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jueves. 18.08.2022
TRIBUNA DE OPINIÓN

PSOE de Andalucía: el final de las responsabilidades políticas

El partido ha entrado de nuevo en un ciclo lampedusiano, de bunkerización, como en la última etapa de Susana Díaz.
PSOE acto campaña andalucía
Acto de campaña del PSOE de Andalucía.

La caída demoscópica del gobierno de Pedro Sánchez, luego de una notable gestión en el magma de gruesos avatares por todos conocidos y tan heterogéneos como una pandemia, una crisis energética, o un conflicto bélico, solo tiene como dinamizador el resultado electoral en Andalucía con la severa derrota del socialismo meridional.

La política no es una ciencia ni una metafísica o, al menos, de serlo lo son en menor grado que un estado de ánimo, que, en este caso, arrastra a posiciones equidistantes de la postración moral del fracaso. Solo los responsables de la debacle electoral del PSOE-A han decidido, como aborrecía Mario Benedetti, convivir con la derrota, eso sí, pisando siempre la cálida moqueta de la artesa oficial.

Cuando después del resultado electoral para el Partido Socialista de los comicios andaluces nadie ha asumido responsabilidad alguna y se lanzan a una aturdida opinión pública las más disparatadas excusas, es razonable pensar que el partido ha entrado de nuevo en un ciclo lampedusiano, de bunkerización, como la última etapa de Susana Díaz pero, además, protagonizado por los mismos personajes que constituían la trama orgánica y clientelar de la ex presidenta.

El grave error cometido en Andalucía, error tasado por previsible aunque no con la dimensión final, puede pasar una costosa factura al conjunto de la organización en toda España restándole de forma notoria poder e influencia institucional. El gobierno de coalición, a pesar de toda la metralla posverdadera de la derecha, ha sido una fórmula de éxito en tiempos muy difíciles. Y esa labor meritoria puede malpararse por la cortedad de miras de unos dirigentes andaluces que sin ideología, sin sujeto histórico, sin modelo de sociedad, sin metafísica, tan solo aspiran a conseguir estatus y nómina mediante un chabacano populismo. Los responsables meridionales han conseguido aquello que predicaba Milton Friedman: hacer que lo políticamente imposible, sea políticamente inevitable. Y, sobre todo, algo que añade dramatismo a una situación bastante comprometida para los intereses generales del socialismo español: el ostracismo de las responsabilidades políticas.

Es en la vida pública lo que el filósofo surcoreano Byung-Chul Han denominado la desaparición de los rituales –falta de contacto social- lo que ha supuesto la suspensión de las formas temporales fijas de sociabilidad.

Gillo Dorfles, por su parte, ha calificado estos fenómenos de obsolescencia de las formas culturales, lo que en términos políticos supone una abolición de la capacidad de transformación de la realidad, algo -la voluntad del cambio político y social-, inherente al pensamiento situado en la rive gouche de la vida pública.

Una redefinición urgente del socialismo meridional parecía inexcusable luego de la extravagante experiencia susanista. En este sentido, y en los términos históricos en los que hoy puede encuadrarse el socialismo andaluz, las disfunciones políticas adquiridas por las malas prácticas del susanismo y su implantación clientelar, carecen de predicados y se han convertido en patologías de la organización. 

PSOE de Andalucía: el final de las responsabilidades políticas