martes. 18.06.2024
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A la vista de lo sucedido en el programa de televisión llamado El Hormiguero, he llegado a la conclusión de una evidencia: la de no entender cómo el corifeo del PP y sus palmeros se desgañitan tanto en poner a Pedro Sánchez a horcajadas de asno cada vez que pronuncian su nombre en vano. El director de la batuta del PP puede dormir a pierna suelta sin necesidad de preocuparse imaginando cuál será la siguiente forma más hiriente con la que pueda enlodazar a Sánchez y a su familia. Pensar que alguien como González le esté haciendo parte del trabajo sucio a la derecha más impresentable desde hace décadas es un impensable regalo que nos ha dado el perverso juego de esta democracia tan rara como desnortada.

Con Felipe González, cada vez más parecido al Darth Vader, el de la Guerra de las Galaxias, ¿acaso necesita el PP hacer oposición alguna contra la línea de flotación del PSOE? En la telenovela de G. Lucas, supimos por qué Anakim Skywalker se convirtió en un tenebroso personaje, pero, en el caso de González ¿se puede saber qué le ha sucedido al señor X? ¿Qué rutas imperiales y soleadas le han movido las entrañas para arremeter contra quien es, no solo ya presidente del Gobierno, sino secretario general del PSOE, al que aquel dice seguir perteneciendo? ¿Nunca ha reparado en que las críticas ideológicas al presidente son descalificaciones al partido y a los millones de personas que lo han votado? 

Tirar pedruscos contra el tejado del edificio de su partido, ¿es por amor o propio de un idiota? ¿Lo hace por rencor, envidia, inquina, senilidad, desmemoria? ¡No, hombre! ¡Es por su amor al partido! Pues como dice el refrán, hay amores que matan. Así que mejor sería guardarlos para otro amante menos complaciente.

Que alguien como González le esté haciendo parte del trabajo sucio a la derecha más impresentable desde hace décadas es un impensable regalo

¿Alguien ha visto a algún político de derechas dedicarse a criticar siquiera las meteduras de pata de Feijóo? Uno entendía que, por aquello de cierta delicadeza y profilaxis políticas, los trapos sucios, los malentendidos, los equívocos, las falsas interpretaciones, las malas tácticas y estrategias de un partido -sobre todo el del PSOE con no sé cuántos años de honradez en su joroba-, se dirimirían dentro de casa, a puerta cerrada, en la cocina, sin que se enterase nadie, menos aún el enemigo number one

Fenómeno digno de estudio psiquiátrico lo que está pasando con ciertos militantes socialistas más o menos quemaos, que siguen creyendo tener derecho a la pernada ideológica del partido. Lo suyo es más que crítica; y lo de esa tontería de llamarla “crítica constructiva” vamos a dejarla para los ingenuos, pue no existe. Es, lisa y llanamente, cainismo puro, una asombrosa holografía de Caín y Abel en diferido y que, tras la historia del PSOE, uno pensaba que nunca, jamás, tampoco volvería a repetirse.

¿Por qué tanta mala baba?

¿A qué se debe tanta mala baba contra Sánchez? ¿Egolatría mal resuelta? ¿Vanidad herida? ¿Creerse la encarnación de Pablo Iglesias y ser exclusivo portavoz del glamour socialista, imperecedero como una rosa de invernadero celestial?

Tiene su particular interés lo que escribió Rafael Llopis en 1946, cuando era secretario del Partido Socialista en el exilio francés, y presidente del nuevo Gobierno republicano, y que González, si fuese un alumno humilde y aplicado, podría copiar cien veces en su cuaderno de bitácora: “Nuestra educación socialista no se hace con el culto a los hombres, sino con el culto a las ideas. Nosotros no tenemos jefes. Al Partido Socialista Obrero Español no se viene atraído por el prestigio, verdadero o falso, de ningún hombre, sino atraído por las excelencias de la doctrina a cuyo servicio hasta que consagrarse. Y los hombres que están en nuestro Partido, lo están para servirlas, para fecundarlas, para enriquecerlas, con su conducta plena de fervor, honestidad y abnegación” (El Socialista, 20.12.1946). 

