domingo. 25.02.2024
tribuna_congreso

Gaspar Llamazares y Miguel Souto Bayarri | Con demasiada ligereza se asume lo sucedido cuando las hordas de extrema derecha y el nacional-populismo invadieron el Capitolio, en una tropelía agitada por Trump, y posteriormente en Brasilia, esta vez alentada por Bolsonaro, y ello se debe al lapso que media entre el momento en que suceden y el momento en que luego se rememoran, por lo que parece que con el paso del tiempo pierden trascendencia. Pero no es así, lo cierto es que ambos sucesos han hecho saltar por los aires un consenso básico en las democracias: el respeto del resultado electoral y de la alternancia en el gobierno. Algo que también es de sobra conocido en nuestro país. Es lo mismo que hicieron Aznar y la derecha mediática cuando se negaron a reconocer el triunfo de la izquierda después de los atentados del 11M,  atribuyéndolo a una supuesta conspiración de terroristas y de las fuerzas políticas españolas de izquierda, así como a las consecuencias de los atentados en la opinión pública alterando la intención de voto. Todavía hoy, según el entonces presidente Aznar, los atentados no se habrían ideado en unos "desiertos remotos ni en montañas lejanas". ¿De dónde saca esa historia absurda el ex-presidente? ¿Dónde nace el cuento disparatado que Aznar ha desarrollado con pretensiones literarias incluso en sede judicial? No se sabe de dónde, pero ahí quedan la trama y la acusación que se han difundido "urbi et orbi" y se han repetido sin cesar hasta nuestros días. Esa misma derecha, cuyo líder actual ignora, para justificar su islamofobia, que en septiembre de 1985 las milicias cristianas mataron a miles de palestinos en los campos de Sabra y Chatila, como el resto de los atentados, entre los que están el de Nueva Zelanda y los de los EEUU de igual o similar inspiración en el fundamentalismo cristiano.

La existencia de los negacionismos, de diferentes etiologías, ha dado mucho que escribir a los columnistas, los ensayistas y los políticos. Para muchos de ellos, la duda es absurda: si la tierra es redonda, ¿por qué se insiste en que no lo es? Una respuesta posible sería el interés en seguir alimentando una y otra vez teorías de la conspiración que sirvan para polarizar al máximo la política, los medios de información alineados y con ello encender el debate público.

En todo caso, lo verdaderamente importante es que esto pone de relieve un fenómeno que es digno de mención: el muy distinto comportamiento de los que aún hoy se creen dueños de la finca cuando gobierna la izquierda (a la que se le niega el derecho a gobernar si gana las elecciones) y cuando lo hace la derecha que, naturalmente, se considera siempre que gobierna por derecho propio, como si les viniera de familia.

Las próximas elecciones serán muy importantes para revitalizar la democracia frente a la deriva nacional populista que protagoniza la ultraderecha con la ayuda del PP

Por eso, no hay duda de que las próximas elecciones municipales y autonómicas serán muy importantes y no solo para garantizar la continuidad de las políticas de cambio social y de avance en los derechos civiles y en la convivencia plurinacional, sino también para revitalizar la democracia frente a la deriva nacional populista que protagoniza la ultraderecha con la ayuda inestimable del PP en Castilla y León. Y también del partido popular europeo, que acaba de echar al baúl de los recuerdos el cordón sanitario para bloquear el acceso de la extrema derecha al ámbito de los gobiernos por mero pragmatismo. Por muchas razones, pero también para saber que las alianzas que van a gobernar nuestras comunidades autónomas y nuestros ayuntamientos van a respetar los consensos básicos de la democracia y van a gestionar nuestros servicios básicos con un máximo respeto hacia lo público. Por lo pronto, ya han roto ese consenso en materia fiscal y en la defensa de la sanidad pública, sumado a la ruptura del consenso electoral y el territorial y más recientemente a cualquier consenso ético al atribuir a la coalición de gobierno una intención ideológica oscura en la ley del solo sí es sí. El propio Núñez Feijóo ha acusado al gobierno progresista de cometer un error intencionado. Un contrasentido que remite a la teoría de la conspiración. Ojalá en las próximas elecciones, tengan esto en cuenta los ciudadanos.

Porque esa es una de las razones de la crisis de las democracias, además del malestar social de la desigualdad, la extrema polarización y la crisis de confianza en la democracia provocada por la corrupción. La (hiper) globalización ha tenido un cierto efecto debilitador de los Estados nacionales y de la esfera pública, alejando al igual que la digitalización, al Estado democrático y sus instituciones de los ciudadanos, y a la administración de los administrados.

Tenemos un problema por resolver y esas son las dudas y las preguntas que nos plantean estas cuestiones relacionadas: alejamiento creciente entre la administración y los administrados (incluido el eterno déficit democrático de la UE, aunque algunos aspectos como la austeridad hayan caducado), digitalización sin control democrático y debilitamiento de la legitimidad de las democracias. Es imposible entender el momento actual, que se caracteriza por un ascenso de los nacional-populismos (Putin, Trump, Orbán, Bolsonaro) y una importante regresión autoritaria en el mundo, sin tener bien presente la irrupción de la digitalización y la capacidad de las tecnologías digitales y su variante más avanzada, la inteligencia artificial, para marcar el paso de la abrupta transición de la globalización que estamos viviendo. La (hiper) globalización está en plena transición y no hay todavía un consenso sobre el destino de la misma, pero no sería muy aventurado decir que puede estar avanzando hacia una semiglobalización "solo para los amigos", esto es, por un lado las autocracias y por el otro las democracias más o menos imperfectas, y en tierra de nadie todos los excluidos, caminando de nuevo hacia un hiper-poder de dos grandes superpotencias y sus aliados globales y regionales. Por eso no está de más pensar en el problema de la democracia, tanto en lo más cercano, como también también en el de un nuevo orden internacional.

El retroceso de la democracia y el gobierno de la República digital