#TEMP
miércoles 18/5/22

Se ha hecho público un estudio que aventura una incidencia tenebrosa en el mercado laboral por obra y gracia de la subida del salario mínimo. Este incremento estaría destruyendo un sinfín de hipotéticos contratos laborales, porque incentivaría la robotización de algunos puestos de trabajo. Como si esto no estuviese haciéndose ya para maximizar los beneficios tras las fusiones de grandes entidades bancarias, cuyo cierre de oficinas y reajuste de plantillas merman prestaciones a sus clientes, obligados a tramitarse todo por su cuenta en complejas aplicaciones que no cuentan con los más veteranos o desvalidos.

Ingenuamente se podría creer que, si los trabajadores ganaran más y tuvieran un sueldo que les permitiese atender por de pronto sus necesidades básicas, podrían dedicar parte de sus ingresos a reactivar el consumo. No parece verosímil que las máquinas devengan clientes de nuestras pequeñas y medianas empresas, aunque prefieran amortizar contratos para sanear su contabilidad en primera instancia. 

De otro lado, esa subida no admite comparaciones porcentuales con otros países, donde hay salarios mínimos y medios mucho más elevados. No fijar remuneraciones mínimas que permitan subsistir decorosamente con el trabajo, equivale a expandir unas bolsas de pobreza que suponen una bomba de relojería social. Esa frustración margina colectivos cada vez más numerosos y es utilizada luego por ideologías que no suscriben las reglas del juego democrático, dado que a su juicio sólo pueden gobernar los defensores de las elites para mantener sus privilegios.

El tejido social europeo está muy deshilvanado, al haber desparecido la clase media. Sin ella difícilmente puede sobrevivir una democracia liberal tensionada

Resulta llamativo que cueste tanto plantear unos ingresos máximos. No parece razonable que ciertas familias puedan acumular patrimonios desorbitados, porque los recursos que se acaparan difícilmente podrán ser disfrutados colectivamente, pese a los arrebatos filantrópicos de ciertas fortunas incalculables. Una vez endeudado hasta las cejas el común de los mortales, tras agotar toda suerte de préstamos hipotecarios y personales, mientras habría que rescatar bancas cuyos activos fueron falseados, ¿acaso no activaría el consumo subir la remuneración del trabajo? Tampoco debería ser descabellado poner unos topes al incremento patrimonial. Hablemos de dos mil euros en el primer caso y doscientos millones en el segundo. ¿Que cifra sería una exageración? 

Salimos de una pandemia cuyas consecuencias desconocemos y entramos en un periodo bélico cuyo alcance ignoramos. En esta tesitura hacer como si no pasase nada se diría poco aconsejable. Tenemos que afrontar un movimiento migratorio sin precedentes y en este caso pretendemos hacernos cargo de la población que abandona su país. El tejido social europeo está muy deshilvanado, al haber desparecido la clase media. Sin ella difícilmente puede sobrevivir una democracia liberal tensionada por la desmedida codicia de los acaparadores y la desesperación de quienes no tienen prácticamente nada que perder.

Ignoro cuánto ha costado el informe sobre la subida del salario mínimo y cuál es el objetivo del mundo, pero sería interesante que nos entregaran otro sobre una hipotética fijación de ingresos máximos. Puestos a fabular, siempre hay cuando menos un par de direcciones. 

Salario mínimo e ingresos máximos