Ya sabemos que el propio Llopis terminó devorado por su egolatría, olvidando lo que él había escrito sobre esa educación socialista, pero, bueno, ahora, lo que interesa es saber en qué ha quedado esa “educación socialista” en este González que resurge de las aguas como si fuera un Neptuno en los momentos más inoportunos para recordar quién manda aún en el mar del partido.

La claque socialista

Hace unos días, en la presentación del libro del baturro J. LambánUna emoción política. Memorias de un servicio a Aragón y España, sin venir a cuento de lo que el homenaje requería, comentar el contenido de un libro que con seguridad González no se habría leído, este se salió por peteneras, es decir, por las peteneras que le hormigueaban las cisuras en ese momento y que luego repetiría en el programa aludido, exigiendo al PSOE que “no se multase a Lambán por no haber votado a favor de la amnistía”, con la falacia ridículo de que “si lo sancionan por eso, a mí también, deberían hacerlo. Quiero compartirlo; porque estoy de acuerdo con él de forma y fondo con lo que ha hecho. El me parece que es un ejemplo de lealtad al proyecto que representa el PSOE.” Ejemplo, ¿de qué? Hay lealtades que recuerdan a la de algunos protagonistas de El Padrino.

Tirar pedruscos contra el tejado del edificio de su partido, ¿es por amor o propio de un idiota? ¿Lo hace por rencor, envidia, inquina, senilidad, desmemoria?

Olvida el Sr. González, que a Nicolás Redondo se le expulsó del partido por su disconformidad con la ley de amnistía, así que parece que lo que busca es que lo echen del partido. Espero que el PSOE no caiga en esta saducea trampa y que le diga de una puñetera vez al sr. González que, si no se ve reflejado en este PSOE, se salga de él motu proprio. Nadie le va echar de menos. Y los servicios prestados al PSOE y a España ya se le han pagado con creces. En la actualidad, gracias a sus esfuerzos se ha convertido en un peso muerto y está mucho mejor callado que hormigueando o dedicándose a recoger fondos para su Fundación

En fin, no sólo González acompañaba a Lambán en ese acto, sino que acudieron algunos de quienes en tiempos fueron sus ecos y narcisos, GuerraVirgilio ZapateroGarcía PageCorcueraLissavetzkyCándido MéndezElena Valenciano… La verdad, me extrañó que entre esa claque, no se encontrara Juan Alberto Belloch, pues, no hace tiempo que salía en la prensa con la cantinela de que “Sánchez había sido el peor presidente de la democracia junto con Aznar” (26.6.2023). ¿Por qué razón? Porque Sánchez y Rodríguez Zapatero habían “desmantelado el felipismo” y, horror de los horrores, pactado con nacionalistas malos, terroristas malos y comunistas peores. Como si el felipismo fuera una doctrina que estuviera por encima del socialismo Recuérdese lo que decía Llopis al respecto. ¿Felipismo, dice usted? ¿El que reclama la derecha? 

Volviendo a las andadas

Como digo, el espectáculo es insólito, pero no inédito. Parece, además, una maldición de la historia. Quizás, eso se deba al olvido de lo que sucedió en tiempos pasados. En ese tiempo remoto aludido, la culpa se la echaron a los comunistas; ahora, la china le ha tocado a los nacionalistas de cualquier cuño: nacionalistas de izquierda, nacionalistas de derecha, nacionalistas de extrema izquierda, nacionalistas de extrema derecha, prófugos de la justicia y hasta con el brazo armado político del terrorismo. Y, siempre, los eternos comunistas, que estos seguro que no han de faltar en la mesa de los convidados de piedra como sospechosos de cualquier sevicia, pues seguirán siendo acusados de transportar en su ADN la propensión al crimen y a la mentira, como decía el fascista Vallejo Nájera, pero que repetiría una y otra vez Llopis en el exilio francés. Y no lo duden. Mientras las derechas sigan acusando a los comunistas de la manera en que lo hacen, eso significará que la democracia de este país hace agua. Es un síntoma científico.

