sábado. 02.03.2024
Alberto Núñez Feijóo y Alfonso Rueda

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Las elecciones gallegas parecían una cosa hecha. El Partido Popular podría ganar esa contienda electoral por pura inercia, incluso con un candidato absolutamente gris cuya única virtud es el no destacar por nada malo y tener un aspecto anodino incompatible con cualquier sospecha de corrupción. Además una nueva hazaña del fuego amigo de Podemos condiciona seriamente las expectativas acariciadas por Sumar. Una vez más el núcleo duro de Podemos prefiere inmolarse a lo bonzo, con tal de fastidiar a Yolanda Díaz. Incluso Lilith Verstringe se ha cansado de hacer ese papelón a la izquierda del PSOE.

Una reedición de la catástrofe del Prestige hace sonar las alarmas, no tanto por el desastre de naturaleza ecológica que vuelve a contaminar las cosas gallegas, cuanto por la penosa gestión del mismo. Se opta por echar balones fuera y eludir las responsabilidades, en vez de afrontar el problema colaborando las administraciones al unísono. El tancredismo de Alfonso Rueda no sale bien parado en este caso y su heredado caudal de votos parece resentirse un poco. Las elecciones podrían dar una sorpresa.

Isabel Díaz Ayuso estaría un paso más cerca de cumplir con su ambición que pretende convertir a España en una periferia madrileña

Pero pocos días antes de que se abran las urnas, quien viene a sorprendernos es nada menos que Alberto Núñez Feijóo, al reconocer que resulta imperativo pacificar el conflicto catalán y que no sería un descabello indultar bajo ciertas condiciones a Carles Puigdemont. Esto es algo razonable sin duda, pero viene a desdecir semanas de acoso y derribó al gobierno por considerar la ley de amnistía un crimen político incalificable. Para más inri también considera difícil que se aprecie terrorismo donde un momento antes era evidente.

Hasta un minuto antes era Pedro Sánchez quien estaba secuestrado por las impresentables reclamaciones de Junts y ahora parecen temerse los detalles de las fallidas negociaciones mantenidas por ambas fuerzas conservadoras. En este descomunal embrollo se diría que pueden perder todos, a excepción de un BNG que podría recuperar la Xunta con el escuálido apoyo del PSG. La vicepresidenta Diaz saldría debilitada del fracaso sospechado en su terruño para gran alborozo de Pablo Iglesias e Irene Montero, pero Feijóo quedaría tocado del ala tras un descalabro en sus antiguos dominios y perder el feudo electoral donde revalidaba mayorías absolutas.

Así las cosas vienen a perder todos los actores de cierta relevancia y solo se vislumbra un claro ganador de un hipotético vuelvo electoral. Isabel Díaz Ayuso estaría un paso más cerca de cumplir con su ambición que pretende convertir a España en una periferia madrileña. Ella ha demostrado no necesitar a Vox porque suscribe su discurso para ningunearlo y se podría merendar a los independentistas catalanes con un par de soflamas. El domingo 18 de febrero Ayuso podría dar un paso de gigante hacia La Moncloa, porque ya sería la candidata del Partido Popular para derrocar al sanchismo.

¿A quién beneficia un descalabro de Feijóo en Galicia?