jueves. 22.02.2024
ucrania soldado

Joaquín Ramón López Bravo | La precuela, poscuela y cuela (a ver si cuela) de la moción de censura de Vox ha actuado como el puente de árboles que tapa el río. Hablando del fascismo más casposo y contagioso por boca de un anciano cuyo canto del cisne ha sido un gorjeo indigesto, quejándose de que se hable mucho y citando como referente a Isabel la Católica, ha conseguido estar en la primera plana de todos los periódicos, incluso de los menos afines a la ideología que se ha ¿defendido? en este esperpento, desplazando otras noticias que parecen de mayor calado para la vida del común de los mortales.

Desde la nueva crisis del “financierismo” del capitalismo internacional (tranquilos, no pasa nada, lo mismo que nos dijeron en 2008) pasando por el terremoto en Ecuador, hasta la aprobación por parte de la UE de 2.000 millones de euros para comprar munición para Ucrania, todo ha sido desplazado de esa primera plana que para mucha gente es el único medio de información.

Aunque las cuestiones relativas al capital cuentan con un ejército camuflado de militares/militantes que pelean sus batallas a muerte de los más débiles, no le veo cabida en este blog. Tampoco se puede decir que la batalla que la tierra libra contra los que la estamos esquilmando sea técnicamente un problema militar. Así que sólo me queda rescatar la noticia de los proyectiles para Ucrania: más madera. Que además se consumirá rápidamente porque según las fuentes que consultemos, este envío, que se hará más adelante cuando las grandes fábricas y empresas de armamento tengan a bien entregarlos, es apenas un aperitivo. Ucrania necesita, según sus propias declaraciones unos 350.000 proyectiles al mes. Con esos 2.000 millones se pretende enviar un millón de proyectiles. Apenas hay para tres meses.

Si bien parte de ese dinero hay que adjudicárselo al envío de proyectiles y al traslado de misiles, el coste por proyectil es escalofriante: 2.000 euros. Entran ganas de recordar a Gila y su idea de atar con cuerdas los proyectiles para recuperarlos o pedirle al enemigo que te los devuelva. Por otro lado, la industria bélica europea sólo es capaz de producir 650.000 proyectiles en un año. Pero como el envío se hará en 12 meses, parece que al mes se dispondrá de una cantidad sencillamente ridícula, más adecuada para lavar conciencias que para acabar contiendas. De entrada se enviarán los que están en los arsenales nacionales. Y los 350.000 que faltan hasta el millón no nutrirán a la industria europea. Se comprarán, probablemente, a Estados Unidos. La banca siempre gana. Y aquí la banca y el crupier visten rayas rojas y blancas con un brillante sombrero de estrellas blancas sobre fondo azul.

No voy a negar el legítimo derecho de Ucrania a defenderse del ataque inmisericorde de la Rusia de Putin. Y la necesidad de ayuda de un país pequeño frente a un ogro mucho más armado. Resolver los problemas con los vecinos a cañonazos no tiene ni un ápice de humanidad. Tampoco la tiene empeñarse en no reconocer la vecindad y llevarte mal con tus vecinos. Es una fuente inagotable de conflictos. Cuando tú o tu hermano mayor habéis colocado al frente del vecino poderoso un aparente figurón que ha resultado ser un matón de barrio, sustituto de un alcohólico al que de verdad habéis puesto por “conveniencia” para vuestros intereses, quejarse de los desmanes del vecino es, cuanto menos, hipócrita. Alimentar al lobo con la esperanza vana de atraerlo a tu redil para que coma las ovejas que tú le digas, y quejarse de que ahora quiera comerse otras y seguir comiendo, es directamente estúpido. Que en la configuración hipercapitalista de la Rusia poscomunista intervino Estados Unidos con la colaboración y aquiescencia de sus “aliados” occidentales es innegable. Y que le ha salido el tiro por la culata, evidente. Más que acabar con un enemigo ha conseguido herirle para que, como cualquier animal herido, reaccione con violencia ciega.

Con todo, no es esto lo que la moción de censura ha ocultado. Lo que ha conseguido es que no se piense cómo es posible que todos los Estados europeos, incluida la Hungría de Orban aunque sea a regañadientes, hayan llegado a este tipo de acuerdo belicista en un tiempo récord, y que otros acuerdos que afectan especialmente a los ciudadanos estén durmiendo en el sueño de los justos. Que el dinero salga, en un sarcasmo sin precedentes, del Fondo Europeo para la Paz, que lleva ya gastados 8.000 millones de euros en una guerra. Y lo que falta.

Sin embargo, se ha tardado una enormidad, por ejemplo, en encontrar un mecanismo que palíe el impacto de los combustibles en el bolsillo de los ciudadanos, y aun así, salvo en Portugal y España, la medida es cortita y de un recorrido más cortito aún. Y nada se ha hecho tampoco, por ejemplo, sobre la política de un BCE que está agobiando a millones de ciudadanos con un plan de control de la inflación que ni siquiera gusta a los economistas “ortodoxos”, porque no actúa sobre la auténtica causa de esa inflación sino sobre, otra vez, sobre la economía financiera sin tener en cuenta que el precio del dinero no es realmente la causa de esa inflación.