De este pasado al que aludo, y del que podría ser reflejo González y su paso por el programa de televisión con la complacencia ratonil de su entrevistador, se vuelve a recuperar una frase y que, de tonta que es, aparece una y otra vez en quienes nada tienen que decir o son un despropósito mental, porque, no sólo ignoran el pasado, sino que, no ignorándolo, se lo pasan por el chirimbolo. Me refiero a la frase tan falaz como populista de asegurar que “Pedro Sánchez es el peor presidente que ha tenido España en su historia”. Como si quien dijera tal afirmación tuviera conocimiento exacto y riguroso de quienes fueron los presidentes de España y dispusiera de los parámetros fiables para decidir y definir quién es el mejor o quién es el peor. ¿Recuerdan ustedes quiénes fueron DatoSilvelaGarcía PrietoAzcárraga? Pues eso. Quien hiciera tales afirmaciones, además de vérsele el plumero, tendría que hacer como mínimo diez tesis doctorales sobre los presidentes que ha tenido España desde la II República y, desde luego, no al modo en que hicieron la suya P. Casado y C. Cifuentes

¿El peor presidente? 

El peor presidente de toda la historia de España es una frase que han repetido una y otra vez los dirigentes del PP. Y es la misma conclusión a la que muchos pueden llegar si se hace a caso al dogmático y excluyente Felipe González cuando ensarta a Sánchez en el pincho moruno de sus críticas. ¿Acaso González no recuerda lo que le decía Aznar cuando le escupía a la cara “¡Váyase, sr. González!” ¿Por qué cree que se lo refrotaba por los bigotes una y otra vez? ¿Acaso porque lo tenía como el mejor presidente de la historia?

Fenómeno digno de estudio psiquiátrico lo que está pasando con ciertos militantes socialistas más o menos ‘quemaos’, que siguen creyendo tener derecho a la pernada ideológica del partido

Algunos, incluso, han traspasado el umbral de la ironía fácil, para instalarse en el sarcasmo, digno de Alfonso Guerra, diciendo que Sánchez no sólo merece ser considerado como el peor presidente de la Historia, sino que, ahí es nada, ha superado incluso a Rodríguez Zapatero, lo que parecía misión imposible. Hasta se ha dicho que “Sánchez ha hecho bueno a Franco”. Y se supone que quienes lo estampan en los papeles lo hacen con la intención de echarlo del poder, porque su maldad sanchesca sólo busca perpetuarse en él. Lo que habrá que oír. Ya me dirán, si no. Si uno es un político de “raza”, como dicen algunos que no son racistas, ¿a qué debe aspirar tal político, a dirigir una fábricas encurtidos?

¡O témpora, o mores!

Habría que ser más prudente si queremos ser respetuosos con la historia. Y, si se trata de socialistas, más, porque como partido han vivido episodios, si no parecidos, muy semejantes en el pasado. 

Eran otros tiempos. Muy duros, sí. Tras el fin de la guerra, el PSOE se encontraba en el exilio. Sus dirigentes se mantenías ocultos como osos cavernarios en la Francia ocupada, hasta que los nazis salieron del país galo. Se llamaban Llopisde FranciscoSaboritTrifónGregoriCampañáG. BeltránPascual Tomás, etcétera, dirigidos por Prieto desde México. Cualquier socialista que se precie sabe que este grupo fue responsable de la expulsión de 36 compañeros socialistas, seguidores de Juan Negrín, presidente de la II República en el exilio, a quien aquellos consideraban más comunista que al propio Santiago Carrillo, uno de los personajes más odiados por El Socialista en esta época. 

Entonces el pretexto fue el comunismo. Hoy, son los nacionalistas del procés y los nacionalistas de Bildu. El caso es encontrar una excusa para defender lo que consideran algunos la pureza del partido, es decir, un santo Grial táctico que sólo ha conseguido que la derecha obtenga el poder en comunidades autónomas y del gobierno. 

