miércoles. 19.06.2024
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Quiero comenzar este artículo afirmando que el Partido Popular ganó en votos y diputados las elecciones europeas celebradas el domingo. Parece una obviedad afirmar ese hecho una vez conocidos los resultados, pero mi afirmación la realizo desde mi convicción que en democracia es obligado aceptar los resultados que las urnas han producido, así como la legitimidad de los gobiernos que se formen, respetando los mecanismos establecidos para ello en nuestro ordenamiento jurídico. No siempre ocurre así y creo oportuno recordarlo.

Esa aceptación es obligada para un verdadero demócrata y sería muy positivo para el país que todos los responsables políticos y sus partidos no pusieran en duda esta esencial cuestión en ningún caso.

Dicho lo anterior, pienso que una inmensa mayoría de españoles podemos estar de acuerdo en que la campaña electoral de las recién celebradas elecciones europeas, ha sido sin duda la más sucia y rechazable de todas las celebradas hasta ahora en nuestro país.

Es un hecho innegable que desde la irrupción de la extrema derecha en las distintas instituciones del país; la crispación, la falta de respeto a las instituciones y a quienes las representan por haber sido elegidos democráticamente, los mensajes de odio, la xenofobia y la violencia en el debate político, se han hecho habituales en la vida política de nuestros territorios.

Siendo lo anterior una cuestión muy grave pues afecta a la convivencia y la cohesión social, lo es mucho más que el principal partido de la oposición, el Partido Popular haya asumido en gran medida la forma de hacer política de Vox.

La deriva del Partido Popular hacia posiciones difícilmente distinguibles de los planteamientos de Vox se ha hecho mucho más evidente desde la llegada del Sr. Feijóo a la presidencia de su partido y se ha agudizado tras las elecciones generales de julio pasado.

El Sr. Feijoó llegó en olor de multitudes a la Presidencia del partido sin tener que competir con nadie, tras la defenestración del Sr. Casado que contó con su visto bueno; desembarcó en Madrid con el cartel de político competente y con sentido de estado, y en consecuencia sectores económicos, financieros y grandes medios de comunicación trataron de crear en la opinión pública la idea de que la llegada del gallego a la presidencia del gobierno era algo casi inevitable.

La deriva del PP hacia posiciones difícilmente distinguibles de los planteamientos de Vox se ha hecho mucho más evidente desde la llegada de Feijóo

El Sr. Feijóo se lo creyó y ahí comenzó su impaciencia. Su triunfo en las elecciones autonómicas y municipales gracias a sus pactos con la extrema derecha neofascista a la que introdujo en las Instituciones, exacerbó su impaciencia y a partir de ahí su quehacer político como líder de la oposición se centró exclusivamente en destruir al Presidente de Gobierno. Su oferta electoral a la ciudadanía en las elecciones generales del 23-J consistió casi en exclusiva en destruir al sanchismo.

Las mentiras, los insultos, los intentos de deshumanizar al adversario y las reiteradas muestras de torpeza e incompetencia en materias esenciales para el país, así como su persistencia en negar la evidencia de los logros que en materia social y económica había obtenido el gobierno de coalición Psoe-Unidas Podemos, mostraron a la ciudadanía la verdadera cara del Sr. Feijóo, así como unas carencias muy importantes en quien pretende ser Presidente del Gobierno de España.

Su pírrica victoria en votos y en escaños, su imposibilidad de obtener ningún apoyo parlamentario por su unión a Vox, le impidieron poder ser investido en una sesión que pasará a los anales del Congreso por la desnaturalización que el Sr. Feijóo llevó a cabo respecto a lo que la Constitución establece en relación a la sesión de investidura.

La posterior investidura de Pedro Sánchez como Presidente, mostró a los ciudadanos un Feijóo que no aceptaba y reconocía la legitimidad del Gobierno recién formado, que parecía desconocer el funcionamiento de nuestro sistema parlamentario, que jaleado por los elementos más recalcitrantes de su partido y  apoyado por determinados sectores económicos, financieros y mediáticos, inició una desesperada deriva donde su único objetivo era expulsar al Presidente del Gobierno del palacio de la Moncloa, utilizando para ello cualquier medio incluso aquellos que ética y políticamente son inaceptables en democracia.

No trasmite el Sr. Feijóo ningún gesto ni planteamiento que permita pensar que su ocupación y preocupación sean los problemas reales que tiene nuestro país y sus propuestas para afrontarlos; tampoco ha mostrado ningún interés por los graves problemas que va a tener que afrontar la Unión Europea y prueba de ello es la campaña electoral que el Partido Popular ha llevado a cabo convirtiendo la misma en un plebiscito contra el Presidente del Gobierno y en ningún caso para debatir de asuntos europeos.

Una vez más el Sr. Feijóo ha llevado a su partido a una estrategia equivocada, arropado por su guardia pretoriana que cada semana muestra en las sesiones de control en el Congreso su estilo bronco, sucio, mentiroso y carente de un mínimo contenido.

Los resultados en España de las elecciones europeas suponen, a pesar de ser la lista más votada y con más escaños, el segundo gran fracaso del Partido Popular dirigido por el Sr. Feijóó no sólo porque su victoria es claramente insuficiente respecto al objetivo que él mismo había planteado convirtiendo las elecciones europeas en un plebiscito sobre Pedro Sánchez, sino también por su incapacidad para aglutinar al conjunto de las derechas españolas.

La deriva reaccionaria del Partido Popular y en particular del Sr. Feijóo es muy preocupante. Sus declaraciones de corte xenófobo, su anclaje a la extrema derecha para poder mantener poder territorial, no sólo le van a impedir conseguir apoyo alguno, sino que además está posibilitando que la extrema derecha se consolide e incluso que aparezcan nuevos grupos de extrema derecha más desestructurados y potencialmente peligrosos.

Los resultados de las elecciones europeas han mostrado que los temores de un ascenso importante de los partidos neofascistas se han cumplido y ello es muy preocupante pues ello pone en peligro los principios fundacionales de la Unión.

Francia, país fundador ha votado mayoritariamente al partido neofascista de la Sra. Le Pen, Italia país fundador tiene ya gobierno de corte neofascista con la Sra. Meloni como jefa de gobierno y ha ganado las elecciones europeas, Alemania país fundador ha visto como un partido de corte nazi ha sido la segunda fuerza más votada; son quizá los ejemplos más representativos de los peligros que acechan a la Unión Europea.

¿Se plantea el Sr. Feijóo romper los pactos con Vox, allí donde gobiernan en coalición?

Vistos los resultados, parece que no será necesario tener que pactar con ninguna fuerza de la extrema derecha europea para conseguir mayorías, descartándose así hacerlo con la extrema derecha buena que según Feijóo era el Partido de la Sra. Meloni. De confirmarse será una buena noticia.

Para concluir, creo oportuno plantear dos preguntas.

¿Se plantea el Sr. Feijóo romper los pactos con Vox, allí donde gobiernan en coalición?

¿Merecía la pena degradar tanto el debate político, utilizar bulos y mentiras en asuntos muy sensibles para la honorabilidad de personas, llegar al insulto y la ofensa personal, para conseguir una victoria claramente insuficiente que sabe a derrota y posiblemente alimente más crispación?

Sería bueno para la salud de nuestra democracia que aquellos que han fomentado ese clima y en especial el Partido Popular, reflexionasen y rectificaran su forma de hacer política. La alternancia en democracia se produce siempre pero es exigible que se llegue a ella con respeto a las reglas y con juego limpio.

PP de Feijóo: campaña sucia, victoria insuficiente y plebiscito fallido