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Carlos Hernández era un periodista auténtico que ejerció la profesión en las circunstancias y el puesto que fuese.
Su trayectoria profesional empezó en Antena-3 cubriendo conflictos internacionales. Era lo que más le gustaba. Estuvo en Afganistán, Palestina, Yugoslavia o Irak. Sus crónicas, críticas con la guerra de Estados Unidos por supuestas armas de destrucción masiva, le costaron su puesto en la cadena de televisión. Él estaba convencido de ello.
Fue él quien me dio la exclusiva de que Zapatero iba a convocar elecciones en 2011. Estaba en la escalinata de un avión una hora antes del anuncio oficial. “Te lo debía”, me dijo. Nunca lo olvidaré
También bandera hasta el final por defender el asesinato del cámara de televisión José Couso, y se implicó al máximo en este asunto. Cada revés judicial, lo recibía como una puñalada. Pero, año tras año, recordaba su muerte.
Después pasó un tiempo en la revista “La Clave” y, para sorpresa de muchos, acabó como director de comunicación del PSOE en la etapa de José Luis Rodríguez Zapatero y José Blanco.
Ahí nos conocimos por motivos obvios -yo hacía PSOE desde el diario “El Mundo”- y tuvimos que convivir a la fuerza entre un jefe de prensa y un redactor de un medio que no le era muy afín. Pero ambos marcamos reglas desde el principio, y nos entendimos.
Su gran apuesta fueron las elecciones de Galicia de 2005. Había que ganar a Fraga, y era una imposición directa de José Blanco. Se fue meses antes a la región con Óscar López y Antonio Hernando para preparar la precampaña. Y se volcó. Recorría toda la región con el candidato y cuando iba Zapatero toda Galicia, y cada noche se peleaba a gritos con la Televisión Gallega porque entendía que estaba manipulando la campaña. Al final, Fraga perdió.
En la campaña de 2008 con Zapatero también estuvo, y se dejó la piel. Y eso que nunca me perdonará que el “vídeo de la ceja” no se hiciera en el hotel Santo Mauro, porque alguien me chivó que se iba a hacer allí y alguien le contó a él que yo estaba. Terminaron haciéndolo en Gobelas. Lo siento, amigo.
En esa segunda etapa de Zapatero, todos daban por hecho que sería el nuevo Secretario de Comunicación del Gobierno, pero Carlos no quería. En una reunión con Zapatero, le preguntó qué quería hacer y él, de broma, le dijo: “Todo sueño de un periodista es ser jefe de comunicación de Paradores”. Y Zapatero le dijo que sí.
En el 2011, a petición de Blanco, volvió a hacerse cargo de las campañas de comunicación del PSOE en las municipales y autonómicas, y luego en las generales.
Sabía, de primera mano, que la batalla estaba perdida, pero decía que lo debía hacer, que se lo debía a Blanco y al PSOE. El fracaso fue el esperado.
Y ahí lo dejó todo. Me dijo que se retiraba del periodismo y de las jefaturas de comunicación para siempre. Me consta que en esta etapa varios dirigentes del PSOE le quisieron reclutar, especialmente Óscar López, pero siempre declinó cualquier oferta.
Tenía en la cabeza otra cosa. Una deuda que le debía a su abuelo. Quería escribir lo que él mismo llamaba las miserias del fascismo. Meticuloso, estudioso y trabajador incansable, en el 2015 publicó “Los últimos españoles en Mauthausen”, un libro que vendió más de 25.000 ejemplares. Luego, durante varios años se embarcó en averiguar los desmanes del franquismo, y alumbró un trabajo novedoso y poco conocido: “Los campos de concentración de Franco”. Lo último que hizo fue una novela literaria, que se autoeditó, titulada “Créeme”. Además de escribir, Carlos abandonó el ruido político y mediático en los últimos años. Vivió en Asturias, Navarra y Huesca. Le aburría cuando le llamaba para comentar la actualidad política. Eso sí, siempre fue un activista y se podría decir que antifascista.
La última vez que le vi fue en la presentación de mi libro.
Me dijo: “Amigo, tienes que venir a mi casa y pasamos un fin de semana en Panticosa”. Nunca me perdonaré no haber ido.
PD.- Carlos Hernández era uno de mis mejores amigos. Hicimos juntos muchas campañas electorales. Y voy a confesar dos cosas. Pensamos en escribir un libro juntos de cómo se veía y cómo se hacía la información desde un partido político y cómo se trataba desde un medio de comunicación, digamos que hostil. Nunca quiso. Y otra confesión: fue él quien me dio la exclusiva de que Zapatero iba a convocar elecciones en 2011. Estaba en la escalinata de un avión una hora antes del anuncio oficial. “Te lo debía”, me dijo. Nunca lo olvidaré. ¡Que la tierra le sea leve, amigo!