Ignoro si Sánchez ha superado con creces a Juan Negrín o a Azaña en maldad gubernamental, pues ninguno será bueno para las derechas

¿Qué sucedió en aquella época más o menos convulsa, calificada como “una de las etapas más tristes del PSOE”, la que corresponde a los años 1940 a 1946 en el exilio francés? Pues sucedió lo que parece que, cambiándose lo que haya que cambiarse, está sucediendo hoy día. Juan Negrín fue considerado el cabeza de turco de todas las desavenencias internas dentro del PSOE, por su, al parecer, connivencia, y más que connivencia, sumisión a los dictados del Partido Comunista. Que es lo que hace Sánchez con los anteriormente nacionalistas aludidos, y por lo que queda convertido en un traidor al socialismo “felipista” y, por tanto, como el peor presidente de la historia gubernamental de este país. 

Negrín, el peor de todos

Luis Araquistain, socialista conspicuo del PSOE, llegó a escribir que “Negrín estuvo sostenido continuamente por los comunista y sus adláteres (…) Sus ilusiones de creerse el gobernante más legítimo e insustituible del mundo hacen sonreír” (El Socialista, 18.8.1945). Para completar esta ilusionante descripción, Wenceslao Carrillo añadió que “en el exilio lleva Negrín una vida de multimillonario (El Socialista, 24.8.1946), un juicio profundo como fosa pelágica. 

No es mi intención hacer comparaciones, pero esta que voy a recordar no quiero privársela al lector. Dicen algunos que Pedro Sánchez es el peor presidente de gobierno de España desde Viriato, mostrando así que son hombres de poca fe y no creen en las posibilidades de que haya alguien que mejore ese ranking de maldad y, por supuesto, ignoran que, ya antes, algunos llegaron mucho más lejos en esto de ser el peor presidente… Y no, no fueron gentes de derechas quienes lo dijeron, sino, ¡bingo!, un socialista. 

El citado Luis Araquistain tuvo la dudosa gloria de pasar a la historia por afirmar que “Juan Negrín es el hombre de gobierno más funesto e irresponsable que ha tenido España desde hace muchos siglos”. (En “Carta de Araquistain Quevedo a Diego Martínez Barrio”, 4.4.1939, Archivo Fundación Pablo Iglesias, AH. 26-36). Ya lo ven. ¡En siglos! Lógico que, en tal situación, recomendara que “hoy por hoy su mayor acto de patriotismo sería su apartamiento de la política”. 

¿Suena el estrambote?

La honradez no se ve acompañada por la inteligencia y, en ocasiones, esta parece haber sido sustituida por la necedad senil

Negrín, Azaña y Sánchez

Ignoro si Sánchez ha superado con creces a Juan Negrín o a Azaña en maldad gubernamental, pues ninguno será bueno para las derechas. Y no se confunda González. Tampoco él fue un buen presidente. Si no de qué el exabrupto de Aznar.

En la II República, Don Manuel fue personificado como Frankenstein y ya es curioso que a Sánchez lo hayan calificado como “zurcidor de gobiernos Frankenstein”. Que lo diga la derecha, bueno, pero que lo repitan quienes hasta hace cuatro días dirigían el PSOE produce más que perplejidad, vergüenza ajena. Da que pensar. E imaginar qué pasaría si en estos momentos la camarilla de González y compañía dirigieran el partido. ¿Harían con Sánchez lo mismo que hicieron sus antepasados ideológicos con Negrín y los 36 expulsados del partido?

Aquel hecho, el de la expulsión tramada por Prieto desde México, se lo tuvo que tragar el partido en octubre de 2009, siendo rehabilitados los expulsados a título póstumo. Lo que resulta bien llamativo, pues, fue Alfonso Guerra, ahora en el frente anti Sánchez, quien dijo que aquello fue “una injusticia y que el PSOE se equivocó”. Lo que da pie a preguntarse si no nos encontraremos ante la misma injusticia y equivocación que González está cometiendo en sus arremetidas contra Sánchez y Rodríguez Zapatero.

Entiendo que la honradez y la inteligencia son dos valencias muy necesarias en política, pero, a veces, no se ejercen de forma simultánea. La honradez no se ve acompañada por la inteligencia y, en ocasiones, esta parece haber sido sustituida por la necedad senil. Cuando esto sucede, el espectáculo resultante en ambos casos es bochornoso. 

Felipe González, ¿el ‘Darth Vader’ de la derecha?