martes. 18.06.2024

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La buena marcha de la economía española en 2023 se describe bien mediante tres indicadores: El PIB creció un 2,5 % respecto del año anterior. En agudo contraste con la media de la UE que fue del 0,5 %; en 2023 se crearon medio millón de empleos, alcanzando la cifra récord de 21 millones de afiliados a la Seguridad Social a principios de 2024; y el IPC ha bajado hasta el 3,1 % anual en 2023. En términos comparativos, España ha sido el segundo mejor país por la bajada de la inflación acumulada.

Las reglas fiscales y las decisiones del BCE son las mismas para todos los países. Importa compararnos con los países de nuestro entorno para evaluar los efectos de las políticas económicas del gobierno español. A juzgar por la comparativa, las políticas económicas puestas en marcha por el Gobierno han dado resultados positivos: la economía española crece más que la media, crea empleo a buen ritmo y reduce la inflación con mayor intensidad que los otros países. Hay otros muchos indicadores a considerar para hacer un análisis fino de lo sucedido en 2023. Pero los indicadores antes señalados son los fundamentales para describir un perfil de nuestra economía. 

Los asuntos económicos ocupan un espacio escaso en lo que pomposamente se llama “conversación pública”. Tal ocurre porque es la derecha la que marca la agenda y en ella, casi como punto único, aparece la amnistía. El ruido y la furia en torno a la amnistía ha tapado, hasta ahora, cualquier otro debate. Tras las elecciones catalanas y, una vez aprobada la ley de amnistía, puede que haya lugar para debatir de política económica.

En 2023 se crearon medio millón de empleos, alcanzando la cifra récord de 21 millones de afiliados a la Seguridad Social a principios de 2024

Aunque debatir, lo que se dice debatir, con la derecha es casi imposible. En la cosa de la economía, el pensamiento de la derecha se sustenta en dos dogmas inmutables, como grabados en piedra.

El dogma de la confianza viene a decir que cuando gobierna la izquierda se pierde la confianza de los inversores y las empresas se sienten perseguidas. En consecuencia, dejan de invertir, cae la actividad económica, aumenta el paro y, en resumen, el país se arruina. Según Vox y el PP, así es como está España: arruinada. Por el contrario, cuando gobierna la derecha el hada de la confianza toca con su varita a empresarios e inversores que se apresuran a aumentar la actividad, a crear empleo y prosperidad para todos. Este dogma ahorra la molestia de elaborar un programa económico concreto que responda a la pregunta ¿qué harían si gobernaras? El programa económico de la derecha se resume en un solo punto: llegar al gobierno. Una vez en el gobierno, el hada de la confianza se encargará del resto.

El segundo dogma es que hay que bajar los impuestos a los más acomodados porque, así, estos tendrán más recursos para invertir y crearán más riqueza y prosperidad, que terminará llegando a los menos acomodados en forma de más y mejores empleos. La derecha habla de rebajas de impuestos para todos. Pero si uno analiza las rebajas fiscales en la Comunidad de Madrid puede constatar que el grueso de lo rebajado va a parar a menos del 1% de los contribuyentes, mientras que el resto de los contribuyentes reciben una cantidad simbólica, lo justo para envolver el producto de las rebajas fiscales para todos.

Las teorías científicas están sujetas al principio de que cuando los hechos contradicen la teoría, se abandona la teoría. Los dogmas, por el contrario, tienen la virtud de que cuando los hechos no encajan con el dogma, se rechaza la realidad, creando una “realidad alternativa”. Para ello se torturan los datos hasta que canten la verdad del dogma. Veamos un ejemplo.

La economía española crece más que la media, crea empleo a buen ritmo y reduce la inflación con mayor intensidad que los otros países

Estamos en récord histórico de afiliados a la Seguridad Social. Si hoy, hay más gente cotizando a la SS que hace un año es seguro que se ha creado empleo durante ese año. Ahora bien, el dogma dice que con los gobiernos de izquierda no se crea empleo. Así es que los datos (registro de cotizantes a la Seguridad Social o EPA) tienen que ser engañosos. Por eso recurren a otras estadísticas para afirmar que no se ha creado empleo, sino que se ha repartido el empleo existente. Para rematar la faena, en las Comunidades donde gobierna el PP dicen que allí sí se ha creado empleo en perfecta coherencia con el dogma. ¿Cómo se explica que en las Comunidades se crea empleo, pero en España no? Este es un misterio que quizás las clarisas de Belorado podrían explicar.

Otro hecho que no encaja con el dogma es que los grandes bancos han presentado beneficios de record en el ejercicio 2023, a pesar del impuesto que creó el gobierno. Aparentemente, a los bancos les va muy bien con un gobierno social– comunista–bolivariano, en contra de lo que dice el dogma. No digo yo que los beneficios récord se deban a la política económica del Gobierno. No. Pero sí digo que los dogmas del PP son más falsos que un euro de escayola. La banca, desde luego, no muestra el paisaje de ruina y destrucción que describen las derechas. 

En cuanto a si la bajada de impuestos a los más acomodados fomenta la inversión vale la pena analizar la gran bajada de impuestos a las empresas que hizo Trump. ¿A qué dedicaron esa lluvia de millones caída no del cielo, sino de la Casa Blanca? Con el dinero ahorrado de los impuestos Apple, por ejemplo, recompró sus propias acciones a fin de hacerlas subir y crear más valor para el accionista. En general, las grandes corporaciones usaron el ingreso extra para hacer inversiones financieras que generan muy poco empleo y menos actividad productiva.

