martes. 23.04.2024

La semana que viene, nuestros representantes empezarán en serio a eso que se llama hacer política, que muchas veces tiene tan mala prensa y sin embargo es la única forma de manejar los asuntos humanos, de reducir las incertidumbres. Por supuesto que oiremos apelaciones a soluciones fáciles, del tipo de pedir que gobierne la lista más votada aunque no tenga apoyos en el Parlamento, y que el partido objeto de los insultos de toda una legislatura -felón, ocupa, banda, vendepatrias- ceda sus votos caballerosamente a quienes se creen los dueños de la cosa (y de la casa).

La semana que viene se habrán acabado las frases ingeniosas, y habrá que comenzar a hacer política. Y es un ámbito en el que no hay soluciones fáciles. De hecho, cualquiera que haya leído un manual de historia sabe que los problemas de un país no se solucionan, se gestionan mientras surgen otros nuevos, que se suman a ellos y hacen precisas nuevas decisiones. 

No se crean que la situación es tan mala como nos cuentan los que resuelven las dificultades con frases ingeniosas y cuentas que no cuadran. Hay que hacer política

Esa es la situación en la que estamos, y corre prisa, porque la realidad es terca. Se avecina otra reordenación de la vida económica de Europa, en la que el Gobierno actual ha sabido posicionarse bien, en una situación de liderazgo que es preciso saber aprovechar. Porque llevar a cabo una política exige al menos cierta continuidad. Los viejos del lugar recordamos que el presidente Zapatero hizo una fuerte apuesta por las renovables, una apuesta que el siguiente Gobierno detuvo en seco para salvaguardar los intereses de las energéticas tradicionales, o para darles tiempo a mejorar sus posiciones cara al futuro que se avecinaba. Hoy, recuperada aquella estrategia, España tiene todas las posibilidades de convertirse, con el hidrógeno verde, en país exportador de energía. Los grandes fondos de inversión lo saben (les aconsejo la prensa económica, yo la leo porque me interesa de verdad la política).

No es que se aproxime, la tenemos encima, otra reordenación de la vida política. De la española en este caso. Y volveremos a oír que un gobierno apoyado en muchas patas es impracticable, y habrá que recordar que aún con muchas más patas -y patadas- en la pasada legislatura se aprobaron más de 200 leyes, algunas de tal poder transformador que solo el griterío de sus oponentes lo pone de verdad de manifiesto. Y oiremos decir muchas cosas que no se compadecen con el hecho de que la situación es la que hay. No se crean que es tan mala como nos cuentan los que resuelven las dificultades con frases ingeniosas y cuentas que no cuadran. Hay que hacer política. 

¿Se preguntan qué es hacer política? Escuché una vez a José Luis Gómez decir encima de un escenario que el político no elige la realidad sobre la que actúa, sino que actúa sobre la que se encuentra. Eso es hacer política. 

Hacer política