lunes. 26.02.2024

Como los viejos sesentaiochistas decían que debajo de los adoquines estaba la playa, la derecha española, inmersa en lo que ha bautizado como “guerra cultural”, ha querido refutarlo esta semana y decir que la playa está encima de los adoquines. Así que, de manera muy representativa de su forma de hacer, han espolvoreado un frontón con arena (de obra) y han puesto a caminar por encima de ella y a dar brinquitos a un señor descalzo.

La imagen es preocupante… la política como espectáculo trivial, destinado a encubrir la realidad. La terca realidad es que la línea roja que se puso en Valencia resultó ser “la delgada línea roja”, y el caballero condenado por maltrato que de ninguna manera podía ser consejero ahora va a ir a Madrid y podrá ser ministro, salvo que vuelva a convertirse en línea roja y termine ocupando una embajada. 

Si no es playa, sino arena de obra, si no hay mar, sino atrezzo, a lo mejor al otro lado de las líneas rojas no hay un verano, sino un invierno azul

La terca realidad es que la línea roja se la saltó en Baleares un señor que hace extrañas declaraciones freudianas sobre los genitales de la gente. 

La terca realidad es que la línea roja se la saltó en Aragón una señora que se ha apresurado a borrar las huellas de su locuaz pasado. 

La terca realidad es que en Extremadura están armando una hermosa coartada que ya no engaña a nadie. Habrá salto de la línea roja, solo que un poquito más tarde. 

La terca realidad son las medidas que ya están tomando, como si les corriera prisa, en donde están llegando a gobernar. Algunas son de “guerra cultural”: fuera carriles bici en los ayuntamientos (¿Las bicis son de izquierdas? ¿Los rojos no llevaban sombrero?), otras de guerra clásica: fuera bachillerato presencial nocturno en la comunidad de Madrid, fuera las leyes esas de igualdad. 

Esto no está pasando en una hipótesis. Está pasando ya. Así que, si están pensando en poner el pie por donde vaya a pasar la nueva coalición -con perdón por lo de nueva-, recen ustedes porque sigan descalzos, porque si se calzan las botas del gobierno lo pisarán todo. 

Entretanto, habrá más entregas, tanto de arraigados principios que se arrancan porque estaban plantados en arena de playa como de otras performances para que dejemos de hacernos preguntas. Y hay que hacerse preguntas. Pero cuidado: para obtener las respuestas acertadas es preciso no hacerse las preguntas equivocadas. Esta vez, lo que importa no es el pasado. Lo que importa es el futuro que ocultan debajo de la arena y las sombrillas de heladería. Si no es playa, sino arena de obra, si no hay mar, sino atrezzo, a lo mejor al otro lado de las líneas rojas no hay un verano, sino un invierno azul.

La playa