El aluvión de datos a que hacía referencia al principio sirven, en primer lugar, para desautorizar los dogmas de la derecha: la economía española, por mucho que se torturen los datos, no es el campo de ruina y desolación que nos cuentan las derechas. Otra cosa es cómo lo percibe cada ciudadano.

La economía española, por mucho que se torturen los datos, no es el campo de ruina y desolación que nos cuentan las derechas

Hace un par de días contesté a una encuesta de la que, entre otras, me hacían estas dos preguntas. Me preguntaban en primer lugar si mi economía estaba mejor, igual o peor que el pasado año. A renglón seguido preguntaban cómo creía que estaba la economía en general. Es evidente que mi respuesta a la primera pregunta está basada en la evidencia de cómo han evolucionado mis ingresos y mis gastos. Es decir, mi respuesta estuvo basada en mi experiencia diaria. Pero la respuesta a la segunda pregunta se basó en lo que leo, escucho o veo en los medios que me merecen confianza.

En EE UU, donde se hacen serios estudios de esta naturaleza desde hace muchos años, se da la paradoja de que algo así como las tres cuartas partes de los encuestados opinan que su economía en particular va mejor, pero más de la mitad asegura que la economía en general va peor. La Reserva Federal dice que la economía norteamericana “está fuerte”. Es decir, en la opinión pública influyen más los medios de comunicación y los líderes de los que cada cual se fía que la opinión experta de la máxima autoridad en la materia. La “realidad alternativa” gana por goleada a la realidad. Hace ya mucho tiempo que llegué a la conclusión de que la izquierda gestiona la economía mejor que la derecha. Me baso para ello en comparar la gestión de Rajoy de la crisis financiera con la gestión de Sánchez de la crisis del COVID. Ahora bien, la derecha es mucho mejor que la izquierda vendiendo el producto contrario. Gestionan peor pero su propaganda es mucho mejor. Y esto plantea un problema de comunicación del gobierno.

Es importante que el Gobierno y los partidos que lo apoyan hagan todo lo posible por contestar los cuentos de la derecha, contrastándolos con los datos. Pero me parece que esa batalla no se gana con eslóganes como el de que “la economía va como un cohete” porque hay colectivos a los que les ha ido mal y estos se sentirán ofendidos, sobre todo si se comparan con sectores, como la banca, que realmente sí que van como cohetes. Creo que, además de hablar de las cuentas públicas y de las macromagnitudes, hay que descender a algunas cuestiones que tienen que ver con la vida diaria de la gente.

Hemos vivido un episodio de inflación desatado por el alza del precio de la energía y la desarticulación de las cadenas de suministros que ha creado escasez artificialmente. Desde un punto de vista macroeconómico, se ha conseguido contener la inflación sin que la economía entre en recesión. Ha sido un gran éxito. Pero al ciudadano que ha visto que su salario crece menos que la inflación y, además, el precio del alquiler sube muy por encima de la inflación, hablarle de un gran éxito en la gestión de la economía le puede sonar muy mal. Me parece que habría que pensar en esos ciudadanos para matizar el éxito económico y sobre todo para señalar qué hay que hacer y qué puede pasar.

Además de hablar de las cuentas públicas y de las macromagnitudes, hay que descender a algunas cuestiones que tienen que ver con la vida diaria de la gente

Revalorizar las pensiones con el IPC ha permitido que el colectivo de pensionistas hayamos atravesado el período de alta inflación sin perder poder adquisitivo. Aquí convendría recordar que el PP votó en contra de esta revalorización, es decir con el PP gobernando, hubiésemos perdido mucho poder de compra. Creo que el experimento Milei en Argentina nos ilustra de lo que pueden ser las políticas ultraliberales. En los seis primeros meses de gobierno Milei, los pensionistas argentinos han perdido más o menos un 40 %. Cuadrar las cuentas haciendo que los pensionistas pierdan la mitad de la pensión es, parece, una de las recetas ultraliberales que están cobrando fuerza en Europa. 

Los perceptores de salario mínimo también han pasado el trienio inflacionario sin pérdida de poder adquisitivo. Otra medida a la que se opuso el PP. Sin embargo, parece bastante claro que hay colectivos de trabajadores que en los tres últimos años han perdido poder adquisitivo. Si, además se ha producido un pico en el precio de los alquileres y en el de la vivienda nueva, hay que acompañar el discurso económico con un reconocimiento de que, en medio de la buena gestión de la economía, tenemos dos problemas a resolver: los salarios y la vivienda. Nada menos.

Aquí hay dos matices. Recuperar poder adquisitivo depende de los sindicatos. El gobierno puede actuar sobre el salario mínimo, en la negociación colectiva de los funcionarios y poco más. El resto es cosa de los sindicatos y la patronal. Hay que animarles a que se pongan a ello. Me parece que en la coyuntura que atravesamos es más prioritario subir los salarios que reducir la jornada laboral. Aquí también cabe remitirse a la ultraderecha en acción. La devaluación salarial en Argentina es brutal. Es este otro de los ajustes aplaudidos por sus correligionarios españoles. 

Finalmente, en materia de vivienda son las Comunidades Autónomas y los ayuntamientos quienes tienen las competencias. El gobierno sólo puede actuar en concertación con los ayuntamientos y Comunidades Autónomas que lo deseen. Pero hay que hacerlo. También aquí, un matiz. Puede que me equivoque, pero me parece que topar los alquileres por sí solo no va a arreglar el problema. En todo caso, deberíamos observar los efectos que está teniendo en Cataluña esta medida. Me parece que desde los poderes públicos hay que procurar aumentar la oferta más que regular el mercado.

¿Cómo va la economía?