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sábado. 02.07.2022
ucrania refugiados

Como todos los conflictos que afectan al ser humano, la guerra provocada por la invasión de Ucrania por Rusia, está sacando lo mejor y lo peor de nosotros mismos.

Para evitar que existan malos entendidos comenzaré esta reflexión exponiendo con claridad mi posición inicial.

Considero la misma un horror, una injusticia provocada por un dictador criminal y cruel como es Vladimir Putin. 

No existe ninguna razón aceptable desde el punto de vista democrático, para ese ataque a la soberanía de un pueblo, por mucho que enfrente esté un Zelensky que tampoco es un santo, o unos EE.UU. que lleven tiempo ziriqueando alrededor de la frontera rusa.

¿Qué pasaría si Rusia hubiera estado haciendo lo mismo en Canadá o México?

Esta introducción me lleva a preguntar: ¿es posible en este conflicto, como en otros que asolan nuestro planeta, adoptar una posición equidistante?

O sea entender ciertas razones de unos y otros y al mismo tiempo condenar comportamientos irracionales e injustos.

No solo pienso que es posible, también resulta necesario para que exista al menos la posibilidad de en un momento visceral, especialmente desde el punto de vista social, en concreto en las terribles redes sociales, aportar un punto de sentido común, el menos común de los sentidos.

Entiendo que ahora la ola de la opinión pública, o mejor dicho el tsunami, va en una sola dirección y que cualquier posición diferente corre el peligro de ser arrasada. Aún así me expongo y aporto la mía.

Putin es un dictador y un invasor, pero también desde el otro lado se han cometido y se cometen errores y tropelías y si no que se lo pregunten a los habitantes del Dombás por el sufrimiento tenido durante los últimos 8 años desde la otra orilla.

Por otro lado el empeño de EE.UU. a través de la OTAN, en sumar países de la antigua URSS a su elenco ahora que ya no existía “guerra fría”, no parece muy lógico y ahora descubrimos que tampoco sensato. Se ha creado sin ninguna necesidad una sensación de inseguridad al oso ruso y ha dado un zarpazo.

Ese jueguecito del gato y el ratón entre ambas potencias nos ha llevado a esta difícil situación, en la que como aseguraba Bertolt Brecht en otro momento de la historia:

“La guerra que vendrá no es la primera. Hubo otras guerras. Al final de la última hubo vencedores y vencidos. Entre los vencidos, el pueblo llano pasaba hambre. Entre los vencedores el pueblo llano la pasaba también."

Ahora nos hacen sufrir, en especial al pueblo ucraniano, pero también debido a la locura de su dictador y a las sanciones de respuesta, lo va a hacer el ruso. Incluso el resto del mundo como ya se está demostrando desde el punto de vista económico.

En un mundo interrelacionado si coge la gripe un país, corren el peligro de constiparse el resto y eso ocurre ahora.

¿Cómo se puede solucionar?

Aunque parezca paradójico con posiciones equidistantes, de equilibrio, que pasan en primer lugar y de manera inmediata por un alto el fuego y la retirada de las fuerzas invasoras.

Después acordando un nuevo estatus que dé seguridad a ambas partes. A Rusia dando una salida a la cuestión de Crimea y el Dombás y que Ucrania adopte una posición de neutralidad estilo Finlandia, con el compromiso de que jamás se repetirá esto.

Probablemente no será aceptado por ninguna de las partes, pero la comunidad internacional y ahí China puede tener un papel protagonista, puede presionar para que se acepte y ambas partes asuman que deben dejar “pelos en la gatera”.

Lo contrario será continuar esta injusta guerra que puede tener consecuencias catastróficas para la humanidad al estar implicados dedos que pueden apretar el botón nuclear.

Por últimos está el dramático aspecto de los refugiados, según la ONU ya más de un millón.

Aquí de nuevo se ha puesto encima de la mesa un aspecto negativo del ser humano, la hipocresía.

Está muy bien, es lo que se debe hacer, recibir con los brazos abiertos, con gestos solidarios internacionales, desde un aluvión de ropa, comida, medicinas y sobre todo acogida, a estas gentes europeas, blancas, rubias y con ojos azules.

Pero también lo es y debe servir como lección, hacer lo mismo con quienes desde el sur con otro tono de piel también nos llegan huyendo de guerras, hambre y enfermedad.

Las casualidades de la vida han hecho coincidir el pasado miércoles dos imágenes contradictorias, la entrada de ucranianos por la frontera de Polonia, sin trabas, incluso con comida del chef José Andrés y la avalancha de subsaharianos intentando entrar por Melilla recibidos con vallas de 6 m y alambradas de espinos, con heridas y sangre por su cuerpo.

La hipocresía occidental llevada al límite, como refleja y denuncia una gran película que todos debieran ver: “Mediterráneo”.

Los diferentes organismos internacionales señalan, que unos 5 millones de refugiados van a pasar por la frontera de l UE los próximos días o semanas.

Serán recibidas como debe ser pero debemos abrir un interrogante:

¿Cuántos millones se encuentran en nuestro sur esperando serlo de la misma manera y se encuentran con un mar como fosa común, o kilómetros de vallas con fuerzas del orden dispuestas a impedírselo. Después hacinados en un cuchitril con el rechazo social y político.

¿Qué posición adoptaron Polonia, Hungría, o Rumania cuando los millones que llegaban a sus fronteras eran musulmanes de tez oscura, de Siria, Irak, o Afganistán? ¿Cómo reacciona occidente cuando el ejército Israel como ocurrió hace unos días asesinó a decenas de jóvenes palestinos, o impide que el agua llegue a su frontera? Hipocresía vomitiva.

Tienen en común que huyen de las guerras que también infectan África, muchas con nuestra responsabilidad y en este caso también del hambre, después de haberles esquilmado y las enfermedades, por no prestarles ayuda con medicamentos genéricos.

¿Esto es equidistancia? ¿Recibiré por ellos un aluvión de críticas?

Probablemente, pero me arriesgo porque alguien debe denunciarlo, repitiendo para finalizar que para mí Vladimir Putin es un dictador criminal enloquecido, que ha invadido ilegalmente Ucrania, al que denuncio y critico con mi contundencia absoluta.

También la hipocresía y las diferentes varas de medir que aplica en este caso nuestro no tan ejemplar occidente.

Y mi solidaridad total con el pueblo ucraniano…y también con el ruso.

Ucrania sí, por supuesto, el resto también.

Veremos…

Rusia-Ucrania. Equidistancia e hipocresía