jueves. 04.06.2026
TRIBUNA JUDICIAL

Quosque tandem abutere, Peinado, patientia nostra

La única esperanza es que parece que los excesos judiciales tienen un límite y que ese límite lo están empezando a señalar la Audiencia Provincial y el Tribunal Supremo.
Juan Carlos Peinado
El juez Juan Carlos Peinado

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Su señoría, el juez Juan Carlos Peinado, me recuerda el cuento del indio mentiroso y el indio que siempre dice la verdad. Es ese que diferencia el que siempre miente del que nunca miente y que, sabiendo quien es quien, podemos deducir si podemos fiarnos de lo que dice o suponer lo contrario de lo que está manifestando.

No sabemos cuándo decidirá parar, ni siquiera si decidirá parar o se jubilará con la toga puesta y el sumario abierto

Y, es que, seguir lo que está haciendo este juez en la instrucción del caso ómnibus de Begoña Gómez es comprobar una trayectoria unidireccional en el procedimiento utilizado. Aunque haga cosas distintas, todas tienen un mismo objetivo y, parece, un único propósito. Termina siendo perfectamente previsible. Incluso cuando la linde acabe, es muy posible que él siga. Porque, pertinacia no se le puede negar, lo que explica que, en algún momento haya "olvidado" que la Audiencia Provincial le limitara el objeto de la investigación al, precisamente, el objeto de la investigación y no la expandiera indefinidamente.

No sabemos cuándo decidirá parar, ni siquiera si decidirá parar o se jubilará con la toga puesta y el sumario abierto. Tampoco, porque hasta él merece la presunción de inocencia, sabemos de la legalidad de su actuación en ese sumario. Pero vamos teniendo pistas a partir de las piezas que van pasando a instancias judiciales superiores.

Por la prensa, hemos conocido que, a esas instancias, Audiencia Provincial de Madrid y Tribunal Supremo, les ha parecido que su actuación, a veces, es "extraña a la forma de proceder habitual en la jurisdicción penal”. Y que es capaz de procesar a alguien sin que exista "ni un mínimo respaldo indiciario que permita” encausarlo, ya que lo hace con una "absoluta ausencia de cualquier indicio mínimamente fundado” o de indicios dotados de “mínima verosimilitud”.

También suele “omitir información relevante" en el relato de su instrucción y, a menudo, sus conclusiones se basan en simples "conjeturas" por lo que no van “más allá de meras hipótesis sin el suficiente sustrato fáctico". Con eso, y sin existir datos “objetivos incriminatorios”, ha sido capaz de procesar a personas inocentes, incluso habiendo “excedido el objeto de la causa".

Se habla del peligro que tiene un mono con una navaja de afeitar en la mano, pero los primates no instruyen sumarios

Todo eso, que ya hemos descubierto, es muy grave para ser la forma de proceder de un juez. Lo que, todavía, no sabemos es, si se trata de una conducta que ha tenido en, solo, la parte de la instrucción del "caso” que ha podido ser analizada oficialmente por otros magistrados. O bien, esa ha sido su forma de actuar continua desde que cayeron en sus manos unos recortes de prensa convertidos en denuncia por la ultra asociación Hazte Oír.

No debe ser su conducta habitual cuando también estamos sabiendo de otros casos que cayeron en sus manos y se escaparon entre sus dedos por dejar pasar los plazos reglamentarios sin hacer lo que hubiera hecho en el "caso". Claro que, en ninguno de esos otros, la personalidad de los investigados tenía nada que ver con el marido de la mujer del marido.

Debo confesar que lo lamento por Begoña Gómez, pero, mucho más, por si me pudiera haber ocurrido a mí. Ya sé que nunca podré ser la pareja de un presidente de Gobierno, pero, quien sabe cuál es el caso al que, este juez, le coge afición y cuál es el que archiva por el simple paso del tiempo. Se habla del peligro que tiene un mono con una navaja de afeitar en la mano, pero los primates no instruyen sumarios. Aunque haya quien dude de esto que acabo de decir.

La única esperanza es que parece que los excesos judiciales tienen un límite y que ese límite lo están empezando a señalar la Audiencia Provincial y el Tribunal Supremo. ¿Cuándo dirán basta?

Aunque, como conocemos el ritmo de la justicia y solo se puede demorar, creo que la cosa depende de quien depende. Por ello, pregunto, como hizo Cicerón a Catilina, que también era muy de conspirar, ¿hasta cuándo, Señoría?

(Joder, vaya ejemplo. Espero no acabar como don Marco Tulio. Por si acaso, no iré nunca a Cayeta)

Quosque tandem abutere, Peinado, patientia nostra