miércoles. 22.05.2024
mocion-censura_vox

Los diputados de Vox registran este lunes su anunciada moción de censura. La iniciativa y sus protagonistas serán fuente de inspiración de chirigotas y chanzas, pero conviene tomárselos en serio. Merecen una crítica argumentada en el debate parlamentario que desvele los objetivos de esta iniciativa y la grave amenaza para la democracia y la convivencia que representa el partido ultraderechista.   

La moción de censura (la segunda en esta legislatura), que incluye como candidato a Presidente (tal y como exige el artículo 113 de la Constitución Española) a Ramón Tamames, forma parte de una maniobra de polarización política, crispación social, visibilidad de Vox como alternativa electoral y presión sobre el PP para imponerle parte de su programa e intentar taponar los boquetes por los que pierde votos que acaban recalando en el PP.

La moción de censura también conlleva problemas de importancia para el partido de la ultraderecha posfranquista que la avala y de los que puede salir tan mal parado como en la primera, en octubre de 2020. Supongo que sus líderes habrán valorado que no escenificar un rechazo frontal a Sánchez y al Gobierno de coalición progresista les acarrearía un mayor desgaste electoral. Necesitaban hacerse oír y demostrar que no van a permanecer impasibles frente a las críticas de baja intensidad que temen del PP durante la larga carrera electoral que queda por delante. Tenían que hacer algo y no se les ha ocurrido nada más ni mejor candidato. Lo que demuestra las dificultades que afronta Vox para consolidar su espacio político y presentarse como una opción útil ante el electorado conservador. Muestra también los quebraderos de cabeza que están dispuestos a plantear al PP si Feijóo apuesta por acentuar sus críticas a Vox o guardar una desdeñosa indiferencia.   

Colocar el foco de la crítica a Vox en Tamames sería un grave error

Colocar el foco de la crítica a Vox en Tamames sería un grave error. Tomarse en serio la moción de censura de la ultraderecha debería conducir a que todas las fuerzas progresistas parlamentarias se aplicaran en la tarea de desmontar con argumentos convincentes y sólidos el discurso político de Vox e iluminaran sus propósitos. Tamames es sólo un títere del guiñol en el que Vox quiere convertir al Parlamento.

Lo que pretenden Abascal y sus pares es escenificar sus diferencias con el PP, encauzar la inevitable tensión en su competencia por el electorado conservador y limitar las repercusiones del enfrentamiento para que no dañen sus pretensiones de formar parte de un Gobierno de coalición reaccionaria presidido por Feijóo. Para conseguir esas metas contradictorias, nada mejor que presentar como candidato a un histrión que concentre en él todas las miradas y todo el rechazo que suscita la maniobra de Vox. Tamames es el hombre indicado. 

Vox no es un partido constitucional más con el que el PP cuenta, por activa o por pasiva, para volver a gobernar España. Vox, además de un peligro para la democracia y la convivencia, es un oponente feroz de un Estado emprendedor y de protección social capaz de dirigir un difícil proyecto de modernización productiva y transición energética y ecológica que desarrolle en la economía española las especializaciones del futuro y permita sostener la actividad económica en un mercado laboral en el que los derechos y el bienestar de las clases trabajadoras estén protegidos legalmente y sean compatibles con mejoras de la competitividad de las empresas en sectores de mayor valor añadido, alzas en la gama de la oferta productiva y avances en la densidad tecnológica que requieran más y nuevos empleos de calidad.

El partido ultraderechista es el cooperador necesario en la posible victoria electoral del PP y la mejor baza negociadora para que Feijóo pueda ser el próximo presidente del Gobierno de España, sea de la mano de Vox o consiguiendo otros apoyos parlamentarios que le ahorren gobernar en coalición con Vox. Feijóo no va a renunciar a esa baza negociadora, ni en esta moción de censura ni en este año electoral. El debate sobre la moción de censura de Vox adquirirá sentido y relevancia política si se logra que Feijóo no esquive la mirada del espejo que le ofrece Vox y dé cuenta al Congreso y a la opinión pública de las dimensiones reales de su estatura política y de su compromiso con la democracia y la convivencia.

En esta moción de censura es fundamental que las fuerzas progresistas concentren su atención en la tarea de desmontar la maniobra de Vox

En esta moción de censura es fundamental que las fuerzas progresistas concentren su atención en la tarea de desmontar la maniobra de Vox y la predisposición de Feijóo a gobernar con un programa común con la ultraderecha, sea desde una coalición gubernamental reaccionaria o con el soporte de una alianza parlamentaria conservadora. Para lograr ese objetivo, las fuerzas parlamentarias progresistas deberían renunciar, al menos por una vez, a escenificar sus cuitas y diferencias en el debate parlamentario de la moción y a tratar de atribuirse en exclusiva las medallas de lo mucho conseguido por el Gobierno de coalición progresista y derivar sus errores e insuficiencias hacia la otra parte.

La ciudadanía necesita visualizar un proyecto sólido de políticas favorables a la mayoría social y la voluntad de coalición y cooperación a largo plazo del conjunto de las fuerzas progresistas y de izquierdas para que sea viable y pueda llevarse a cabo. Para activarse, la ciudadanía necesita confiar en la voluntad inequívoca de las fuerzas progresistas de sumar y cooperar para seguir avanzando en las transformaciones posibles en defensa de los bienes públicos, los nuevos derechos conquistados y la protección social que hace más libres e iguales a todos los componentes de la sociedad.

No desaprovechen la ocasión.

 

Tamames aceptó ser el títere, el Congreso no puede convertirse en el guiñol de Vox