jueves. 04.06.2026
ANÁLISIS GEOPOLÍTICO

Ursula von der Leyen: la quinta columna de la UE

Lo que está expresando es una incompatibilidad con el concepto mismo de Europa. Por lo que debe ser reprobada para el cargo
Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea
Ursula von der Leyen | Presidenta de la Comisión Europea

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Europa ya no puede ser la guardiana del viejo orden mundial, de un mundo que ha desaparecido”. Con esa afirmación contra natura, Von der Leyen se convierte en un martillo pilón en contra de los fundamentos de la Unión Europea, que están muy claros en el Tratado de la Unión. Y niega la vigencia de los principios de la Carta de Naciones Unidas, y la misma Declaración de los Derechos del Hombre, proclamada por la Asamblea General de Naciones Unidas el 10 de diciembre de 1948.

Tranquiliza que el presidente Costa haya reaccionado con rapidez, saliendo al paso de las torpes o malintencionadas declaraciones de Von der Leyen

Von der Leyen —excediendo sus competencias como presidenta de la Comisión Europea— se enfrenta a la naturaleza misma de la Unión, atropella las competencias del Consejo de la Unión Europea y del Parlamento Europeo, y de los propios Estados miembros de la Unión. Su propio lenguaje, determinando que el orden mundial, por el que se han venido rigiendo las relaciones internacionales, es un “viejo orden”, marca una posición rupturista que hacen imposible que —de no cambiar— siga al frente de la Comisión, que constituye el aparato gestor de la propia Unión Europea que ella misma está negando.

Su afirmación derrotista puede ser fruto de su propia perplejidad e impotencia: se ha quedado sin ideas y sin alternativas para hacer frente al anarcoliberalismo ultra de Trump. Y en ese caso no dejaría otra opción que resulte declarada incapacitada para desempeñar las tareas que tiene encomendadas.

Si no es eso, lo que está expresando es una incompatibilidad con el concepto mismo de Europa. Por lo que debe ser reprobada para el cargo.

Lo que hemos de preguntarnos es por cuenta de quién está declarándose o inhábil o en rebeldía frente al Tratado de la Unión. A simple vista, todo parece indicar que se ha convertido a ese conglomerado confuso de sectarismo religioso retrógrado y de nacionalismo insolidario y ultraliberal, que comenzó hace casi tres décadas con el “Tea Party” para culminar con la deriva destructiva y desordenada de Trump. Pero podría representar el síntoma de algún germen euroescéptico que pretende devolver Europa a un pasado disgregante, que la haga desistir de convertirse en una potencia con personalidad, intereses y palabra propias en el concierto internacional.

¿Tal vez está expresando la ideología de fondo que puede estar apuntando en la Alemania de Merz y de Weber? Es cierto lo que dice Teresa Ribera que abrir ahora el debate que parece querer abrir Von der Leyen es peligroso. Sin embargo, abrir el debate de cómo ha de consolidarse el Tratado de la Unión y sus principios fundamentales, en línea con la Carta de las Naciones Unidas y con la Declaración de Derechos del Hombre, sí debe ser un debate que aclare los caminos de Europa para convertirse en una potencia unida y con una sola personalidad. Saliendo al paso de las iniciativas diletantes del individualismo de Macron, de la pasiva connivencia de Merz (por cierto: ¿dónde está la socialdemocracia alemana, que con su silencio se hace cómplice de la sumisión de Merz a Trump y al sionismo de Netanyahu?), o de las resistencias ultra de Orbán.

La configuración de la Unión Europea como potencia en el contexto internacional no puede estar contrapesada continuamente con la competencia interna de una Europa o una Alemania que pugnan por seguir siendo potencias desligadas de Europa; y a veces quizá contra Europa.

Tranquiliza que el presidente Costa del Consejo de la Unión Europea haya reaccionado con rapidez, saliendo al paso de las torpes o malintencionadas declaraciones de von der Leyen, y que la vicepresidenta de la Comisión, Teresa Ribera, haya también declarado que el debate que pretende la presidenta es peligroso. Pero hemos de aclarar nuestra postura con urgencia, en un mundo que no ha desaparecido —en contra de las pretensiones de von der Leyen—, sino que debe afrontar con gallardía los intentos de Trump o de Putin por hacerlo desaparecer.

Ursula von der Leyen: la quinta columna de la UE