martes. 27.02.2024

Lo de Ferrovial me trae a la cabeza el sentido profundo del que se vayan de aquí, ya sabéis la cancioncita parrandera que pide que se vayan los molestos, a la que se añade (a eso de las 3 de la madrugada) el de una puta vez, y que viene a corroborar el valor de lo de aquí y frente a la ingravidez de lo del allí. Ya sé que la cosa no es tan sencilla, que nada es binario, blanco o negro, si o no, dentro o fuera, pero a mí me tocan las narices esta gente que siempre anda amenazando con dejarnos aquí tirados sin el consuelo de su presencia, pues sabes lo que te digo, que por muchas razones para que no lo hagan, por mi parte que se vayan, pero de una puta vez.

Eso sí, liquidando también de una puta vez el saldo de los beneficios que han obtenido en este país. Pero todos, no solo lo directos por ayudas ligadas al fomento de la actividad, pertes, eres, subsidios a la contratación, ayudas de formación, etc. También los beneficios inmateriales logrados por el volumen de su capital relacional, que en vulgo quiere decir el trato ventajoso del que se ha beneficiado por ser una compañía local, que ha tejido una red clientelar con las elites políticas, económicas y administradoras que no han levantado escándalo por ser cosa de aquí. A las ayudas directas deben añadirse las ayudas indirectas que se han justificado en la idea de promover empresas campeonas de sus sectores. Entre todos lo hemos hecho y ahora nos amenazan con irse. Pues fuera, que se vayan, pero ni una obra más, ni una concesión más, ni una garantía más, ni una reducción fiscal más. 

A mí me tocan las narices esta gente que siempre anda amenazando con dejarnos aquí tirados sin el consuelo de su presencia. Por mi parte que se vayan, pero de una puta vez

Y pongámonos a levantar otra empresa campeona, pero esta vez de titularidad pública, esas son las que no se van. Ni un duro más para Ferrovial y las ferroviales que pululan por ahí, que son tan buenas gestoras por su radical privacidad que son incapaces de moverse si no es de la mano de papa estado, hasta que encuentran una apoyo en alguien más comprensivo con los beneficios que generan ¿Quién quiere un estado cuando ya has interesado a los mercados? 

Comprendo esta actitud, está en la naturaleza de la empresa, capaz de envenenar a su guía como el escorpión a la rana que le ayuda a cruzar el charco, pero no soy un batracio, tengo memoria. No es la primera ni la última empresa que se comporta de este modo desleal, egoísta y caprichoso. Hay que blindarse, ni Ferrovial ni ninguna otra empresa chaquetera deberían volver a obtener ni el más mínimo apoyo social y mucho menos estatal. Porque lo reclamarán cuando el mercado flaquee (y flaqueará), como el hijo pródigo volverán, y su vis de lobo implacable se travestirá en manso cordero, y apelarán a la seguridad jurídica y no sé cuántas bajezas más que serán capaces de aducir. Por mi parte que se vayan, se vayan de aquí, pero garantizándonos el que no vuelvan, ni ellos ni los que son como ellos. Seguro que para esto podemos contar con Garamendi y la CEOE. 

Hay que blindarse, ni Ferrovial ni ninguna otra empresa chaquetera deberían volver a obtener ni el más mínimo apoyo social y mucho menos estatal

Que por cierto, esta huida que contrapone lo privado de lo público me recuerda otra que se extiende como mancha de aceite. Particularmente en Madrid. Me refiero al abrazo de la medicina privada que no para de crecer entre una parte de la sociedad española, la que puede permitírselo por cierto. Algunos acuden a la privada ante la grave desatención que sufren en la pública, esto es innegable y comprensible, pero muchos otros lo hacen por una cuestión de prurito, de tonto prestigio, se consideran aggiornados, modernos, casi elite por participar en el negocio privado de la salud de todos. La privada crece debido al deterioro provocado de manera consciente en la pública, es comprensible la huida o la búsqueda de soluciones fuera del ámbito de lo degradado, insisto comprensible pero también reprobable. No diré que considero colaboracionistas a quienes se refugian en la privada, pero creo que debilita la única vía de mejora objetiva: la sanidad no se vende, se defiende. Y es menos eficiente la lucha cuando ya se está con un pie fuera. 

Y establezco el paralelismo porque la sanidad privada, completada su operación de marketing ejecutada por Lasketty y compañía, va a comenzar a comportarse con sus usuarios y trabajadores como hace toda empresa, buscando el máximo beneficio para los accionistas y gerentes del tinglado. Los intereses de los enfermos y de los profesionales, que ahora creen que va a vivir como el doctor Ganon en California, son una quimera un sueño del que muchos van despertar en una lista de espera de la que solo se sale pujando para obtener tratamiento premium pagando un plus de preferencia en su póliza. Cuando sus quirófanos se atasquen y solo saquen adelante a quienes vengan con su propio cirujano, acudirán a que la pública les resuelva la cosa.

Y no sé cómo, pero habría que decirles a todos: ¡que te vayas de aquí, chalao! 

Que se vayan, se vayan, se vayan