viernes. 23.02.2024

Asistimos en nuestro país y en nuestra sociedad a una carrera silenciosa por convertir el Derecho, las Leyes y la Justicia en la única forma, excluyente, de resolver todos los conflictos humanos, sean estos de dimensión personal, familiar, vecinal, política, institucional, etc. Silenciosa porque no se explicita así.

Pero el Derecho no sólo interviene en la resolución de los conflictos personales, sino que tiene como objeto político y sociológico conformar las relaciones, estableciendo reglas en el conjunto de la sociedad y es evidente para todos que recorre y construye todos los planos disciplinares e institucionales. Hay un Derecho para cada tema, encauzando la solución de cada problemática hasta sus recovecos más simples o íntimos. Se trata de ahormar la vida personal y social a los intereses del poder.

Hoy vivimos un período en el que nos excedemos en la utilización, y exageramos la función, de las Leyes, la Justicia, el Derecho

Hoy vivimos un período en el que nos excedemos en la utilización, y exageramos la función, de las Leyes, la Justicia, el Derecho y descargamos en los Jueces, los Abogados, los Fiscales y los Órganos Judiciales la solución de todos los problemas, descargándonos, en gran parte, de nuestras responsabilidades y de nuestra intervención protagonista en muchos conflictos que tendrían una solución más sencilla y consensuada para las partes. La mediación ha conseguido cierto alcance en algunos países, para superar las soluciones más coactivas que implica la justicia tradicional, pero siempre bajo la égida del Derecho y siempre que éste se ve desbordado en su afán acaparador. A mi parecer, el problema de fondo sigue vivo. 

Porque el problema de fondo es un problema de poder. Al poder hegemónico en cualquier momento concreto le interesa investirse de potestas, en este caso coactiva; y las leyes, el derecho, los jueces, los fiscales y todo su solemne aparato son el instrumento de legitimación más poderoso desde la argumentación jurídica. El Derecho le reviste, en parte, de auctoritas. Hay referencias a la ciencia del Derecho, comparándolo con las ciencias positivas.

El Derecho se construye para ser la superestructura que soporta ideológica y funcionalmente la aplicación y defensa de los intereses concretos de, en la fase actual, la gran burguesía financiera global. Lo siguiente que hace un poder cuando obtiene la victoria es establecer sus propias Leyes y derogar las de los vencidos. La victoria de la naciente burguesía industrial en el XIX sustituyó el Derecho nobiliario medieval, incluyendo su terminología y lenguaje (García de Enterría).

El Derecho sirve a las burguesías para mantenerse en el poder y tratar de resolver sus conflictos defendiendo siempre su posición hegemónica

Es evidente que, dada la complejidad de la sociedad actual, la cosa es más compleja. Los intereses de la gran burguesía entran en conflicto entre sí y con otros sectores de las burguesías nacionales y locales frecuentemente. Las Grandes Guerras de los últimos siglos y muchas de las actuales son la consecuencia de esos conflictos de intereses en el seno de la burguesía como clase. El Derecho Internacional, las Organizaciones de Comercio Internacional, la ONU, el Derecho Marítimo, las Organizaciones Militares como la OTAN y tantas otras, conforman las instituciones de las que se dota la propia burguesía global para resolver sus conflictos.

Por tanto, el Derecho sirve a las burguesías para mantenerse en el poder y tratar de resolver sus conflictos defendiendo siempre su posición hegemónica y es la última ratio antes de recurrir a la fuerza, aunque la Justicia utiliza ya la fuerza coactiva y física como instrumento del poder hegemónico.

El análisis de la función del Derecho franquista, que tenemos tan cerca, nos sirve perfectamente para entender lo escrito hasta ahora.

Cuando su propio Derecho no les da la razón se recurre a destrozar ordenadores a martillazos. Lo cual denota su carácter puramente instrumental para el poder establecido. 

Asistimos a una hipertrofia del Derecho que, en una huida hacia lo desconocido, pretende abarcar todo lo humano y reglamentar hasta las relaciones en el dormitorio. Algo que ya promovió el liberal Reagan.

Que no nos vengan con tantas togas, pelucas y solemnidades y atiendan más a la Filosofía de los Derechos Humanos

Para todo ello cuentan con la inestimable ayuda de algunos poderosos medios de comunicación, que también viven del aparato Judicial y se retroalimentan con él.

Además, entorno a esa construcción, existe posiblemente la mayor población de titulados universitarios de nuestro país con poderosos despachos que defienden a las fortunas más potentes, en contra de los intereses ciudadanos y de nuestra Patria. Y en el escenario político la mayoría de nuestros Diputados y Senadores son excelsos juristas y tribunos, que calientan banquillo, en defensa de sus patrocinadores a los que anegan de beneficios legislativos.

Que las normas de Convivencia son importantes para regular las relaciones de los ciudadanos entre sí, con las empresas y con las instituciones, nadie lo duda. Sobre todo para defender, por la mera asimetría de la vida actual, La Ley del más débil (Ferrajoli).

Pero sucede lo contrario. Recordemos que Hacienda no somos todos. Como en el Derecho Medieval.

Por lo demás, que no nos vengan con tantas togas, pelucas y solemnidades y atiendan más a la Filosofía de los Derechos Humanos. Centrémonos en el Objeto del Derecho y eliminemos el colesterol malo de las arterias del sistema haciéndolo más eficaz para los ciudadanos.

Filosofía del Derecho vs hiperjuridificación social y política