Necesitamos tu ayuda para seguir informando
Colabora con Nuevatribuna
La gestión privada de lo público (more Ayuso) envilece las prestaciones instrumentalizando a los pacientes como mercancías.
El mito de la eficiencia privada nos está mostrando su verdadera faz, la del enriquecimiento que desdeña las prestaciones de un hospital público.
Bombear dinero público a bolsillos privados utilizando al sistema sanitario debería tener sanciones penales muy graves y conllevar dimisiones políticas inmediatas
Por una vez el silencio de Ayuso no puede ser más elocuente y hasta Feijóo se ha permitido criticar algo inconcebible, como lo que ha sucedido en un hospital público cuya gestión es privada. Los profesionales que osaron denunciar malas prácticas fueron despedidos fulminantemente. Para colmo se preciaban de haber acortado la espera en las listas, al reducir el número de pacientes y seleccionar a los que resultaban más rentables, postergando el a los que salían más caros para incrementar sus beneficios económicos. Consideraban a las personas como una mera mercancía y los trataban como si estuvieran en una macro granja de ganado.
Ahora sabemos que ordenaban también reutilizar el material desechable de un solo uso, lo cual hace temer que haya cosas de parecido tenor. Ojalá este incidente tan escandaloso sirviera para revisar el principio de la privatización y auditar los cinco mil millones que se ha embolsado Quirón. Bombear dinero público a bolsillos privados utilizando al sistema sanitario debería tener sanciones penales muy graves y conllevar dimisiones políticas inmediatas.
La esfera pública no debe ser gestionada por intereses privados y quienes resultan electos en las urnas para gestionar lo público, no deberían poder delegar sus funciones a la iniciativa privada
Ayuso nos previene de que ETA (ya disuelta bajo el gobierno de Zapatero) puede asaltar las instituciones del País Vasco y Navarra. Defiende con mucho énfasis a ese ciudadano particular en cuya céntrica vivienda reside y hace negocios con el grupo Quirón, hasta el punto de que Miguel Ángel Rodríguez lo tiene agendado en su móvil con ese nombre. Sin embargo, no rinde cuentas de lo que ocurrió en las residencias madrileñas durante la pandemia, bien contado por Juanjo Castro en su documental 7.291. Y ahora tampoco se pronuncia sobre lo que ha ocurrido en el hospital público de Torrejón,
Solo sabemos que al parecer le gusta la fruta y que vote un tal Txapote. Cuando Pablo Casado se permitió cuestionar una comisión del hermano de Ayuso, tuvo que abandonar la presidencia del partido. Estamos en el mundo del revés, donde los villanos aparentar ser héroes y la gente normal es vilipendiada e instrumentalizado vilmente. Tampoco explica porque las universidades privadas casi doblan en Madrid a los centros universitarios públicos, alguno de los cuales ya ni siquiera puede pagar sus nóminas, aunque luego se presuma del puesto que ocupan entre las mejores del mundo.
Cuando Pablo Casado se permitió cuestionar una comisión del hermano de Ayuso, tuvo que abandonar la presidencia del partido
Es un debate inaplazable. La esfera pública no debe ser gestionada por intereses privados y quienes resultan electos en las urnas para gestionar lo público, no deberían poder delegar sus funciones prestaciones y servicios, que muchas veces generan generosos dividendos a la iniciativa privada, en detrimento de los recursos públicos. ¿Qué nos dirá Ayuso respecto al caso Torrejón?




