya y con Machado, con Meléndez Valdés y Moratín, con Azaña y Pilar de Madariaga, y con tantos y tantos que hubieron de salir de las fronteras para poder respirar.

Afortunadamente los fondos FEDER han conseguido que la red de carreteras sea algo más segura, y otras bonanzas europeas se han introducido de la mano de la mejora de las infraestructuras. Parece que por el momento la gente de progreso no vamos a tener que huir a Europa buscando la protección a nuestras ideas que aquí se nos ha negado regularmente. Parece que es Europa la que se ha implicado para ofrecer cierto abrigo aquí, sin tener que correr más allá de los Pirineos como era lo habitual.  Tenía razón Ortega, España es el problema, Europa es la solución.

Al menos en lo que nos ocupa. Te juro que sin la protección que percibo en el agregado intelectual europeo de las causas del progreso, en este momento no daría un duro por la estabilidad de un gobierno nacido de la voluntad popular. Los enemigos ancestrales del avance siguen ahí, juntitos y carroñeando. El editorial del Financial Times, la voz autorizada del consenso europeo apostando por la amnistía como salida política me suena a ese ¡vamos circulen que aquí no hay nada que ver!

¡Circulen señores que aquí no hay nada que ver!