jueves. 04.06.2026
OBITUARIO

Carlos Hernández, la memoria en persona

Carlos se va de este mundo habiendo sabido ejercerla y estimulando a otras personas a seguir un recorrido duro en el que nos cruzamos. 

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La memoria no es algo pasivo, es un ejercicio, un esfuerzo, así resumiría yo la trayectoria de Carlos Hernández, fallecido ayer. Tuve la suerte de poder conocerlo, entremezclando motivos de investigación con lo que consideramos deberes familiares. Aunque lo dejo para el final.

Una trayectoria de compromiso tomando como referencia su titulación en Periodismo, y una evolución profesional y vital, polifacética. Como corresponsal cubrió diferentes conflictos internacionales, algunos que demostraron la escasa protección hacia el mundo de los corresponsables, como el ataque norteamericano a un hotel en Bagdad que costó la vida a José Couso. La familia de Couso ha visto diferentes reconocimientos y homenajes a su ser querido, en los cuales ha sido participe activo Carlos Hernández. Reconocimientos, pero no se ha conseguido hacer justicia.

Quizá en el caso de Carlos todo comenzó cuando hablaba con su tío de Francia, Antonio Hernández Marín

Pero si importante es su legado y compromiso dentro del mundo del periodismo no lo es menos en la memoria histórica y democrática, sobre todo en la defensa de la memoria de los represaliados del franquismo, los campos de castigo y trabajos forzados de la dictadura y el recuerdo por los españoles y españolas deportados a los campos de concentración y muerte de la Alemania Nazi, y de manera concreta en Mauthausen.

Un legado que no es aire, sino que ha quedado en diferentes libros, tanto sobre los campos de prisiones del franquismo como en el caso de las víctimas españolas del Nazismo con el libro “Los últimos de Mauthausen” como en su versión en cómic, con el objetivo de llegar a los más jóvenes. Escribo estas letras con un ejemplar del libro al lado del ordenador, firmado por Carlos. En su momento lo presentamos en la UNED, en el Centro Madrid Sur.

Es en ese tema donde veía una fuerte sinergia, que nos desmarcaba en el trabajo de otros investigadores en la materia y dignificación de los campos de la Alemania Nazi. Que hizo que Carlos se ganase la confianza de los familiares de deportados recogiendo materiales y testimonio que le dieron los supervivientes y las familias. Una misma confianza de la que gozo de familias de deportados, en mi caso de los de Dachau, de los cuales también he reunido materiales y se han volcado en dotarme de documentaciones.

Quizá en el caso de Carlos todo comenzó cuando hablaba con su tío de Francia, Antonio Hernández Marín. En mi caso cuando investigaba también sobre mi tío abuelo, Isidro Sánchez, fallecido también en Francia un año antes de que yo llegase al mundo. Un hilo conductor que hizo que nos conociésemos. El hecho de que su tío abuelo fue el prisionero deportado español 4443 en Mauthausen, y mi tío abuelo, que es hijo predilecto de Madroñera, el prisionero deportado español 73986 de Dachau.

La palabra memoria es una de las palabras más preciosas que hemos heredado del latín. Carlos se va de este mundo habiendo sabido ejercerla y estimulando a otras personas a seguir un recorrido duro en el que nos cruzamos. 

Hasta siempre, Carlitos

Carlos Hernández, la memoria en persona