Compro (a medias) que el BCE es una entidad independiente, pero su presidenta, que es quien marca las líneas maestras de su actuación y su política económica, la eligió el Consejo de la UE. Y no pudieron tener más tino. Una presidenta que es firme partidaria de atacar a los más débiles recortando ayudas y salvar a los bancos prestándoles apoyo. Una señora investigada (aunque finalmente exonerada) por presunta parcialidad interesada en el caso Tapie. E investigada igualmente por su aparente connivencia con el argentino Macri en la concesión de un oscuro préstamo a Argentina. Todo presunto. Todo archivado. Pese a la carta, por ejemplo, dirigida a Tapie: “Utilízame mientras te convenga a ti y a tu acción…”. Una neoliberal a ultranza que se rige por los códigos rígidos del neoliberalismo que se han demostrado falsos en sus vaticinios y en las soluciones que proponen. O para ser más justos, ciertos en cuanto a que favorecen a la minoría más pudiente y perjudican a la inmensa mayoría de ciudadanos. Y por esas convicciones lucha contra la inflación con las armas que dicta el neoliberalismo: subida de tipos aunque arrase con la economía de la población menos favorecida y las empresas más pequeñas.

Como señala el profesor Torres López en una entrevista, “La inflación se produjo por problemas de oferta, por el bloqueo de los canales de aprovisionamiento, problemas de logística internacional, por especulación en los precios, por desajustes en la demanda, como consecuencia de los costes que lleva aparejados el cambio climático… Es decir, que las subidas de precios empezaron antes de la invasión de Ucrania.” Por eso considera que “El remedio más dañino es la subida vertiginosa de los tipos de interés llevada a cabo por los bancos centrales. Siendo esta una subida de precios originada por problemas de oferta, la subida de interés solo ha provocado un aumento de los costes para muchas pequeñas y medianas empresas y un aumento en el sufrimiento de muchas familias que han tenido que reducir el consumo. Lo que ha hecho ha sido acrecentar la rentabilidad de muchos bancos pero, como hemos visto en EEUU, también les ha provocado problemas de insolvencia.”. Y remata, “La subida de tipos de interés es una torpeza histórica. Su origen está en un fundamentalismo económico que proviene de teorías que la realidad ha demostrado inadecuadas. La prueba de ello es que llevan tiempo subiendo tipos de interés y la inflación subyacente sigue creciendo.

Volviendo a lo que me ocupa y preocupa, la guerra ha sido históricamente un negocio para quienes la promocionan y un desastre para la población en general. Y en mi opinión, una muestra más de que no hemos evolucionado más que en la capacidad de asesinar a nuestros semejantes, corriendo cada vez menos riesgos de que afecte a quien las provoca. De los tiempos prehistóricos en los que el caudillo iba al frente de sus hordas y corría por tanto el riesgo cierto de ser abatido, a los misiles de largo alcance y los drones no tripulados de la guerra moderna, todos los “avances” en las guerras han ido en el sentido de preservar al líder, no de acabar con la guerra misma.

Los ejércitos, todos los ejércitos, se basan en la obediencia ciega a las órdenes del mando. Aunque te ordenen morir en la defensa de una posición que otorga una ventaja táctica, muchas veces teórica. No hay posibilidad de rebelarte contra esas órdenes, ya que serás acusado de traidor y de cobarde, y podrás acabar siendo ejecutado sin la “gloria” de la muerte en combate. Se desvincula al militar del ciudadano incluso en las guerras y se habla de “víctimas inocentes” cuando se trata de civiles, como si el soldado que cumple órdenes, muchas veces absurdas, no fuera sujeto también de esa inocencia, acuciada además por la defensa de su propia vida.

Como dice mi amigo y compañero en el Foro Milicia y Democracia Jorge Bravo en este artículo, “… el componente principal y común en todos los conflictos: el combatiente; persona que en este contexto se convierte también en un mero medio en la ecuación contable. … los combatientes … no constan como víctimas inocentes; en muchos casos mantienen la separación entre víctimas civiles (como daños colaterales) y bajas militares.

Siempre me he preguntado si realmente puede haber democracia cuando se considera necesario que existan ejércitos. Porque la constatación histórica es que, si no dispones de medios de defensa disuasorios, el matón de turno puede tratar de arrebatarte tu independencia. El caso ucraniano es palmario. Ucrania apenas cuenta en el tablero más que como campo de batalla en el que se enfrentan dos bandos del mismo hilo: el hipercapitalismo corrupto ruso y el neoliberalismo indecente estadounidense. La democracia debe ser un bien mundial, la forma única de resolver conflictos. Pero hoy en día es una utopía.

Pero hay tantas formulaciones de democracia casi como de seres humanos. Y la moción de censura de Vox ha sido un escaparate de estas diferencias. Desde quienes entienden por democracia que se haga exclusivamente lo que ellos piensan, siendo todo lo demás ilegítimo, antinatural o dañino, hasta quienes se preocupan más por el resultado de las próximas elecciones que pueden facilitarles los medios para hacer lo que ellos consideran más oportuno, aunque ello dañe la convivencia o la capacidad popular de vivir una vida digna.

Y lo preocupante es que estos movimientos, amparados sin duda por la democracia, se usen para ocultar los problemas que acucian al ciudadano medio para (sobre)vivir, acudiendo a grandes conceptos (patria, nación, bandera, religión, economía …) que revelan el mismo vacío grandilocuente que muestra tu cesta de la compra semivacía. Esos “grandes conceptos” sólo dan de comer a quienes los formulan y defienden.

El "velo de censura” de Vox