miércoles. 19.06.2024
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La democracia no es solo un sistema político para elegir a los gobernantes en una nación. Es también una forma de convivencia social entre personas libres e iguales y puede servir de ámbito donde se incentive el progreso de las personas.

El hecho de que haya grandes desigualdades que disuaden del esfuerzo por prosperar, actúa como retardador del progreso de las personas tanto socialmente como en política. Cuando se elige a personas de grandes cualidades para los puestos dirigentes, puede ocurrir que no todo el mundo se sienta capaz de emularlos. En caso contrario, cuando llegan a los puestos altos de la pirámide política personas convencionales o normales (ordinary people), todo el mundo puede verse reflejado y, eso, servir de acicate para aspirar a ello.

Eso puede ocurrir con Núñez Feijóo. Si llegara a ser presidente del Gobierno, cualquiera podría pensar en llegar a serlo algún día. Esto sería una palanca poderosísima para la democratización de la política española.

Hasta ahora, es verdad que todos los presidentes de Gobierno en España han sido vistos, especialmente por sus adversarios, pero no solo, como incompetentes para el ejercicio de tan alto cargo. Desde Suarez (¡Qué error, que inmenso error!) hasta, sobre todo, Sánchez, han sido ninguneados como personajes, inicialmente, incapaces de llegar a ese puesto.

Sin embargo, su paso por la Moncloa ha permitido conocer cualidades intelectuales que les han hecho dignos del puesto que ocupaban. Sea dicho esto con la consideración de que, dichas cualidades, no han sido apreciadas por todo el mundo por igual. De tal modo que, en cualquiera de los casos, siempre ha habido una parte importante de la población que no lo veía así. Desde sus logros, su proyección internacional o ciertos perfiles de su carácter, podemos recordar a cualquiera de los presidentes de Gobierno de la democracia por alguna de esas características.

Pero en el caso de Feijóo, no se llega a adivinar cuál puede ser esa cualidad tan destacable por la que, especialmente para sus hagiógrafos, pueda pasar a la historia.

Quiero decir que, si perteneciera a un grupo como aquel Village People, sería difícil encontrarle un uniforme con el que salir al escenario, más allá del de gaitero gallego. Incluso, el de cartero podría valer, recordando que fue presidente de Correos, pero llegó a criticar que lo fuera un amigo de Sánchez, por lo que parece renegar de su pasado.

A otros personajes, aunque no han llegado a ese puesto, podemos recordarles por algo. A Iglesias, por su coleta, a Bescansa por su hijo en brazos, a Rufián por la fotocopiadora, a Casado, por su barba y a Rivera por su desnudo. Pero, Feijóo, ¿qué ha hecho para destacar?, ¿ir de grumete en un barco de contrabandistas?

Su desembarco, por cierto, en Génova 13 desde su Galicia natal nos podría dar una pista recordando como llegó a ser primus inter pares en su partido. Era un hombre moderado y un ganador nato que no pactaba con VOX. Pero, todo eso, ha saltado por los aires a las primeras de cambio.

Precisamente, la antítesis de una de esas cualidades, la de la moderación, podría ser una seña de identidad. El uso de descalificaciones a Sánchez, le podría diferenciar, pero, solo insultar no es suficiente. Tellado, Díaz Ayuso o Hernando (¿recuerdan?), lo hacen mejor. En todo caso, el haberse declarado como un bluf podría ser una seña de identidad, junto a su "normalidad", para muchos de nosotros. ¿Quién no ha decepcionado alguna vez las expectativas que había despertado?

 Así pues, se puede considerar a Feijóo como un modelo de muchas, muchísimas personas que no se sienten capaces de pasar a una galería de ilustres como Alejandro, Napoleón, Churchill o cualquiera de las Isabel que conocemos por la historia.

Si nadie, que no se apellide Borbón, puede llegar a ser jefe del Estado, al menos, todo el mundo puede pensar en llegar a ser jefe de Gobierno. Y, no solo porque lo diga la Constitución, sino porque lo demostraría la vida misma.

Muchos chicos y chicas, de esos que sus decepcionados padres dicen que no valen para nada, ninis y militares sin graduación, pueden aspirar a lo mismo desde el momento en que don Alberto Núñez Feijóo aparezca en el BOE como presidente del Gobierno de España. Sería cierto aquello que decía Suárez de hacer real lo que es oficial. O algo así.

Y que nadie piense que las anteriores líneas son una versión irónica de un relato descalificador. No. Lo digo todo lo en serio que se puede hablar de esto.

Feijóo, España te necesita